Cristina se resiste todavía al look varonil que impone Europa

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Corbatas y pantalones sastre en el vestidor de la dama, si son combinables, resultan algo más que sexy, al menos para muchos que así lo sienten cuando las féminas los imitan entremezclando el atuendo varonil con toques de rouge. Vuelve la moda «femme dandy», el contraste de vestimenta femenina con pañuelos en los bolsillos, blazers tipo smoking, corbatas y hasta sombreros masculinos. Todo un problema para la Presidente, que se viene destacando de sus pares de otras latitudes precisamente por no adoptar un look varonil. Pero la propuesta es otra: no se trata del trajecito y pelo corto de Michelle Bachelet o del escote cerrado de Hillary Clinton. Lo sabe Susana Ortiz, vestidora oficial de Cristina, quien inspirada en las propuestas de las casas europeas, hace dos semanas organizó un desfile con abundantes tonos sobrios, sacos rectos (como los de hombre) y pantalones pinzados, en la pasarela. Lo llevará, claro, al vestidor de Olivos.

La Presidente se esfuerza en el toque femenino y la diseñadora parece volcarla de a poco a la nueva tendencia. Tal vez la entusiasme al cambio saber que ya algunas celebridades de Hollywood, como Sienna Miller, Charlize Theron y Jessica Alba, se animaron al estilo, aumentando inclusive sus perfiles de femme fatal.

Hasta ahora, desde que asumió la presidencia, sólo se puso sacos de esos que resaltan el talle avispa y en pocas ocasiones deja las texturas menos brillosas por otras sobrias, como las que propone la nueva estética.

«Lo último de la moda es usar accesorios masculinos, que paradójicamente son los que mejor resaltan la sensualidad de la mujer. Los pantalones pinzados y corbatines le darían a Cristina una imagen ágil y sexy», dijo a este diario el estilista Rubén Orlando. El especialista opinó sobre el look de la Presidente, al que definió como « demasiado cargado y producido en exceso» y aseguró que «hoy rinde más la apariencia light, casual, sin tanto adorno. Ella es bella por naturaleza, no necesita llenarse de cosas para resaltar. La ropa debe acompañar la figura y el rostroy, a pesar de estar asesorada, Cristina no está en el camino correcto. Es extraño que aún no hayan depurado su imagen».

Esta semana volvió a los pantalones, después de todo, es una prenda cómoda que resguarda del frío mejor que cualquier par de medias de licra. Pero hubo otra novedad: se la vio con una figura más esbelta. Será porque se cuida comiendo sano y patina con rollers a diario por la quinta de Olivos, o quizá aportó algo la medicina para afinarle la cintura. Tal vez, los nervios que le generaron las interminables negociaciones con el campo o la renuncia de Lousteau le hayan cerrado el apetito. Como sea, el ajuste es necesario para los modelos invernales, cuyas texturas abrigadas y voluminosas dan al cuerpo un aspecto más robusto.

El miércoles, en Santa Cruz, eligió la paleta de los morados, un must que impuso Chanel, infaltable esta temporada. «La gama de los violetas volvió a usarse este otoño. Se trata de una paleta sofisticada, que a la Presidente le sienta realmente bien», acotó Rubén Orlando. Cristina se protegió de las bajas temperaturas con una pequeña sobrecapa de lana de tejido de punto, anclada sobre el abrigo con cintas y argollas metálicas, guantes de cuero violeta y un pañuelo de seda estampada en la garganta. Eso le dio un toque chic al conjunto de camisa lila, pantalón y chaqueta de lana en color uva. Tampoco faltaron los tacones altos y la cartera Hermès de cuero crocco a tono. «A pesar de que los protocolos internacionales de los modistos prefieran las faldas, a Cristina los pantalones le sientan mejor», opinó Orlando.

  • Contraste

    El martes, contraste: falda de tafeta dorada semiplisada con jersey negro de cuello cerrado, cinturón ancho de cuero negro con hebilla cuadrada y un pañuelo «gatito» de seda estampado. «Las faldas fruncidas o acampanadas no la favorecen. Le quitan energía visual. Mejor hubiera sido el corte tubo. Además, el color de la falda tampoco fue acertado. El dorado es sólo para detalles», dijo el asesor de imagen. Completó el look brillante con grandes aros de oro amarillo.

    El lunes por la mañana, un tailleur en la gama de los verdes secos y top de seda gris. El saco de solapa redonda y amplia despejaba el escote y resaltó la gargantilla de grandes eslabones de oro. «Una joya demasiado cargada, como la mayoría que usa, que terminan por dar un aspecto exagerado. Ser sofisticado es saber balancear con delicadeza la vestimenta y los accesorios», sugirió Orlando. Por la tarde, reapareció en Santiago del Estero y contrarrestó el clima agobiante con un vestido camisero de raso verde militar con llamativo estampado de cadenas y cintos que completó con una camisola verde manzana y cinturón ancho engamado.
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