9 de enero 2009 - 00:00

Dictaron prisión preventiva a "El rey de la efedrina" rosarino

El comerciante rosarino Mario Roberto Segovia, bautizado como "El rey de la efedrina" que ayer se declaró inocente en una entrevista periodística, fue procesado con prisión preventiva por la importación ilegal de sustancias tóxicas, confirmaron fuentes tribunalicias.

La medida, que incluyó un embargo de 200.000 pesos, la dictó el juez en lo penal económico Ezequiel Berón de Astrada, quien consideró que bajo la falsa identidad de un preso, Segovia recibió de un laboratorio francés aconitina y ricinina, dos sustancias que pueden ser utilizadas como precursores para agresivos químicos.

En el caso de la aconitina, el juez sostuvo que el contrabando se había consumado, mientras que en el de la ricinina, descubierta a mediados de 2006 por personal de la Dirección General de Aduanas (DGA) en un sobre de correo de Federal Express proveniente de Francia destinado a "Héctor Benítez", Segovia fue responsabilizado en grado de "tentativa".

Ayer, en una entrevista que dio a una radio rosarina, Segovia negó tener cualquier vinculación con la venta de ese precursor químico así como con terroristas que operan en la triple frontera.

"No soy el rey de la efedrina, soy el rey del trabajo", manifestó en su primera aparición mediática desde que fue detenido por orden del juez Federal de Campana, Federico Faggionatto Márquez, que lo investiga en una causa por la venta de efedrina a México.

Para notificarle el procesamiento por contrabando, el juez Berón de Astrada dispuso que Segovia sea trasladado desde la cárcel de Ezeiza, donde se encuentra detenido, a la alcaidía de Tribunales, "bajo estrictas medidas de seguridad".

El imputado fue apresado en noviembre en el aeroparque Jorge Newbery cuando estaba a punto de viajar a Puerto Iguazú y luego se allanó su casa del barrio Fisherton de Rosario, donde se hallaron dinero, costosos autos, lingotes de oro, armas y relojes Rolex.

En diciembre, fue procesado por el juez Faggionato Márquez como jefe, financista y organizador de una banda dedicada a la guarda, comercio y contrabando de estupefacientes en Ingeniero Maschwitz, y también por el juez en lo Penal Económico Marcelo Aguinsky, que lo acusa del envío de 8 mil kilos de efedrina a México en paquetes de azúcar.

En el momento de la detención, Segovia tenía en su poder un documento falso a nombre de Héctor Germán Benítez, un interno del penal de Sierra Chica.

Una pericia caligráfica demostró que la grafía de Segovia coincidía con quien actuaba con aquella "usurpada" identidad.

"El resultado de la pericia es contundente", ya que "se determinó que numerosas firmas en formularios a nombre de Benítez corresponden en realidad a Segovia", dijeron las fuentes consultadas.

También, a pedido de Asuntos Penales de la DGA, que actúa como querellante en la causa, se informó que Segovia habría estado utilizando un Documento Nacional de Identidad de Benítez, al que le adhirió una foto carné propia.

"La imagen del DNI a nombre de Benítez presenta similares características morfológicas respecto de las fotografías de Segovia", indicaron allegados a la investigación.

Sobre los tóxicos que se acusa a Segovia de contrabandear, las fuentes informaron que un peritaje químico indica que ambos son nocivos para la salud y que en la actualidad no se utilizan de manera terapéutica.

Organismos oficiales informaron, además, que las dos sustancias "están prohibidas como constituyentes de medicamentos" debido a los efectos tóxicos para los seres humanos.

Según la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, la ricinina es un alcaloide que genera convulsiones acompañadas por alteraciones electroencefalográficas en la corteza cerebral, usado como plaguicida, mientras que la aconitina es "uno de los venenos más violentos entre los conocidos".

Luego de haber recibido estos informes, el juez Berón de Astrada citó a indagatoria a Segovia, pero el imputado se negó a declarar.

El juez evaluó elementos de prueba del sumario y concluyó que Segovia "haciéndose pasar falsamente por Benítez" intervino "con acabado conocimiento" en la importación de las sustancias y, como presidente de Excel Import Export, se conectó con el laboratorio Latoxan, ubicado en rue Léon Blue 2600, de Valence, en Francia.

El magistrado destacó que domicilios, teléfonos y otros datos aportados por el supuesto Benítez coincidían con los reales de Segovia, entre ellos oficinas en Rosario, donde vivía el procesado.

"La conducta atribuida a Mario Roberto Segovia es constitutiva del delito de contrabando de importación agravado por la utilización de documentación apócrifa para cumplimentarla y por tratarse de sustancias que, por su naturaleza y características, podrían afectar la salud pública" consignó el juez en la resolución.

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