5 de septiembre 2008 - 00:00
Asia, la nueva aventura del matrimonio argentino que llegó a Alaska en auto
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día decidió atrapar su sueño: viajar.
"En el coche no hay teléfono, internet, hipotecas ni impuestos", defienden, y recuerdan que durante su primer viaje además contaron con la generosidad de los amigos que hicieron por el camino.
Pero, aunque sean pocos, los gastos hay que asumirlos, y más con tres niños y un cuarto en camino que nacerá "donde nos haya llevado nuestra aventura cuando llegue el momento", explican.
La mayoría de los costes del viaje son sufragados por las ventas -35.000 ejemplares hasta ahora- del libro que escribieron sobre su recorrido Buenos Aires-Alaska, titulado "Atrapa tu sueño".
En él relatan que el primer día de viaje ya tuvieron que pasar por un taller mecánico, se quedaron sin dinero en Ecuador y aún así decidieron continuar. Y en medio del recorrido, el nacimiento de su primogénito en California (Estados Unidos).
Cuenta también cómo sobrevivieron vendiendo pinturas realizadas por Candelaria y enmarcadas por Herman, construyeron una balsa de troncos para navegar por el Amazonas con su inseparable coche y recibieron ayuda de gentes de todos los lugares para continuar con su sueño.
Ahora, para conquistar Asia con la familia ampliada, los Zapp han hecho pequeñas modificaciones a "Macondo Cambalache" para vivir cómodos los tres años de aventura que les esperan.
El coche ha sido alargado 40 centímetros para tener un pequeño mueble de cocina y un baño químico y le han adaptado, además, un techo rígido donde duermen y juegan los niños y un viejo baúl en la parte trasera para guardar ropa.
Con este "nuevo modelo" y el barco -probablemente un viejo pesquero abandonado- que comprarán en Estados Unidos en los próximos días piensan recorrer Sri Lanka, India, Nepal, Bután, Laos, China, Vietnam, Camboya, Malasia, Indonesia, Tailandia, Filipinas y Japón.
"Seguimos teniendo muchas dudas, en este nuevo continente además no conocemos los idiomas ni la idiosincrasia", explica Candelaria.
Sus hijos son aún pequeños y disfrutan de los viajes, asegura, y antes de llegar a un destino sólo preguntan a en qué idioma hablarán y si habrá niños que jueguen a la pelota.
Pampa, el mayor, con 6 años, estudia gracias a un programa de internet y a la ayuda de sus padres, que pretenden que se incorpore a la escuela cuando vuelvan del viaje.
Para entonces, estos tres niños trotamundos y el cuarto que llegará el año próximo habrán visto más países y habrán vivido más experiencias que la mayoría de los adultos que conocerán, cumpliendo así el sueño de sus padres, que acabará dentro de muchos años, después de haber recorrido África y Europa.
"Europa será el postre porque es un continente más cómodo, para recorrer cuando estemos más viejitos", explica esta pareja dispuesta a perseguir su sueño por todo el mundo.



