18 de febrero 2010 - 00:05
Se negó a declarar el joven que mantuvo rehenes durante 10 horas
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El momento de la detención del joven captor.
Lo concreto es que el joven que ayer mantuvo durante 10 horas en tensión a la policía entró "en un mutismo total" desde que se entregó y ni siquiera quiso hablar con sus tres hermanos que estaban en el lugar del hecho, ni con los dos psicólogos que lo vieron tras el episodio.
"Existen fuertes sospechas de que haya sufrido un brote psicótico", dijo la fuente consultada, la cual aclaró que el muchacho quedó bajo la guarda del Servicio Penitenciario bonaerense que lo alojó en un lugar especial para personas con problemas de salud mental.
Respecto del hecho de ayer, fuentes de la investigación explicaron que "fue una situación muy tensa, porque (Arteaga) era una persona que no tenía una petición clara para hacer".
Según el pesquisa, en el lugar trabajó un mediador del Grupo Halcón con más de 8 años de experiencia y un equipo de psicólogos "que escuchaba las conversaciones que se llevaban a cabo con el muchacho y aportaba datos que le permitieran al negociador abordar de la mejor manera al captor".
El momento más llamativo fue cuando el negociador del Grupo Halcón convenció a Arteaga a entregarse, pero éste, antes de hacerlo, tuvo una única exigencia: cambiarse de ropa.
Es que al momento de comenzar la toma de rehenes, el muchacho estaba vestido con un uniforme similar al que utiliza Gendarmería Nacional, fuerza a la cual dijo que pertenecía y para la cual estaba realizando una investigación.
"Una vez que se le entregó la ropa y que se vistió, aceptó entregarse", dijo el pesquisa.
Según determinaron los investigadores, Arteaga había comenzado a frecuentar la sala velatoria Lans, ubicada en la calle 144 y 24 de Berazategui, una semana atrás, cuando se presentó y dijo que era de Gendarmería y que realizaba una investigación para esa fuerza.
"Se ganó la confianza de la gente de la casa velatoria, por eso volvía allí a diario. Ayer por la mañana tomó primero de rehén a la mujer policía y luego a los otros dos efectivos (el oficial Jeremías Reyes y el subteniente Guillermo Hermoso)", aclaró la fuente judicial.
María Ester, esposa de uno de los dueños de la funeraria señaló: "El lunes y el martes se paseaba de vereda y se sentaba en el garaje de la cochería y cuando le pregunté qué hacía ahí me dijo que me quedara tranquila porque estaba haciendo una investigación para Gendarmería".
El joven vive en la zona junto a su padre discapacitado motriz a raíz de un problema de presión arterial, a su madre y a tres hermanos.
A los investigadores les resultó llamativo que sus tres hermanos concurrieran al lugar pero sus padres no. "Los hermanos pidieron que no le digan nada a su padre porque podría sufrir un deterioro en su salud, pero de la madre no supimos nada", dijo.




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