Estudiantes de una universidad pública crearon un software contra la desnutrición infantil

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Se llama INAY, fue desarrollado por seis jóvenes de la UTN y permite digitalizar historias clínicas de niños en situación de vulnerabilidad. Ámbito dialogó con dos de sus impulsores.

Un grupo de estudiantes de la carrera de ingeniería en sistemas de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) creó un software contra la desnutrición infantil. Se llama “INAY”, palabra quechua que significa “hacer”, y permite la digitalización de historias clínicas, a fin de brindar más y mejores datos a los profesionales que monitorean la situación de niños y niñas.

La herramienta nació de una alianza entre un equipo de seis jóvenes que estudian en Córdoba y “Dignamente”, una fundación dedicada al combate de la desnutrición infantil, que promueve la investigación, la docencia y la asistencia médica en distintas comunidades. El software crea reportes estadísticos, que se generan de manera automática, para evaluar, por ejemplo, la evolución de todos los niños en programa o contar con una planificación de compra de insumos para los tratamientos. Toda la información se registra en un único sistema al que se puede acceder de manera remota, desde cualquier dispositivo móvil.

“INAY permite tanto a los profesionales mejorar su trabajo, como a los directivos poder evaluar y perfeccionar lo que se hace en los centros de salud, con el fin siempre de recuperar a los niños. INAY ayuda a que esa recuperación sea más rápida, más acertada y más profesional”, explica a Ámbito Lisandro Pascuali, mentor de la plataforma junto a sus compañeros Juan Revello, Sergio Sierra, Sebastián Campos, Tomas Olalde y Rodrigo García.

INAY Santiago

Necesidades cruzadas

Al igual que muchas grandes ideas, INAY surgió al calor de necesidades disimiles. En la búsqueda de material para desarrollar su tesis, Pascuali, quien formaba parte de Dignamente desde 2017, consultó a la fundación para saber si había algo en lo que pudiera aportar desde su campo. Tras un relevamiento, detectaron que sus inquietudes confluían en la posibilidad de digitalizar los datos de los menores que se atienden en la red de centros de salud, ubicada en cercanías de la frontera de Santiago del Estero con Chaco.

Esa coincidencia fue propicia para el joven: “Nos propusimos unir la ingeniería con las problemáticas sociales desde la tesis. En orientar nuestra profesión para una problemática muy importante. Nos pareció algo lindo trabajar sobre lo más prioritario. Yo nunca había compartido con mis compañeros experiencias ligadas a lo social. Todos se sumaron chochos y trabajaron muy comprometidos. Yo propuse la iniciativa, pero el espíritu de desarrollar un proyecto con impacto social fue de todos.”

Si bien la experiencia académica les dio las herramientas para diseñar y crear el software, la visita de Pascuali a las comunidades santiagueñas fue clave para conocer en primera persona el trabajo de los profesionales. Según define, se trató “de mamar otra cultura, porque uno a veces en la ciudad se olvida de que eso también es parte de la sociedad.”

El trabajo aceitado de la fundación fue una base sólida para avanzar en el proceso. Desde el inicio, a principios de 2020, estaban definidos qué profesionales iban a usar INAY y qué datos se iban a volcar en él. La idea central fue clara: pasar la información del papel a un formato digital. “No necesitamos tanta investigación porque ya había un proceso bien asentado. A ese proceso le agregamos la parte de indicadores que se cargan en el nacimiento de cada niño”, cuenta el rafaelino.

Profesionalizar la lucha contra la pobreza

La urgencia por contar con soporte digital tenía un precio: $498 mil. Eso costaba contratar un software. Así las cosas, INAY no pudo llegar en un mejor momento. Y para mayor satisfacción, surgió de uno de sus integrantes. Heriberto Roccia, director ejecutivo de Dignidad, dice: “Este software nos permite tomar decisiones con un alto grado de celeridad. Aquella que se requiere para revertir la gravedad del cuadro clínico de un niño desnutrido, ya que reúne, sintetiza y visualiza en gráficos, información relevante de distintas áreas de trabajo”.

En base a su experiencia en el trabajo territorial con sectores vulnerables, Roccia considera que hay que “profesionalizar la lucha contra la pobreza” y poner “cerebros sanos, con ganas de transformar la realidad, como Lisandro”, porque eso permitiría que “las soluciones estén a la vuelta de la esquina”.

INAY, un software contra la desnutrición infantil

“Argentina podamos introducir la evidencia científica, con gente experta en la materia, ahí es cuando realmente vamos a transformar. Nosotros pensamos que pateamos una pelota y nos convertimos todos en jugadores de fútbol, y no es así. Esto viene a dar respuestas concretas a problemas concretos, de una forma que genera mucho impacto”, sostiene.

Dignamente impulsa actividades interdisciplinarias, que incluyen a profesionales de la salud y educadores que trabajan para recuperar a niños menores de 2 años con desnutrición y transformar la realidad de sus hogares.

INAY Santiago

Pensar en comunidad

Pero ¿por qué aportar a la lucha contra la desnutrición desde una carrera como ingeniería en sistemas y cómo hacerlo? Pascuali reflexiona: “Al menos en la UTN, la relación entre las carreras y la realidad social está medio perdida. Sin dudas, ingeniería está atada a lo social. Muchas problemáticas tienen soluciones desde la ingeniería o desde lo que nosotros podamos prensar y proveer. Si bien lo ideal sería que se haga de forma voluntaria, me nace el deseo de querer que desde las universidades se exija hacer obras sociales”.

Sobre este punto, el estudiante de 24 años cree que la formación académica está más apuntada a las organizaciones y no a lo social, y advierte que pese a ser pública, la universidad no es para todos, ya que muchos jóvenes aún no pueden acceder a ella. “Siento que es una deuda que tenemos los estudiantes de convertir la universidad pública en una universidad para todos. Creo que desde la universidad esa propuesta no está, por lo menos en mi experiencia desde una universidad tecnológica”, expresa.

Por último, dice: “He estado en otros países Latinoamérica donde en las carreras hay que cumplir un mes de actividades sociales. Eso me parece que permite hacer entender que, además de trabajar y proyectar la carrera, hay que pensarlo de una forma comunitaria. Si INAY se expande, por ejemplo, podría convertirse en una oportunidad de trabajo. Un trabajo individual, que me pueda dar alguna retribución, y que al mismo tiempo tiene una impacto en la comunidad”.

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