23 de abril 2004 - 00:00
La emoción desbordó frente a Tribunales
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Juan Carlos Blumberg
Los frentes del Teatro Colón y de la Escuela Roca, iluminados por las velas que sostenían la gente, también fueron colmados. Parado sobre la escalinata de la escuela, Gustavo, de 30 años y bandera en mano, susurra: «Buscamos justicia, nos matan por nada y no nos defienden». Y después comenta que tendrá un largo camino hasta José C. Paz, donde vive. «Espero llegar... ¿entendés? no se puede vivir con ese miedo», remata.
«¿Viste cuántos hay que no conocemos?», comenta una chica a otra, con los ojos puestos en la innumerable cantidad de carteles con fechas, rostros y nombres de víctimas de la violencia. Padres, familiares, hermanos y amigos levantan esas pancartas, algunas improvisadas y otras más producidas, pero todas con el mismo dolor. Conocidos, pocos, salvo un Nito Artaza o un José M. Campagnoli, secretario de Seguridad.
• Sin consuelo
Liliana Sce, amiga de Matías Díaz, asesinado el último 19 de marzo en el partido de San Fernando durante un robo, no tiene consuelo, pero jura que no parará hasta encontrar justicia. Y muestra la foto del joven de 21 años. También se acercan los familiares de Amílcar Ojeda, a quien mataron en diciembre de 2000 durante un asalto y todavía no descansa en paz. Todos buscan que alguien los escuche, para intentar que esos casos tengan resonancia.
Esperanzados, las miles de personas que se agolparon frente a Tribunales, esperaron a Juan Carlos Blumberg cuando anunció que entregaría el petitorio. «Lo vamos a esperar cuanto sea necesario», dice, enérgico, Alberto, de 55 años, junto a su esposa.
Sobre el final, nadie pudo evitar las lágrimas mientras Blumberg recordaba a su hijo asesinado, y pocos guardaron el llanto que los desbordaba al observar las caras de otras víctimas que miraban desde los carteles.
Cada uno de los manifestantes fue dejando sus velas prendidas alrededor de Tribunales, en la plaza o en la calle. La retirada fue en paz, como habían llegado. Mientras, de fondo, el coro Kennedy cantaba: «No tenemos miedo nunca más».



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