25 de agosto 2011 - 23:40
Ejemplar fallo condenó a un violador a 50 años de prisión
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El atacante sorprendía a las mujeres, las ataba de pies y manos, y les vendaba los ojos para que no lo vieran, tras lo cuál elegía de los cajones la ropa interior que debían colocarse sus víctimas para la violación.
De acuerdo al relato de las mujeres atacadas, el violador siempre tenía olor a tabaco o fumaba delante de ellas y para tranquilizarlas pronunciaba una frase mentirosa: "No soy violador, soy ladrón".
En el juicio quedó probado que en uno de los casos Fasano violó a una mujer y a los pocos días regresó al mismo departamento, volvió a abusar de ella y también de su hija.
La prueba más importante tenida en cuenta por el tribunal para condenar al acusado fue que en los 13 casos se pudieron recolectar muestras de semen y los cotejos de ADN con las víctimas dieron positivo.
Además, algunas chicas le reconocieron un tatuaje que lleva en su cuerpo y su voz.
Con esa abundante prueba, el fiscal del juicio, Guillermo Pérez de la Fuente, había pedido en sus alegatos 50 años de prisión, solicitud a la que el tribunal hizo lugar en forma unánime.
El 16 de mayo pasado, Fasano ya había recibido una condena a 30 años de prisión dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 5 de San Isidro, que lo halló responsable de cinco hechos en las localidades bonaerenses de Olivos, Martínez, San Isidro y San Fernando.
En tanto, mientras permanece detenido en el penal de Marcos Paz, le queda pendiente otro juicio oral en San Isidro por otros seis casos cometidos que no se ventilaron en el anterior debate.
De acuerdo a la investigación, el imputado cometió medio centenar de ataques entre 2007 y 2009, cuando salió de prisión tras cumplir una condena por otros hechos.
Finalmente, el violador serial volvió a quedar detenido el 28 de agosto de 2009 en su casa del partido bonaerense de Escobar, donde convivía con su esposa, una mujer policía que en ese entonces estaba embarazada.
Uno de los elementos para identificarlo y localizarlo fue un teléfono celular que el 8 de enero de ese año le había robado a la última víctima, una estudiante belga que vivía en Guatemala al 6000 del barrio porteño de Palermo Hollywood.




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