El vicepresidente Daniel Scioli y el resto de la comitiva que lo acompañaba subieron presurosamente las escaleras que separaban la primera fila de plateas y el escenario donde se ofició la ceremonia religiosa para saludar efusivamente a Tarcisio Bertone, el delegado del papa Benedicto XVI que beatificó a Ceferino Namuncurá. Junto a él, también lo hicieron su esposa Karina Rabolini y la conductora televisiva Teté Coustarot, oriunda de General Roca y ayer acompañando al mandatario rionegrino, Miguel Saiz. El electo gobernador de Buenos Aires llegó en avión hasta la localidad de Choele Choel, a unos 50 kilómetros del lugar de la celebración religiosa, y desde allí se trasladó en helicóptero. Lo mismo hicieron las delegaciones de Río Negro y Neuquén.
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Pese a la tremenda multitud no se registraron incidentes o accidentes graves. Sólo algunos desmayados por la espera, ya que muchos fieles se encontraban acampando en el lugar desde la noche del viernes. Unos 500 policías de Río Negro -efectivos de comisarías y de la fuerza especial Bora- custodiaron toda la ceremonia y dieron seguridad a Bertone, Scioli y demás altas autoridades y dignatarios eclesiásticos. Al delegado papal lo acompañaron en todo momento -menos en la celebración de la misa- dos fornidos sacerdotes. Como dato colorido de una fiesta religiosa donde se mezcló lo espiritual, con llamativas banderas e imágenes, y lo comercial, se contaron los 250 puestos de vendedores ambulantes que llegaron desde todo el país, incluso desde el Uruguay.
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En materia de mercadeo la figura de Ceferino da para todo: almanaques, banderas, gorros, ceniceros, banderines, libros y discos; los puesteros fijos y vendedores ambulantes fueron variando los precios a medida que la jornada avanzaba y la expectativa disminuía. Por ejemplo, una bandera de un metro por 70 centímetros, con la imagen del indiecito mapuche, se cotizaba a tres pesos a las 9 de la mañana, cuando la gente ingresaba en grupos numerosos; pero a las dos de la tarde, cuando empezó el éxodo, el mismo artículo se ofertaba «a dos por cinco pesos».
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Ceferino Namuncurá fue siempre un auténtico mapuche y por eso su fuerte presencia en la religiosidad de ese pueblo aborigen. Hijo de Manuel Namuncurá y de Rosario Burgos -una joven mestiza raptada por un malón en el pueblo de Lonquimay-, nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay. Ceferino fue nieto de Calfucurá, legendario cacique y jefe de la poderosa Confederación Mapuche que llegó a controlar toda la Patagonia y la pampa, y que dirigió la resistencia durante la Conquista del Desierto. Namuncurá quería ser sacerdote, pero debilitado en su salud por una tuberculosis viajó a Roma, donde no pudo superar la enfermedad y murió el 11 de mayo de 1905.
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