«¿A qué hora se acostaron?» entró preguntandouna exultante Mirtha Legrand al equipo de producción de sus almuerzos, ayer, el día después de la votación en el Senado. «Yo me acosté a las cinco y media. Quería ver todo. Es histórico lo que ha ocurrido, había que verlo ¿eh? A las siete estaba despierta, pero ella, la Chiqui, lo resiste todo. Si me duermo me avisan. Pero no, qué me voy a dormir con la mesa que tengo... no complicada, interesante», deslizó mientras se disponía a describir su atuendo del día y después de preguntar por qué no estaba el director de siempre. En medio de la habitual enumeración de anillos, pulseras, zapatos y otros accesorios («Director, muestre bien otra vez mis piernas»), reflexionó como para sí: «Qué impresionante la actitud del vicepresidente Cobos. Yo nunca vi nada igual».
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La conformación de la mesa, sobre todo por los cuatro senadores que en otros tiempos hubieran sido «exclusivos» de programas políticos (el decisivo legislador de Santiago del Estero, Emilio Rached; el sanjuanino César Gioja, el pampeano Juan Carlos Marino y el porteño Samuel Cabanchik), más el productor agropecuario Juan Angel «Tito» Guerra y el periodista Ari Paluch, mostró bien el lugar que ocupa hoy Mirtha Legrand en la televisión vernácula. Esto al menos en el imaginario de toda figura pública que se precie. Hoy, como nunca, es el programa «al que hay que ir», algo que hace rendir la sagaz producción que lidera Carlos Rottemberg. Aunque el rating no siempre es fiel a ese imaginario, Legrand, con la autoestima bien alta, como siempre (virtud que le ponderó el invitado, «mosca blanca», Paluch, diferenciándola del «destructivo ego», en discurso acorde con su best seller de autoayuda «El combustible espiritual»), advirtió a cámara a «los muchachos de Ibope»: «A ver, si levantan un poco, porque yo salgo a la calle y todo el mundo ve mi programa, eso no se corresponde con las cifras que dan ustedes».
Sin preámbulos, «como le gusta a la gente», la anfitriona les preguntó de entrada a los otros legisladores si sabían que «Rached, que iba y venía y no se sabía lo que pensaba, iba a votar en contra de las retenciones». «Yo sí», reconoció, el radical Marino. Enseguida, Mirtha quiso saber cómo fue el «atentado» contra la casa de Rached, a lo que éste respondió con una sonrisa irónica, que en realidad era la casa de su madre, a quien «unos cuarenta agropecuarios le fueron a pedir que interceda por ellos».
En conexión con Gualeguaychú, Legrand felicitó una vez más a Alfredo de Angeli «por su papel clave en todo esto», no sin antes preguntarle por qué se fue a dormir al Hotel Castelar y no se quedó en Palermo: «¿Es cierto eso?». «Lo que pasó fue que cuando me dijeron que el indeciso ése de Catamarca [vale decir, Ramón Saadi]) iba a votar por la 125, me amargué y me fui a la pieza», le contestó De Angeli. Pese a su entusiasmo por la causa del dirigente entrerriano, Mirtha olvidó que ya lo había invitado a su programa. «Ah, cierto, con la Carrió» se acordó cuando le soplaron de afuera.
Aunque el tema político centralizó la conversación -que si bien tuvo algunos pequeños sobresaltos, siempre estuvo a la altura de las circunstancias y nunca llegó a atragantarle la comida a nadie-, Mirtha se ocupó de darle espacio a sus otros dos invitados, y cuando no se lo dio ella, Paluch se las ingenió para atraer su atención con halagos como «¿Puedo tutearte?» o «Lo mejor que se inventó es Mirtha Legrand».
Enojo
Más que el -sobrio- oficialismo de Gioja, lo que la descolocó e incluso la enojó fue la, para ella sorpresiva, defensa del gobierno y de las retenciones del empresario, productor agropecuario y ex presidente del Club Atlético Nueva Chicago Juan Angel Guerra (a quien ella había introducido con un amigable sarcasmo: «¿Y vos en carácter de qué estas acá Tito Guerra? ¿Como terrateniente?»). A partir de que el empresario dijo que estaba «triste porque no se apoyó la 125» y defendió la «brillante clase sobre soja que dio Guillermo Moreno en Diputados», Legrand no le dejó pasar una. Lo acusó de ser un «peleador» y de «estar contra todo el mundo» y hasta le preguntó si no había «tenido un incidente de violencia» cuando fue presidente de Chicago. El contestó que cuando ese incidente con la hinchada de Tigre, él ya no era presidente. «Ah, pero yo esto lo saqué de Internet, lo publicó 'Clarín'», se excusó Mirtha.
César Gioja también tuvo lo suyo. Tras leer: «Acá, Patricia, una televidente dice: '¿Ustedes votaron por la gente o por sus bolsillos?'», Legrand miró a Gioja: «¿A usted lo presionaron. ¿No? Algo debe haber habido, no a usted, pero yo leí por ahí que hasta les ofrecieron casas». En otro momento, Gioja reconoció que «había habido un problema de comunicación» por parte del gobierno «para explicar lo de las retenciones». «Pero si hay un vocero Núñez al que no le conocemos ni la voz», fue interrumpido. Atenta a todo lo que se decía, Mirtha Legrand abortó los conatos de discusión con varios «¡No no no!, así no se entiende nada», mandó a « trabajar» a los mansos legisladores, ninguno de los cuales tuvo tiempo para discursos de manual, cortó con un «seguro que vos también lo ves» a uno que quiso criticar el programa de baile de Marcelo Tinelli, y sentenció: «Acá el gran perdedor fue el ex presidente Néstor Kirchner», coincidiendo con el pensamiento vertido incansablemente toda la mañana de ayer por Elisa Carrió. Aunque hubo sonrisitas, ninguno de sus invitados refrendó el pensamiento. También corrigió a Guerra: «Derechos humanos para un solo lado», cuando éste se refirió a la «buena política» kirchnerista al respecto y se burló de la «antigüedad» del chiste de Marino sobre aquello de que los argentinos se suicidan tirándose de su ego.
Ya a los postres, Rached recordó a Pier Paolo Pasolini: «El decía que el palacio idiotiza»..»¿Idiotiza?», preguntó Legrand, intencionada. «Y sí, yo creo que en la Argentina sí... Creo que esta mesa refleja lo que somos los argentinos», pareció empezar a caer en un lapsus el senador santiagueño, pero aclaró para alivio de todos: «Somos gente que quiere vivir en paz».
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