3 de diciembre 2012 - 10:03
"Fue realmente una tortura"
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Sonia Molina
La mujer contó que el imputado también amenazaba con abusar sexualmente de su hija, al tiempo que admitió que la dejaba salir de la vivienda pero la tenían "vigilada".
Molina señaló que a Olivera lo conoció como "pastor" en la casa de su hermana en Río Colorado y que por eso siente que, además de los meses que estuvo privada de su libertad, fueron "tres años de engaño" contra su fe y la de su familia.
Respecto de Heit, la mujer dijo que "dentro de la casa era igual de culpable que Olivera".
"Ambos planificaban lo que iban a hacer. De hecho, conmigo hacían todo un juego psicológico queriendo desestabilizarme", recordó y, en ese sentido, preciso que cuando le pegaban le decían que se "golpeaba sola".
"Todos los días lo mismo: se levantaba, iba y cumplía su rol como periodista. Puertas para afuera mostraba una personalidad pero por adentro era totalmente diferente", añadió.
Molina contó que en los últimos días de su cautiverio tenía dificultades "para respirar" y movilizarse.
"El primer mes, medianamente, me daban lo que ellos comían o lo que quedaba, después empezaron a darme polenta, comida para perros, fideos crudos, excremento", agregó Molina.


