El juez federal Norberto Oyarbide decidió dejar firme una condena a nueve meses de prisión de cumplimiento efectivo a Raúl Rodolfo Arenas Vega por el delito de «lesiones leves, y daños, agravado por odio hacia una religión». Este hombre que hoy tiene 48 años atacó en noviembre de 2006 a un joven judío de 15 años, que subió detrás de él a un ómnibus de la línea 128 en Bulnes y Córdoba. El chico, usando kipá y la indumentaria típica de los jasídicos (ortodoxos), sufrió los insultos de Arena Vegas, que después de gritarle «¡Judío de mierda; vos qué hacés acá; hay que matarlos a todos!», le rompió los anteojos de un trompazo y a empujones lo obligó a descender del transporte público ante la inaceptable pasividad del resto del pasaje y del chofer, que le permitieron seguir viaje sin inconvenientes.
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El chico, con los anteojos rotos y la cara tumefacta por el golpe, acudió a un policía que hizo seguir al colectivo con un patrullero y detuvo a Arenas Vega. El condenado aceptó la opción de juicio abreviado para no ir a la instancia oral, y Oyarbide le aplicó la pena citada. El agresor había sido detenido por orden del magistrado hace ocho meses y permanece en esa condición en el penal de Villa Devoto, del que saldrá en pocos días más, una vez cumplida la condena. Por haberse acogido al juicio abreviado, Arenas Vega renunció al derecho de apelar el fallo del juez.
«Lo importante de este caso es que se obligó a un agresor por odio racial a cumplir prisión efectiva, no en suspenso ni arresto domiciliario. Es un precedente valiosísimo y estamos muy satisfechos, como parte querellante, con el fallo del juez Oyarbide», dijo a este diario Miguel Zechin, secretario general de la DAIA (la representación política de la comunidad judía argentina).
Fundamentación
En su fallo, tras unificar la pena por los tres delitos cometidos por Arenas Vega, el juez fundamenta su decisión de aplicar prisión efectiva en el hecho de que el acusado tenía una condena previa de la Justicia correccional por falsificación de instrumento público.
El chico agredido, cuyo nombre se preservó por tratarse de un menor, no es el único judío cuya indumentaria y apariencia « denuncia» su condición: hace dos años otro joven más o menos de su edad fue perseguido en las inmediaciones de Cabildo y Blanco Encalada -en el porteño barrio de Belgrano- por una patota de skinheads que lo insultaron, lo empujaron y le hicieron volar de su cabeza la kipá (solideo) de un golpe.
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