Los océanos alcanzaron en agosto una temperatura media de 21,07°C, excluidas las regiones polares, e igualaron el récord registrado en marzo de 2024, según datos del observatorio europeo Copernicus, que trajo nuevas preocupaciones sobre el calentamiento global.
El calor récord de los océanos amenaza a sectores clave de la economía mundial
Los océanos igualaron en agosto un récord histórico de temperatura, según Copernicus. Científicos advierten que el calentamiento amenaza la pesca, el turismo, la infraestructura energética, los alimentos y las comunidades costeras.
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La marca volvió a encender las alarmas de científicos y organismos internacionales por sus efectos sobre la pesca, el suministro de alimentos, el turismo, la infraestructura energética y las comunidades costeras.
La marca volvió a encender las alarmas de científicos y organismos internacionales por sus efectos sobre la pesca, el suministro de alimentos, el turismo, la infraestructura energética y las comunidades costeras.
“El calor prolongado en los océanos no es sólo un problema ambiental”, advirtió Tom Pickerell, especialista en biología marina y responsable del programa de océanos del WRI, durante una presentación ante la prensa.
El fenómeno ya tiene consecuencias visibles en distintas regiones del planeta. Entre ellas aparecen la caída de poblaciones de sardinas en aguas marroquíes, turistas que dejan de visitar arrecifes de coral degradados y centrales nucleares afectadas por la proliferación de medusas, como ocurrió este verano en Francia.
Una amenaza para la economía global
El calentamiento oceánico impacta sobre actividades económicas que dependen directamente de la estabilidad de los ecosistemas marinos y costeros.
Según Pickerell, un océano más cálido altera la pesca y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sostienen al turismo, presiona sobre infraestructuras energéticas y alimenta fenómenos meteorológicos extremos que golpean a comunidades y empresas ubicadas en zonas costeras.
Por eso, el especialista sostuvo que esta situación “debería preocupar a todos los ministros de Finanzas” del mundo. La advertencia apunta a sacar el debate climático del terreno exclusivamente ambiental y ubicarlo también dentro de la agenda económica.
La cuestión será uno de los temas centrales de la próxima cumbre climática organizada por Naciones Unidas, la COP31, que se realizará en noviembre en Antalya bajo la presidencia conjunta de Turquía y Australia.
Agosto igualó el récord histórico
El calor oceánico alcanzó niveles inéditos a escala planetaria en agosto. De acuerdo con Copernicus, la temperatura media de los océanos, sin contar las regiones polares, llegó a 21,07°C, el mismo nivel del máximo registrado en marzo de 2024.
El verano boreal de 2026, entre junio y agosto, fue además el más cálido desde 1993, según Copernicus Marine Service. El fenómeno estuvo influido por El Niño, cuyo episodio actual se perfila como especialmente intenso, pero también por la tendencia de fondo asociada al calentamiento global provocado por la actividad humana.
“El motor de este calor récord es el cambio climático; es la tendencia de largo plazo”, señaló Zachary Labe, climatólogo del centro de investigación Climate Central.
Según el especialista, los océanos atravesaron una serie de “100 días de calor récord” para esta época del año, sobre la base de datos de temperatura superficial recopilados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), algunos todavía preliminares.
Labe advirtió que las temperaturas récord podrían seguir apareciendo tanto en la atmósfera como en los océanos, al menos hasta 2027.
Pesca, alimentos y turismo bajo presión
El aumento de la temperatura del mar tiene efectos directos sobre la disponibilidad de especies y sobre las economías que dependen de la pesca.
Kathryn Smith, de la Asociación Británica de Biología Marina, explicó que las olas marinas de calor pueden provocar el cierre de zonas de pesca por enfermedades, mortalidad de especies o desplazamiento de peces hacia áreas más frías.
Ese proceso puede generar costos de millones o incluso miles de millones de dólares para las comunidades afectadas, además de impactar sobre los precios de los alimentos.
Pickerell citó el caso de las sardinas en Marruecos, donde la disminución de las poblaciones en aguas más cálidas derivó en restricciones a las exportaciones y escasez en el mercado europeo.
El turismo también queda expuesto. Los arrecifes de coral, que funcionan como atractivo turístico y sostén de ecosistemas marinos, se debilitan con las olas de calor. Su degradación reduce el atractivo de destinos costeros y amenaza ingresos vinculados a hoteles, excursiones, gastronomía y servicios.
Energía e infraestructura costera
El calentamiento de los océanos también afecta a la infraestructura energética. La proliferación de medusas puede interferir con sistemas de refrigeración de centrales, como ocurrió este verano en Francia con reactores nucleares que debieron detenerse.
El aumento de la temperatura marina también contribuye a la expansión térmica del agua, uno de los factores detrás de la suba del nivel del mar. Ese proceso amenaza especialmente a naciones insulares del Pacífico y del Índico, además de ciudades y zonas productivas ubicadas sobre costas bajas.
A la vez, océanos más cálidos pueden intensificar fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias torrenciales y ciclones. Esa dinámica aumenta los riesgos para puertos, redes eléctricas, rutas, viviendas, plantas industriales y cadenas logísticas.
La amenaza, por lo tanto, no se limita a la biodiversidad. El calentamiento oceánico puede alterar cadenas de suministro, encarecer seguros, afectar inversiones y obligar a mayores gastos de adaptación en infraestructura.
Pocas soluciones inmediatas
Los especialistas advierten que existen pocas soluciones de corto plazo más allá de acelerar las políticas de mitigación del cambio climático.
La dificultad es que la adaptación marina es mucho más limitada que en tierra. “En tierra siempre podemos instalar aire acondicionado para refrescarnos. Pero la adaptación de los océanos y de la vida marina no es tan sencilla y sigue siendo muy limitada”, explicó Claire Bergin, investigadora de la Universidad de Maynooth, en Irlanda.
El desafío central será reducir las emisiones que alimentan la tendencia de largo plazo y, al mismo tiempo, preparar a las economías costeras para un escenario de mayor volatilidad climática.
La advertencia de fondo es que los océanos funcionan como reguladores del clima, sostén de biodiversidad, fuente de alimentos, corredor comercial y base de actividades económicas estratégicas. Su calentamiento sostenido puede desencadenar efectos en cascada sobre sectores que van desde la pesca y el turismo hasta la energía, la infraestructura y los precios de alimentos.



