14 de julio 2007 - 00:00
Repercusiones por abucheos a Lula en la apertura de los juegos
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La ceremonia de apertura de los Juegos Panamericanos.
"De cara malhumorada, desistió de hablar y después aceptó, pero ya era tarde", luego que el presidente del Comité Olímpico Brasileño (COB) y de la organización local, Carlos Arthur Nuzman, ante la indecisión del gobernante, tomó el micrófono y abrió "oficialmente" los juegos, agregó el rotativo.
Las rechiflas, añadió O Estado, "contrastan" con el recibimiento eufórico que había tenido Lula en horas de la mañana al visitar la Villa Panamericana y con recientes encuestas de opinión, donde el mandatario mantiene un alto grado de popularidad.
El cotidiano O Globo de Río de Janeiro, por su parte, reportó: "Emoción, carnaval y silbatinas en la fiesta del 'Pan'" y subrayó que "En ceremonia marcada por la belleza, cuyo punto alto fue el himno nacional cantado por Elza Soares, acompañada por 90.000 presentes, los Juegos fueron abiertos ayer con un imprevisto".
"Después de ser abucheado cinco veces por el público, en una de las mayores silbatinas del Maracaná, el presidente Lula dejó de hacer la lectura oficial de apertura de los Juegos, tradicionalmente a cargo del presidente del país-sede", apuntó el medio carioca.
También en Río de Janeiro, el Jornal do Brasil destacó en primera plana: "Fiesta para todos, rechiflas para Lula", registrando el incidente con el mandatario por encima de las otras informaciones relacionadas con el evento deportivo que se extiende hasta el 29 de julio y en el que toman parte los 42 países del continente.
La prensa especializada tampoco fue ajena al incidente y la Gazeta Esportiva señaló que "La vergüenza de la apertura: Silbatina a Lula, impide al presidente abrir los Juegos y quiebra el protocolo".
El diario deportivo Lance, de igual manera, indicó que "Dado el puntapié inicial: Ceremonia de apertura del 'Pan' encanta al público presente en el Maracanã. Sólo Lula recibe abucheos".
El ministro brasileño de Deportes, Orlando Silva, atribuyó a una conspiración los abucheos de decenas de miles de personas al presidente Luiz Inacio Lula da Silva en la inauguración de los Juegos Panamericanos, el viernes en el estadio de Maracaná de Rio de Janeiro.
"A mí me pareció algo orquestado. Bastaba con observar de dónde venía (el abucheo) para darse cuenta de que era algo orquestado", dijo Silva, citado el sábado por medios de prensa, sin mayores explicaciones.
Lula debía declarar oficialmente abiertos los juegos, pero al final no lo hizo; su asesoría alegó que eso se debió a una "confusión de informaciones".
Lula, incomodado con la rechifla, se negó en un primer momento a inaugurar la competición, pero luego cambió de opinión y pidió el micrófono aunque ya era tarde, pues el presidente del Comité Olímpico Brasileño (COB) no fue informado a tiempo y dio la largada.
Lula fue abucheado seis veces, en momentos en que las pantallas del estadio mostraban su imagen o cuando los animadores de la ceremonia mencionaban su presencia.
El acto se llevó a cabo ante 60.000 espectadores, que pagaron de 20 a 250 reales la entrada (de 10,5 a 131 dólares), sin que los testimonios refieran hasta ahora abucheos mayores en uno u otro sector del estadio.
Un comentarista del Blog do Noblat (en el portal de O Globo), contrasta la "bellísima" fiesta de la inauguración en Rio, capaz de devolver la "autoestima" a una ciudad vapuleada por la violencia, y la "estruendosa" rechifla sufrida por Lula, que hasta ahora consiguió mantener una fuerte popularidad pese a la serie de escándalos que golpearon a sus allegados.
"El estadio nunca fue un problema para Lula", dice el comentarista, Luiz Claudio Cunha, que remonta al origen de líder sindical y "héroe de la clase trabajadora en plena dictadura militar" del actual presidente brasileño.
"Sin embargo, en Maracaná, todo fue diferente. Nunca en la historia de este país, como diría el propio Lula, un presidente fue abucheado por un Maracaná repleto. Un sonoro, claro, unísono, retumbante abucheo, capaz de consolar al árbitro más sinvergüenza", concluyó.
Los días previos a la inauguración hubo tironeos entre el gobierno federal, el regional y el municipal para atribuirse la paternidad de los juegos de Rio.
De acuerdo con el diario Folha de Sao Paulo, el gobierno federal pagó la mitad de los 3.700 millones de reales (1.947 millones de dólares) invertidos en la preparación de la fiesta deportiva continental.




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