La investigación efectuada por la Policía Bonaerense en busca del esclarecimiento del robo pasó por una serie de procesos que resultaron determinantes a la hora de llevar a cabo los allanamientos.
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Primero se dio paso a una inspección ocular y al procesamiento de la escena del robo, en este caso la sucursal Acassuso del Banco Río. Durante ese procesamiento se tomaron fotografías y se realizaron una planimetría (estudio de los planos del lugar) y la búsqueda de huellas de todo tipo.
Al tener lista la escena del crimen se procedió a estudiar el plan de fuga realizado por los delincuentes y, como resultado de ese trabajo, se secuestraron elementos como sogas, linternas, baterías, el gomón en el que escaparon, entre otros.
Paralelamente, se efectuó la digitalización de las imágenes de video aportadas por el banco, para mejorarlas, pero como seguían siendo de baja calidad se secuestró el CPU con las imágenes originales. A continuación, y como consecuencia de los peritajes en la calle Perú, se encontró un segundo gomón, lo que certificaba el correcto rumbo de la investigación policial. Días más tarde, el túnel por el que se escaparon los delincuentes fue sometido a peritajes por parte de un grupo de ingenieros y geólogos, determinándose que fue realizado de abajo hacia arriba y que el período de construcción no fue mayor que dos meses. Una vez terminadas las pruebas, se selló el túnel. Como consecuencia de los peritajes se determinó que el túnel se construyó mediante una triangulación de las medidas. En ese lugar fueron secuestrados, entre otras cosas, pelos, que están a resguardo de la Policía Científica para análisis de ADN.
Por último, se confeccionó el dictado de rostros, lo que resultó fundamental a la hora de efectuar los allanamientos y las detenciones.
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