7 edificios emblemáticos de Buenos Aires que esconden historias y misterios

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Buenos Aires es una de las ciudades más eclécticas y cautivadoras de América, fiel reflejo del crisol de procedencias quienes llegaron desde lejos para habitar "el nuevo mundo".

En la identidad visual porteña, se entremezclan influencias extranjeras y tradiciones locales que conforman una apasionante mezcla. Matices e influencias de todos los lugares del mundo que se plasman en su arquitectura y que nos sorprenden cuando recorremos las calles porteñas. Muchas veces, porque están siempre ahí, no les prestamos atención, pero acá te los mostramos para que los conozcas y aprecies.

El Castillo de La Boca

(Benito Pérez Galdós, Wenceslao Villafañe y Avenida Almirante Brown, La Boca)

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Ubicado en una esquina de tres calles, es imposible pasar por allí y no verlo por su disposición, belleza arquitectónica y su imponente torre, la que le dio origen a la leyenda urbana que lo envuelve.

A principios del siglo pasado, María Luisa Auvert Aurnaud -una poderosa estanciera multimillonaria- le encargó al arquitecto catalán Guillermo Álvarez la construcción del edificio de departamentos en el que primero vivió y luego dejó para ponerlo en alquiler.

En la torre vivía y tenía su taller Clementina, una artista plástica. En una ocasión, un periodista fue a entrevistarla y tomó algunas fotos de sus obras: cuando reveló las fotos encontró figuras de duendes emergiendo de los cuadros y entre los muebles.

Días después, los vecinos escucharon un disparo que provenía de la casa de la pintora pero cuando entraron al lugar no había rastros de ella: nunca más se supo nada de Clementina. Cuentan que todavía hoy en el edificio se escuchan gritos, y cada tanto algún objeto desaparece y aparece en otro lugar…

El palacio los bichos

(Campana y Simbrón, Villa del Parque)

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Este llamativo palacio guarda una trágica historia de amor. Construido por el ingeniero Muñoz González a principios del siglo XX, es una construcción de cinco pisos, rematada con torreón y cúpula.

Originalmente estaba decorada con gran cantidad de estatuas semejantes a gárgolas, relieves y representaciones de animales (que luego fueron retiradas) y de ahí viene su apodo.

Cuenta la leyenda que un aristócrata italiano de apellido Giordano construyó este castillo como regalo para su única hija, Lucía, que estaba por casarse con Ángel Lemos, un jóven violinista que había conocido en el conservatorio de música.

Llegó el día de la boda y la fiesta se realizó en el palacio, pero cuando los novios se iban en un coche a caballos y los invitados los saludaban desde los balcones, un tren de carga que llegaba a la estación sin luces los atropelló y murieron en el acto.

Hoy, los vecinos de Villa del Parque afirman que los fantasmas rondan la zona y que incluso se escuchan gritos y música de bailes espectrales.

Casa de los leones o Mansión Díaz Vélez

(Montes de Oca 100, Barracas)

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Esta casona perteneció a Eustaquio Díaz Vélez, un terrateniente muy importante en Buenos Aires a fines del siglo XIX, tan apasionado por los leones que hizo traer tres ejemplares desde África para tenerlos como mascotas.

La leyenda dice que el día del casamiento de su hija, mientras transcurrían los festejos, uno de los leones se escapó de la jaula, atacó al novio y lo mató. La joven viuda no pudo soportar el dolor y se suicidó al poco tiempo.

Díaz Vélez, deprimido y solo, vendió los leones pero, curiosamente, mandó a construir estatuas de estos animales que aún hoy decoran la mansión. Entre ellas, una de un león atacando a un hombre. Dicen que los fantasmas de la pareja permanecen en el lugar, penando por su injusta muerte. Actualmente, este edificio es sede de la Fundación VITRA.

Iglesia de Santa Felicitas

(Isabel la Católica 520, Barracas)

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Este edificio se origina tras una historia de amor, tragedia y muerte, con todos los condimentos de una novela. Fue construida en honor a Felicitas Guerrero, quien a mediados del siglo XIX y con 15 años, se casó obligadamente con Martín de Álzaga, un señor mayor con una gran fortuna.

A los 26 años, Felicitas había enviudado y heredado una fortuna que, sumada a su belleza, atrajo a más de un pretendiente. Uno era Enrique Ocampo, al que Felicitas rechazó porque su corazón había elegido al estanciero Samuel Sáenz Valiente. Ocampo, despechado y furioso por no haber sido correspondido, asesinó a Felicitas de dos balazos el 30 de enero de 1872 y luego se suicidó.

Cuentan en el barrio que quien toca las rejas que protegen la Iglesia encuentra el amor de su vida o no lo pierde, si es que ya lo tiene a su lado. Por eso faltan varios partes de hierro y hay extremos doblados por quienes quisieron llevarse consigo algún trozo. Cada 30 de enero, las rejas se llenan de pañuelos rojos y blancos, como señal de promesas de amor. Si al otro día los pañuelos están mojados, significa que se habrán secado las lágrimas y el deseo de que perdure ese amor se cumplirá.

La leyenda, además, habla de un fantasma (el de Felicitas) que aparece esa noche con un vestido blanco y llora de dolor…

El chalet de Muebles Díaz

(Sarmiento 1113, San Nicolás)

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Este chalet, construido en la azotea de un edificio y a metros del Obelisco, es una de las construcciones más curiosas de la ciudad. Su origen se remonta a 1927, una década antes de que fuera construido el icónico Obelisco porteño.

La estructura de la casa es bien simple: dos pisos, un altillo y techo a dos aguas. El inmigrante español Rafael Díaz, dueño del edificio de diez pisos sobre el que se emplazó el chalet, quería almorzar y descansar durante los mediodías en un ambiente “de hogar”, sin tener que regresar hasta su casa, a unos cuantos kilómetros. Así fue que ideó y encargó la construcción de este particular chalet de estilo normando sobre la terraza de su edificio.

Palacio Barolo

(Avenida de Mayo 1370, Monserrat)

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Este edificio, el más alto de Sudamérica en su época, fue construido en 1919 por el empresario Luis Barolo y el arquitecto Mario Palanti Este, y representa a la Divina Comedia, de Dante Alighieri.

Está compuesto por un imponente pasaje con seis bóvedas de crucería, un grandioso hall con ascensores en clave futurista, usina propia con amplios depósitos subterráneos y una mansarda de tres niveles, desde donde se eleva la corpulenta torre con balcones semicirculares, arcos apuntados y pequeños torreones. Esta torre tiene por remate una gran cúpula sobre la cual se instaló un potente faro giratorio, que es uno de los mejores miradores de la ciudad.

Como la obra de Alighieri, la planta baja representa al infierno, los primeros 14 pisos al purgatorio, los pisos siguientes son el paraíso, y el faro representa a Dios. 100 son los cantos de la obra de Dante Alighieri y 100 metros es la altura del edificio; 22 estrofas posee el poema y 22 pisos son los que posee el edificio; los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente y 22 módulos de oficinas por bloque. La cúpula está inspirada en un templo Hindú y es el emblema de la unión tántrica de Dante con Beatrice, la protagonista de la obra.

El sueño de Barolo y Palanti Este era traer las cenizas de Dante Alighieri al edificio que iba a funcionar como mausoleo, pero ese sueño nunca se cumplió. Hoy se puede recorrer en visitas guiadas.

La Abadía

(Gorostiaga y Luis María Campos, Belgrano)

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Para los vecinos del barrio, esta esquina fue sinónimo de misterio hasta hace un par de años. Hasta la década del ‘70 fue residencia de los monjes benedictinos, que la dejaron buscando un lugar más calmo.

Desde ese entonces permaneció cerrado, lo que agrandó el halo de secretismo y la curiosidad de los que pasaban por la esquina y veían un edificio abandonado, sobre el que se tejieron mil secretos y leyendas.

Esta joya arquitectónica se empezó a construir a principios del siglo XX y todavía tiene partes inconclusas. Actualmente, y tras de cuatro décadas de abandono, funciona allí un centro de arte al que se puede ingresar para recorrer este predio que supo ser un oasis de espiritualidad, paz y silencio en medio de uno de los barrios más urbanos de la ciudad.

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