Llegado al país para una serie de conciertos en Buenos Aires -uno de ellos en el Teatro Colón-y en el interior, Joan Manuel Serrat habló ayer con periodistas que le pidieron, como es de rigor, definiciones políticas.
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Con miras a su inminente condecoración con la Orden de Comendador (que hará efectiva el lunes Rafael Bielsa), Serrat fue cauto en su evaluación del gobierno de Néstor Kirchner. Sabe que entre sus «fans» los hay de todas las ideologías y por eso moderó sus opiniones: «Yo había estado aquí hace dos años. En ese momento, la gente estaba como un boxeador en el round 14, tratando de parar los golpes por todos lados. Ahora, más que por lo poco que aún he podido ver por lo que sé a través de la prensa, existe una voluntad de recuperar la autoestima, de luchar contra la corrupción, de renovar los aparatos judicial y militar, de regenerar la educación y la salud. Desde ese punto de vista, abro una buena expectativa hacia el Presidente; creo que hay que dejarlo actuar y ver qué va pasando».
A la hora de definirse sobre la política antiinmigratoria de José María Aznar, dijo antes que nada que consideraba una «paradoja lo que sucede con los votantes españoles. Cuando sucedió la invasión de Estados Unidos a Irak, que recibió el apoyo del gobierno español, las manifestaciones fueron multitudinarias; y sin embargo, el Partido Popular volvió a ganar en la siguientes elecciones municipales. Quizá suceda algo parecido con el tema de la inmigración. Pero tengan por seguro que esta actitud hacia los ilegales -como se los llama en España-no es común a todo el pueblo; es sólo una parte, seguramente muchos de los que luego votan por el PP. Y deberían ser ellos los que respondan por esta actitud».
Sobre el tema de la deuda y las opiniones de su presidente al respecto, presente en los diarios de estos días, dijo que «los socios de Aznar son muy claros. Entonces, lo extraño hubiera sido que él opinara otra cosa. De todos modos, me parece importante decir que es cierto que España tiene que conservar su relación con la comunidad europea si es que quiere reafirmar ese destino; pero tampoco debería olvidarse de los lazos, mucho más antiguos y profundos, que la unen no sólo a la Argentina sino a toda América latina».
• Futuro
Pese a la sonrisa que no se le borró en los 90 minutos de charla con los periodistas, el cantante se volvió grave cuando habló del futuro. «Veo muy oscuro, tanto el presente como el futuro. Se gobierna a base de miedo. El poder siembra miedo en la gente para mantener sus privilegios. Cada vez se utiliza menos el diálogo y pareciera que las opiniones divergentes son muy peligrosas y deben ser condenadas. Ojalá la humanidad pueda retomar muy pronto el camino de la comunicaciónentre todos, el diálogo, la solidaridad.» El resto de la conferencia de prensa, realizada en un hotel cercano a la Casa de Gobierno, el diálogo circuló por muchos de los carriles conocidos. Obviamente, su admiración por las mujeres argentinas («como en todos los seres humanos, me interesan la transparencia y la inteligencia», piropeó elegantemente), los momentos de su inspiración («siempre es fruto del trabajo; jamás de la pereza»), y de su disco «Serrat sinfónico» que presentará aquí, acompañado por la Filarmónica de Buenos Aires. A la relación sentimental entre el príncipe Felipe y la plebeya Leticia Ortiz dedicó sólo un seco: «Sólo puedo decir que les deseo que sean felices».
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