6 de diciembre 2005 - 00:00

Captor de Eichmann reveló por qué no era la presa elegida

La captura en Villa Ballester de Adolf Eichmann sigue despertando la imaginación de novelistas, cineastas e investigadores. Entre las pocas personas que saben toda la verdad sobre esa operación del Mossad se cuenta Raphael Eitan, que fue jefe operativo de ese servicio secreto israelí. En este reportaje que publica el semanario español «Alba», hecho por los periodistas Gonzalo Altozano y Miguel Gil, Eitan explica por qué fue Eichmann y no otro el elegido, sus relaciones personales y profesionales con un alto oficial nazi y desmitifica algo el seudorromanticismo del espionaje.

Adolf Eichmann
Adolf Eichmann
Periodista: Recientemente, se ha celebrado el 60° aniversario de los juicios de Nüremberg. ¿Fue la operación de secuestro del jerarca nazi Adolf Eichmann, comandada por usted, una continuación de estos juicios?

Raphael Eitan: Antes que nada, nosotros no secuestramos a Eichmann en la Argentina; lo capturamos. Cuando el primer ministro de Israel, David Ben Gurion, nos encomendó la misión, no nos dio un nombre concreto. La idea era capturar a uno de los responsables del Holocausto y llevarlo a Israel para que fuera juzgado. Así, el mundo conocería la tragedia de los campos de exterminio nazis. Manejábamos varios nombres: Martin Bormann, secretario de Hitler, del que después de la entrada de los aliados en Berlín nunca más se supo; el doctor Mengele, también desaparecido después de la guerra, y cuyo cuerpo sin vida apareció años después en Brasil; Müller, oficial de las SS también desaparecido; y Adolf Eichmann. Fue éste el primero del que tuvimos noticia. Tras capturarlo, llevarlo a Israel y ser juzgado, consideramos que la misión estaba cumplida. Cuando, después de Eichmann, teníamos noticia de un nazi, nos poníamos en contacto con las autoridades del país y les pedíamos que tomaran medidas contra él.


P.:
¿Es ésa la razón por la que nazis como Otto Skorzeny llevaron una vida normal después de la guerra?

R.E.: El de Skorzeny es un caso distinto del de Eichmann. Skorzeny no estuvo implicado en el asesinato masivo de judíos, gitanos o polacos. Por tanto, nunca quisimos capturarle. Skorzeny fue un militar. Además, en cierto modo, Skorzeny nos fue útil.


• Ayuda

P.: ¿Qué quiere decir?

R.E.: En los sesenta nos llegó una información de unos nazis alemanes en Egipto que estaban colaborando con el ejército egipcio en la fabricación de misiles. Algunos de estos hombres habían estado bajo las órdenes de Skorzeny durante la guerra. Así que contactamos con él para que nos ayudara, y puedo decir que lo hizo durante un par de años. Yo mismo me entrevisté una vez con él, en Madrid. El liberó a Mussolini del Gran Sasso, y yo capturé a Eichmann en la Argentina, así que intercambiamos tácticas de comando. Fue, para mí, una gran experiencia. Pero nunca fue un verdadero agente del Mossad, sí un colaborador.

P.: ¿Se fiaban los servicios secretos israelíes de un oficial del ejército nazi?

R.E.: Antes de contactar a Skorzeny, algunos de mis hombres tuvieron dudas. Yo los convencí diciendo que no me cabía duda de que Skorzeny colaboraría con nosotros a cambio de que le dejáramos en paz.


P.:
Tras los atentados del 11-M, se comentó la posibilidad de que en la preparación de los mismos participasen servicios secretos extranjeros. Usted fue jefe de operaciones del Mossad durante treinta años. ¿Cree capaz a algún servicio de espionaje de organizar una masacre así y atribuírsela a terroristas?

R.E.: Como bien saben, soy un hombre de negocios, retirado del espionaje hace años. Todo lo que sé del 11-M lo sé por los periódicos. Mis noticias son que fue cosa de terroristas marroquíes relacionados con Al-Qaeda. El objetivo de Al-Qaeda es sembrar el caos, ya sea en Madrid, en Londres o en Rabat. Si analizamos cómo trabajan los fundamentalistas islámicos, llegamos a la conclusión de que Al-Qaeda se organiza en multitud de células autónomas. Cada cierto tiempo, la cúpula sale en una televisión árabe, lanza un mensaje y eso basta para que cada célula decida qué pasos ha de dar. Los atentados de Madrid fueron para sacar a las tropas españolas de Irak. Y lo consiguieron, lo que no significa que Al-Qaeda no vuelva a actuar en Madrid. De lo que sí estoy convencido es de que no hubo una conexión real entre Bin Laden y los terroristas.


P.:
Pero ¿pudieron participar servicios secretos extranjeros?

R.E.: ¿Con qué fin?

P.: Con el de cambiar un gobierno.

R.E.: No los servicios de inteligencia de un Estado democrático. Les diré algo: hoy, en las democracias occidentales, no hay secretos. Todo lo que se hace en las, llamémoslas así, tinieblas termina, tarde o temprano, saliendo a la luz. Por eso, ningún gobierno puede actuar al margen de la ley sin correr ese riesgo. Basta con que alguien con ganas de hablar acuda con una historia a un periodista. Ahí está el caso Watergate. Hablo de gobiernos democráticos, no de Corea del Norte o de Irán.


P.:
¿Son estos dos países una amenaza para Occidente?

R.E.: Corea del Norte no, por sus vecinos. Por un lado, tiene a China, que por intereses comerciales necesita de Occidente. Luego están Japón y Corea del Sur. En mi opinión, tarde o temprano, la situación geopolítica terminará obligando a Corea del Norte a someterse a las leyes internacionales. Irán es diferente, pues está gobernado por fundamentalistas. No obstante, tengo amigos en Irán que me dicen que las jóvenes generaciones no están por el fundamentalismo y que, en un plazo de diez años, terminarán desbancándolo. Pero, claro, puede pasar que, de aquí a diez años, Irán desarrolle programas de armamento nuclear que caigan en manos de Al-Qaeda.


• Solución

P.: ¿Qué opinión le merece la retirada de Gaza y Cisjordania?

R.E.: En un futuro cercano, es imposible llegar a cualquier tipo de acuerdo entre israelíes y palestinos, pero no porque nos opongamos nosotros, sino por ellos. Por tanto, la única solución es la separación. De esta forma, los territorios poblados mayoritariamente por israelíes serían para nosotros, y los que lo sean por los palestinos,para ellos. Deberíamos conservar,claro, algunos enclaves estratégicos,como el valle del Jordán. Luego, construir una muralla como la china. Y que los palestinos hagan lo que quieran. Por mí, como si se quieren ir al infierno.


• Espía

P.: Ha dicho que es un hombre de negocios, retirado del servicio activo. ¿Deja un espía alguna vez de ser espía, más cuando se han tenido tan altas responsabilidades?

R.E.: Hace unas semanas, en Rusia, agentes de la FSB (antes KGB) me preguntaron lo mismo. «¿Cómo puede decir que ya no es espía? ¡Un espía siempre es un espía!». Depende. Hace poco participé en un ciclo de conferencias sobre antiterrorismo en la India. Quiero decir con esto que sigo vinculado a los servicios secretos de forma académica, pero no operativa. Tengan en cuenta mi edad: tengo 79 años.


P.:
¿No son los códigos deontológicos un obstáculo para el trabajo de los espías?

R.E.: No les quepa duda. Pero mírenlo de esta forma: imaginen que soy el jefe de unos servicios secretos y que llevo a cabo una operación que beneficia al partido del gobierno y perjudica al de la oposición. Al cabo de unos años, cuando el partido de la oposición llegue al gobierno y el del gobierno vuelva a la oposición, el primero tomará medidas contra mí. Puedo decirle que, al menos en Israel, ningún acto de espionaje, militar o de gobierno, queda fuera de la acción de los tribunales.


P.:
¿Les da alguna credibilidad a las teorías de la conspiración que hablan de gobiernos en la sombra tutelados por el club Bildelberg o la masonería?

R.E.: Nunca he tenido relación con esas sociedades. Pero yo hablo de gobiernos, y por lo que sé, esas sociedades son privadas.


P.:
¿Ha colaborado alguna vez con los servicios secretos españoles?

R.E.: No en los últimos cuarenta años. En cualquier caso, de haberlo hecho, no se lo diría, por la seguridad de su país y del mío.


P.:
¿Es el trabajo de espía tan romántico como lo pintan en las películas y en las novelas?

R.E.: Se viven situaciones de tensión, de riesgo, que no se viven en la vida civil. Lo cual no significa que la vida civil no tenga también su encanto.


P.:
¿Duerme bien por las noches o hay algún recuerdo que le quite el sueño?

R.E.: Duermo bien ahora y dormía bien hace treinta años, gracias.


P.:
¿Esa cicatriz en el labio se la hizo en alguna operación de comando?

R.E.: No, es el resultado de un accidente doméstico y de lo malo que era el cirujano plástico que me operó (ríe).

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