23 de abril 2004 - 00:00

La emoción desbordó frente a Tribunales

Juan Carlos Blumberg
Juan Carlos Blumberg
En paz, con velas o banderas argentinas en la mano, la muchedumbre llegó a Tribunales con un pedido unísono: «justicia». Desde niños hasta ancianos se mantuvieron estoicos durante los cincuenta minutos que duró el acto convocado por Juan Carlos Blumberg.

«Tengo 71 años, no hago esto para mi, sino para mis nietos», dice María del Carmen Shull, mientras sostiene su vela encendida a la que le improvisó una especie de pantalla con un vaso de plástico. «Y si llovía también venía», agrega. A su lado, Silvia y su esposo Ernesto comentan: «No importa si no nos mataron a nadie; acá estamos para apoyar esta lucha».

• Aplausos

En el momento en que el locutor nombró a Juan Carlos Blumberg, los aplausos coparon el silencio con el que la gente había llegado al lugar. Mientras el padre de Axel leía el petitorio muchos colaban sus comentarios ante cada punto. «¡Claro que sí!», gritó un joven al escuchar la propuesta de trabajo para los presos.

Hasta desde el televisor del bar de Talcahuano y Tucumán se ponía atención a la palabra de Blumberg. Todas las cadenas de TV, incluso «Canal 7» repitió la concentración (no lo había hecho el 1 de abril).

El minuto de silencio en memoria de las víctimas de la delincuencia dejó lugar para las lágrimas. Durante los aplausos que cerraron esos segundos, Dora Padelio señala a Agustina, de 8 años, y con los ojos humedecidos se esperanza: «Por ella vine, no quiero que viva encerrada en su casa. Yo creo que con esto estamos abriendo un poco las puertas».

Los frentes del Teatro Colón y de la Escuela Roca, iluminados por las velas que sostenían la gente, también fueron colmados. Parado sobre la escalinata de la escuela, Gustavo, de 30 años y bandera en mano, susurra:
«Buscamos justicia, nos matan por nada y no nos defienden». Y después comenta que tendrá un largo camino hasta José C. Paz, donde vive. «Espero llegar... ¿entendés? no se puede vivir con ese miedo», remata.

«¿Viste cuántos hay que no conocemos?»
, comenta una chica a otra, con los ojos puestos en la innumerable cantidad de carteles con fechas, rostros y nombres de víctimas de la violencia. Padres, familiares, hermanos y amigos levantan esas pancartas, algunas improvisadas y otras más producidas, pero todas con el mismo dolor. Conocidos, pocos, salvo un Nito Artaza o un José M. Campagnoli, secretario de Seguridad.

• Sin consuelo

Liliana Sce, amiga de Matías Díaz, asesinado el último 19 de marzo en el partido de San Fernando durante un robo, no tiene consuelo, pero jura que no parará hasta encontrar justicia. Y muestra la foto del joven de 21 años. También se acercan los familiares de Amílcar Ojeda, a quien mataron en diciembre de 2000 durante un asalto y todavía no descansa en paz. Todos buscan que alguien los escuche, para intentar que esos casos tengan resonancia.

Esperanzados, las miles de personas que se agolparon frente a Tribunales, esperaron a Juan Carlos Blumberg cuando anunció que entregaría el petitorio. «Lo vamos a esperar cuanto sea necesario», dice, enérgico, Alberto, de 55 años, junto a su esposa.

Sobre el final, nadie pudo evitar las lágrimas mientras Blumberg recordaba a su hijo asesinado, y pocos guardaron el llanto que los desbordaba al observar las caras de otras víctimas que miraban desde los carteles.

Cada uno de los manifestantes fue dejando sus velas prendidas alrededor de Tribunales, en la plaza o en la calle. La retirada fue en paz, como habían llegado. Mientras, de fondo, el coro Kennedy cantaba: «No tenemos miedo nunca más».

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