Con la devaluación, todos los productos pasaron a costar su valor dólar en pesos. Luego, lentamente, fueron perdiendo impulso, hasta llegar a valores razonables después del «colchón inicial». No es el caso del papel, que mantiene su valor -aun hoy-, a precios internacionales. Lo que es peor, no existe en el mercado argentino manera de financiar este costo. Los mejor parados consiguen un plazo, como máximo de treinta días. Lo que dificulta la operatoria y hace más difícil la producción. Otra: hasta 2002, las editoriales descontaban el costo del papel de Ganancias; ya no lo pueden hacer más.
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La realidad marca que el papel -que cotiza el triple que antes de la devaluación- es el insumo más preciado y difícil en la industria editorial, aunque casi el total se compra en la Argentina. Informate más
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