26 de enero 2006 - 00:00

Los turistas argentinos y el primer verano frentista en Punta del Este

A la izquierda, la rambla costera de Punta del Este y a la derecha, la calle principal frente al Casino en Mar del Plata. El balneario uruguayo tiene una muy buena temporada -inclusive con más días de sol que las playas argentinas- pero no hay diferencia de gente como marcaría el tránsito nocturno. Punta del Este no llega a 10% del turismo del balneario marplatense en cada temporada. Pero sucede que frente al Casino en la ciudad argentina hay seis carriles de circulación en una sola mano y en un séptimo se estaciona, como se ve en las fotos de abajo en los mismos centros neurálgicos pero fotografiados de día. En el tradicional balneario uruguayo hay sólo dos carriles por mano de circulación y muchos desaprensivos conductores anulan uno con estacionamiento indebido de vehículos, originando continuos cuellos de botella cada noche. Además en Punta del Este ahora ya no se respetan las velocidades máximas urbanas y hubo un preocupante incremento de robos en viviendas. El Frente socialista que ganó por primera vez el municipio del balneario uruguayo, acompañando el triunfo grande de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio, teme ejercer autoridad. Al socialismo uruguayo en el gobierno le sucede lo mismo que a la izquierda «progre» que lleva dos años de conducción en la Argentina: se sienten todavía un poco incómodos en el poder, creen que el orden es sólo cuestión «de las derechas». No sucede en Chile, con un socialismo de progreso ya afianzado en años, ni en Brasil. No debería ocurrir que Uruguay pierda seguridad cuando su socialismo se muestra, hasta ahora, muy distante del delirio argentino. Es de imaginar que, más que en todos, se perderá seguridad en la Bolivia de Evo Morales.

Los turistas argentinos y el primer verano frentista en Punta del Este
Montevideo (de nuestra agencia) - Para un sector de argentinos -y desde hace unos años también para brasileños, aunque en menor número- Punta del Este es un balneario absolutamente insustituible. Quizá sea por eso que a la par de que lo gozan lo discuten: porque ni piensan en la posibilidad de reemplazarlo, amén de las enormes inversiones inmobiliarias que han radicado allí. Este año los argentinos quejosos han agregado un nuevo argumento. Aunque sean pocos, en relación al conjunto, los que vienen a Punta del Este por los puentes de conexión desde Entre Ríos, casi todos insisten en que «llegamos aquí soportando una audaz aventura con horas de demora por los cortes entrerrianos por las dos plantas papeleras en Uruguay». Y a partir de sentirse «víctimas del papel» (que no es de diarios sino de tipo comercial el que fabricarán) persisten en sus críticas estivales. Ahí viene que no tapan pozos en las calles de tosca, que la zona de golf y Punta Ballena tienen calzadas intransitables y hasta peligrosas por falta de señalización y demarcamiento, que nadie cuida el Camino Lussich, que no avanza el gas natural sustituyendo garrafas y otras (en verdad el municipio año tras año elude obras en esos lugares).

• Tránsito

Este año agregan cuatro « problemas 2006». Uno es que está más endemoniado que nunca el tránsito después de los puentes de acceso a La Barra, obligando al uso casi constante de «El atajo» por el camino de tosca pero sólo se lo puede tomar 5 cuadras después de los puentes. El otro es que este verano venden bebidas alcohólicas a menores de edad en estaciones de servicio. ANCAP -la expendedora oficial uruguaya- e inclusive multinacionales como Shell y Esso caen en esta práctica prohibida desde hace años en la Argentina. Un tercero es que, en relación a años pasados, Punta del Este se ha transformado en peligrosa en dos aspectos: tránsito en la calle, agravado porque se permite estacionar en cualquier lado -inclusive en plena rambla costera o calle central de La Barra en forma ahora exagerada- y porque ya nadie limita con multas los excesos de velocidad ni los cruces de semáforos en rojo. En la Mansa los playeros viven una odisea cada vez que tienen que cruzar hacia el mar. El otro aspecto de la seguridad en los actos delictivos. En realidad los que exceden la velocidad -para darles uso a sus poderosos autos que por temor a reacciones adversas no suelen exhibir mucho en la Argentina o directamente los mantienen en Uruguay durante el invierno- o violan semáforos también cometen delitos. Mucho más modestamente en medios se mantiene con tránsito tranquilo José Ignacio que tiene esta simpática leyenda por todos lados: «Aquí el único que corre es el viento».

Pero la seguridad contra delitos que año tras año pierde el balneario -aunque limitada a robos, felizmente- es motivo de queja mayor. En cifras oficiales -y no todos denuncian- entre diciembre de 2004 y el último diciembre 2005 se triplicaron los robos en Punta del Este (ver vinculada).

La jefa de policía de Maldonado, Graciela López, agregó leña al fuego al declarar que «si lo roban en Punta del Este la culpa es del turista por descuidado o negligente» (!).

Esto motivó un irónico artículodel principal diario uruguayo, «El País», que dice que en Punta del Este «es ver el mundo al revés. Esto es invertir no ya la carga de la prueba sino la carga de la culpa».

Los analistas dicen que el gobierno del Frente Amplio se retrae de multas y poner orden para que los turistas extranjeros, en su primer veraneo con ellos en el gobierno (el Frente de Tabaré Vázquez asumió hace 10 meses y lo mismo en el balneario) no sientan que cambió la gentileza de los uruguayos con otros gobiernos. Pero, en verdad, están obteniendo el efecto inverso.

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