Oficialmente, China permite, desde el 28 de diciembre, la entrada de capital extranjero en algunos de sus medios de comunicación. Los grupos mediáticos occidentales podrán participar ahora del inmenso mercado chino mediante la creación de empresas mixtas de producción de radio y TV.
Otra novedad: diarios extranjeros podrán ser impresos en China. Empresas como Sony, Disney, Viacom, News Corp (Murdoch), Warner y otras están en tratos para tomar posiciones dominantes en esas empresas mixtas.
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En el ámbito económico, la noticia puede resultar sumamente significativa. En los contenidos, podría ser totalmente intrascendente. La información es un elemento clave de la gobernabilidad de China, que por el momento se resuelve mediante un control sumamente estricto por parte del Estado.
Las nuevas empresas mixtas no han sido pensadas para abrir la puerta al tradicional enemigo, para cederle la propaganda, sino como estrategia para modernizar el sector medios interno y hacerlo competitivo internacionalmente. Con un control chino como mínimo de 51%, las nuevas empresas podrán producir dibujos animados, documentales y ficción, pero no noticias ni programas de actualidad. Dos terceras partes de la programación deberá estar «relacionada con China», y toda una categoría de medios, marcados de especial importancia nacional, quedarán fuera de la operación y no admitirán capital extranjero, según explicó un portavoz de la administración china de cine, radio y TV.
Respecto de los diarios extranjeros, podrán ser impresos en China, es decir dar trabajo a los chinos, pero su producción deberá ser exportada y su distribución continuará estando prohibida en el territorio nacional. «Imprimir en China y circular por China son cosas diferentes», aclaró el «China Daily-», con sorna. La circulación de medios de comunicación occidentales está en China limitada a los hoteles internacionales y aeropuertos, y la suscripción a diarios extranjeros está sometida a restricciones.
El Estado mantiene control, no siempre tan efectivo como se supone, sobre lo que se puede y no se puede decir en medios. El miedo de los periodistas -pueden ser severamente castigados si se salen de filatambién tiene su papel en el delicado equilibrio informativo imperante en el país. Las directivas del Ministerio de Propaganda o del Comité Central del Partido, prohibiendo temas, vetando autores u obras, tienen seguimiento efectivo en los medios más oficiales, pero desde hace algunos años las realidades del mercado, así como la opinión de periodistas y editores, imponen también su propia ley. Y en la red, la censura es tigre de papel: se habla y discute de todo, igual que en la universidad y en medios académicos, donde la libertad de pensamiento y expresión es muy amplia.
Sin tener nada que ver con la realidad que viven los medios de comunicación en los países desarrollados de Occidente, el panorama chino tampoco es comparable al de la URSS anterior a Mijail Gorbachov. No es sólo que China, pese a su férreo control, sea mucho más abierta informativamente, sino también que en ella la evolución es la línea oficial que se impone.
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