4 de agosto 2005 - 00:00

La moda de la novela histórica

Hay quienes creen que si se «noveliza» la Historia Argentina es una degradación cultural. Otros creen que más vale una cultura menguada a ninguna. Entre los que novelizan la Historia está en lo alto Felipe Pigna, con una sólida formación. En el escalón más cercano al piso, Jorge Lanata. Pacho O'Donnell está en la mercantilización de toda la Historia, no sólo de la Argentina. Reduce, por caso, «El Imperio Romano» a un folletito de 24 páginas tamaño libro, casi un ayuda memoria pero encaja perfectamente en eso de «peor es nada» como cultura. O'Donnell, además, tiene el respeto de no ideologizar. En cambio Pigna suele preceder cada capítulo de lo que narra de un editorial breve ideologizado, algo así como «la Historia vista con el ojo izquierdo». Si se pueden superar esos introitos de posición política luego el rigor histórico que posee lo normaliza y es ameno y certero.

Lanata, en el otro extremo, no tiene ese rigor y ve la Historia desde la subversión setentista. Encuentra motivaciones marxistas antes que Carlos Marx lo inventara a partir de 1848. El último libro de este periodista, «ADN», fue un fracaso porque cayó en escribir en una obra lo que cualquiera sube a Internet que muchas veces es un disparate.

Ninguno de estos autores nuevos difundistas de la Historia Argentina son, sin embargo, innovadores. Félix Luna y Emilio Perina con una revista mensual «Todo es historia» durante décadas ilustraron con amenidad, rigor histórico y sin ideologización a los argentinos sobre su país. Los nuevos como Pigna tienen base histórica sólida pero poca base filosófica y menos aún conocimientos económicos sin los cuales la Historia se transforma en una suma de hechos sin hilvanación visible, que ellos suplantan o con motivaciones meramente «patrióticas» o afanes reivindicatorios socialistas algo que suena hueco.

En este sentido un Rodolfo Puiggrós o inclusive un Aldo Ferrer -antes que se volviera un impulsor del encierro- país y « vivir con lo nuestro»- siguen siendo clásicos insustituibles para conocer la realidad económica nacional porque la narraron dentro de las apetencias sociales y la puja económica.

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