1 de noviembre 2007 - 00:00

Mató a marido para cobrar una herencia

Una mujer de 40 años que está acusada de haber planeado y ejecutado, junto con su hermano, el asesinato de su marido de 82 para asegurarse una herencia, y cuya coartada se derrumbó fortuitamente por un rebuzno, comenzó a ser juzgada en los tribunales de la ciudad cordobesa de Deán Funes.

Se trata de Norma del Valle Avellaneda y su hermano José Luis Avellaneda, quienes están en el banquillo de acusados como principales sospechosos de haber matado a golpes al anciano esposo de la mujer, Ramón Nicolás Cáceres. Los hermanos acusados del delito de «homicidio calificado» comenzaron a ser juzgados por la Cámara del Crimen de la ciudad situada a unos 150 kilómetros de la capital provincial, con la participación de jurados populares.

El episodio ocurrió durante la madrugada del 8 de noviembre de 2005 en las afueras del pequeño pueblo donde ambos vivían, San José de las Salinas, ubicado poco más de 200 kilómetros al norte de Córdoba capital. Según consta en el expediente, Avellaneda y Cáceres se casaron cuando ella tenía 33 años y él 77, pero decidieron seguir viviendo cada uno en sus respectivas casas y mantener el matrimonio en secreto para evitar que los hijos del hombre se opusieran a la desigual unión.

Sin embargo, los hijos de Cóceres finalmente tomaron conocimiento del enlace y lograron que en 2005 su padre les asegurara que se iba a divorciar. Al enterarse de las intenciones de su esposo, la mujer se enfureció porque se quedaría sin cobrar la pensión en caso de que éste muriera, por lo que convocó a su hermano para planificar el crimen del octogenario.

  • Asno

  • La acusación fiscal considera que durante la madrugada del 8 de noviembre de ese año convocó al marido hasta un lugar deshabitado en las afueras del pueblo, donde comenzó a entretenerlo con una serie de «juegos sexuales» hasta que su hermano lo mató de un golpe en la cabeza dado con un palo. Según la causa, posteriormente arrojaron el cadáver a un pozo, y la mujer regresó a su casa. Al ser consultada luego por la Policía, la viuda argumentó no conocer nada del hecho porque a la hora en que había ocurrido el crimen ella no estaba en el pueblo. Sin embargo, un vecino de la mujer desbarató la coartada al declarar que el día del asesinato se despertó a la madrugada porque un burro que estaba atado en las inmediaciones comenzó a rebuznar y observó cuando esta mujer salía en bicicleta rumbo al sector periférico del pueblo.

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