Los próximos fines del mundo

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Llegó el 21 de diciembre y vamos dejando atrás la fatal premonición maya acerca del fin del mundo. Pero no descansaremos por mucho tiempo: ya están lanzados los pronósticos para las próximas décadas.

Las predicciones brotan desde las visiones religiosas y los libros sagrados, pero también de especialistas que auguran cambios tecnológicos autodestructivos, catástrofes climáticas, y hasta el golpe fortuito de un gigantesco pedazo de piedra cósmica.

El destino está escrito

Pasada la efervescencia de la profecía maya, los pastores apocalípticos han vuelto al ruedo. El que pone la fecha más próxima para el final del hombre es Vincent Carthane, un dudoso religioso con pasado carcelario que anticipa que, ahora sí, el mundo se termina en 2020. Posee lo que todo telepastor debe tener: libro, sitio en Internet y numerosos videos en YouTube. Su fuente son los presuntos códigos ocultos que contiene la Biblia.

Se necesita una importante dosis de credulidad para ir detrás de Carthane. Por ejemplo, se debe aceptar que existe una relación entre la forma de la cruz cristina y la letra "T", y que al tratarse del símbolo número 20 del alfabeto, y como en determinados actos religiosos se emplean figuras con dos cruces presentes, estas refieren sin dudas al 2020.

Como otra prueba, menciona el versículo 20:20 del evangelio de San Juan, que relata la visión que tienen los discípulos de Dios. El pasaje dice textualmente: "Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor". La oración supondría otra alegoría del final de los tiempos.

También hace referencia a una presunta profecía bíblica que tendría lugar 400 años después de un acontecimiento clave: el arribo a las costas de EEUU de los "padres peregrinos", los primeros colonizadores británicos. Ese episodio tuvo lugar en 1620, por lo que el viaje a través de la historia lo sitúa una vez más en el año 2020.

La idea no es nueva ni le pertenece, ya que en el pasado distintos profetas, investigadores o embaucadores aseguraron haber encontrado el "código secreto" en las Sagradas Escrituras. Dicho metamensaje estaría presente, a la manera de un crucigrama, a lo largo del Antiguo Testamento, y echaría luz sobre episodios trascendentes en la historia (desde invento del avión y la lámpara eléctrica, hasta la Segunda Guerra Mundial o el asesinato de Kennedy).

Perdidos por la tecnología

Así como para algunos la tecnología es fabulosa, para otros se convirtió en la fuente de todos los males. Los apocalípticos tecnológicos hablan de sabotajes y maniobras que podrían terminar, como en la película "Juegos de guerra", en un conflicto nuclear devastador. Pero también están lo que avizoran un futuro con máquinas robóticas implacables en guerra con el hombre. Uno de sus puntales es un manifiesto publicado en la revista Wired por Bill Joy, uno de los fundadores de Sun Microsystems, hace una década.

Titulado "Por qué el futuro no nos necesita" es un escrito extenso y interesante, que puede consultarse en la Web, en el que ofrece un panorama de la irrupción de la tecnología en la vida del hombre para 2030.

En muchos aspectos, Joy critica el espacio excesivo que la nueva técnica está ganando en las sociedades, e incluso menciona la posibilidad de que la robótica termine provocando la extinción del ser humano.

Básicamente se pregunta cuánto tiempo pasará hasta que podamos crear un robot con tanta inteligencia como para que ellos mismos intenten replicar copias a su imagen y semejanza. De esta manera, gradualmente, nosotros comenzaríamos a ser implantados con desarrollos electrónicos hasta ser reemplazados por una nueva generación de androides. Según esa hipótesis, los robots competirían por materia prima, energía y espacio, y los humanos serían "barridos de la existencia".

El artículo fue interpretado por los apocalípticos como la visión de lo que se avecina de aquí a dos décadas, aunque obvian el tono de ciencia ficción del contexto y la conclusión final, que expresa "optimismo" en la capacidad del hombre para no sucumbir al peligro.

El golpe vendrá desde el espacio

En el cálculo de las catástrofes científicas, el asteroide Apophis es la suma de todos los miedos. El gigante rocoso -con un diámetro de entre doscientos treinta a trescientos metros- continúa aproximándose a nuestro planeta y las previsiones estiman que el inoportuno encuentro con la Tierra podría ocurrir en 2036.

Las consecuencias serían impensables. El impacto promete arrasar lo que encuentre a su paso a cien kilómetros a la redonda y provocar un terremoto de hasta 7° Ritcher. Si se precipitara al mar, ocasionaría un tsunami.

Los expertos ya analizan los modos de impedir la colisión: la opción de volarlo en pedazos es una de las más factibles, aunque si sus fragmentos atravesaran la atmósfera y se dirigieran a nuestro planeta el bombardeo sería imposible de detener.

Por eso ganó terreno la idea de inventar un aparato, o adaptar algunos de los existentes, que se acerque al asteroide y a través de vibraciones termine por modificar su órbita para alejarlo. De todos modos, estiman que hay una probabilidad entre doscientos cincuenta mil de que el temido choque tenga lugar.

Es el clima, estúpido

En el final de este recorrido apocalíptico hallamos el Cambio Climático, problema tan presente en nuestros días que parece increíble que logre deje al ser humano al borde de la extinción. Sin embargo, todos los pronósticos anticipan que tendremos severos problemas para mantener el ecosistema en equilibrio a mediados de siglo si no se toman medidas urgentes.

Severos problemas significa la desaparición de especies de plantas y animales. Significa un incremento de las temperaturas de entre dos y tres grados con la consecuencia de largas sequías, deshielos e inundaciones y aparición de nuevas enfermedades y plagas. 

Al menos 200 millones de personas se convertirían en refugiados a causa de los 29 mil millones de toneladas de carbono que se vierten en la atmósfera cada año. Los expertos que se reunieron en Sudáfrica hace sólo meses concluyeron que para 2050 el Cambio Climático incrementará hasta un 20% la cantidad de personas con hambre.

Más cifras elocuentes: entre 1980 y 2006 el número de desastres relacionados con el clima se cuadruplicó y para 2015 el número de personas afectadas por las catástrofes naturales por año llegará a 375 millones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, para 2025 podrían perderse dos tercios de las tierras cultivables en África, al tiempo que los precios de los alimentos aumentarían a nivel global hasta un 100% más que lo estimable en condiciones normales.

Aunque desde el campo científico se intenta evitar el discurso de alarma, en la Red abundan las voces extremistas que vaticinan que el clima terminará por salirse de control y la Tierra, a través de un virus o una mortal reacción en cadena, terminará por sacarse de encima a los incómodos huéspedes humanos.

Lo posible y lo improbable

A primera vista, que nos impacte un meteorito o llegar a descifrar extraños códigos en libros sagrados parecen posibilidades lejanas, mientras que evitar un desastre ecológico o limitar el avance descontrolado de la tecnología debería estar más al alcance de nuestra mano.

Pero, tarde o temprano, si no se definen planes para desactivarlas, esas opciones comenzarán a tomar forma y poco a poco se irán alejando de las soluciones cercanas. Dejando de lado los pronósticos fatalistas, aunque es probable que ninguna de ellas terminen con el mundo harán de él un lugar menos agradable para vivir.

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