El ex jefe de la barra brava de Boca, Rafael Di Zeo, la está pasando mal en la cárcel de Ezeiza. Para los presos, cualquier «tribunero», como llaman a los barras bravas, es un «matachorros».
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El «chorro» es una categoría alta dentro de los códigos tumberos y fueron alejados de las canchas por las feroces palizas que recibieron de los barras bravas, que hacen valer sus derechos en ese territorio.
Según los códigos de la tribuna, el barra brava protege a los hinchas de los robos y de paso evita que le invadan el negocio. Ellos viven de lo que reciben del club (dinero, entradas, camisetas, etc.), del estacionamiento y de la venta de sustancias, pero no del robo a la hinchada.
Di Zeo pasó una parte de sus días en sanidad por una fuerte paliza que incluyó dos «puntazos» de «faca». Fue el primer aviso. La misma suerte corrieron años antes «El Abuelo» y otros barras bravas que terminaron presos.
Di Zeo está pidiendo que lo cambien de penal. Está haciendo gestiones para que lo reciban en la Unidad 9 de La Plata, pero en la provincia de Buenos Aires no quieren saber nada. Di Zeo puede ser un problema para Felipe Solá porque está casado con una ex secretaria suya. En épocas electorales no quieren complicarse.
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