Super Bowl: además del deporte, hubo ayer otras tres batallas

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El Super Bowl de anoche fueron varias «minibatallas» dentro de un gran combate, que fue visto por unos 1.000 millones de personas en todo el planeta. La pelea entre los Chicago Bears y los Indianapolis Colts, que se definía al cierre de esta edición a favor de los segundos, también fue la de dos «quarterbacks» cuyas familias son amigas, de dos ciudades de la región del Medio Oeste que dejaron afuera del gran evento deportivo del año al resto del país por mejorar su economía, y de dos técnicos afroamericanos (uno de ellos discípulo del otro), un enfrentamiento que se produjo por primera vez en los casi 80 años de la NFL.

En el marco de la megafiesta, hubo un espectacular show de Prince y una bellísima versión del himno de los Estados Unidos cantada por Billy Joel, dos razones para que nadie se despegue del televisor de punta a punta del programa. Veamos estas tres «minibatallas» una por una:

  • Está comprobado que las empresas de la ciudad que gana el Super Bowl tienen un desempeño bursátil superior al del índice Dow Jones o NASDAQ -según corresponda-. El dato surge de un estudio realizado por el banco de inversión Goldman Sachs, que lo explica en que suben las acciones de los patrocinadores del campeón, y además la ciudad entra en un clima de euforia y optimismo que mejora su economía.

    Así, esas empresas superaron en promedio 0,17% al índice Standard & Poor's 500 durante el mes posterior al juego. Agrega el trabajo que «los inversores de la ciudad campeona compran más acciones tras la victoria por una sensación de alegría y optimismo». Esos inversores, agrega Goldman Sachs, están más familiarizados con empresas regionales por su cercanía geográfica.

    Sin embargo, la relación «football»-economía es mucho más sofisticada y compleja aún. En 1966 se unieron las rivales NFL y AFL (American Football League) y dieron origen al Super Bowl para definir el campeón del año. De las 40 finales que se jugaron desde entonces, si el ganador era de la original NFL, las acciones en Estados Unidos suben, según un estudio hecho por el «fund manager» Robert Stovall. Obviamente, si el vencedor proviene de la AFL, el índice baja. La tendencia se comprobó en 38 de los 40 casos estudiados.

  • Pero al margen de lo económico, anoche hubo un partido, un megaevento deportivo que paralizó a los 120 millones de estadounidenses que no dejaron de mirar el televisor salvo en los momentos de necesario alivio fisiológico (se beben millones de miles de litros de cerveza durante el «Súper Domingo»).

    Como en casi ningún otro deporte por equipos, el « quarterback» -llamado así porque juega entre la línea de forwards (defensiva), el «halfback» que se sitúa detrás de él generalmente para bloquear a quienes quieren taclearlo, y el «fullback», que por lo habitual corre con la pelota- es el jugador más dominante y decisivo: no sólo es el técnico sobre el terreno, sino que en casi todos los partidos de sus manos salen las victorias o las derrotas.

    Peyton Manning, Indiana, es una estrella desde sus días en la Universidad de Tennessee; sin embargo, y a pesar de que gana cerca de u$s 10 millones anuales, hace nueve años que en esa ciudad están esperando que los lleve a la gran final; la de ayer fue la primera vez.

    Del otro lado se le plantó Rex Grossman, nacido en el estado de Indiana -en la ciudad de Bloomington-, muy cerca de la sede de sus rivales. A diferencia de Manning, Grossman no tuvo una carrera brillante (al menos en lo deportivo) en la Universidad de Florida y entró a la NFL casi de casualidad. Hace cuatro años que está en Chicago y hasta esta temporada no pasaba de ser el segundo suplente en su puesto. Su salario es de sólo u$s 785.000 anuales.

    Lo llamativo es que los Grossman y los Manning -dos familias muy vinculadas al «football»- son amigas desde siempre.

  • También son amigos Lovie Smith y Tony Dungee, técnicos de los Bears y los Colts respectivamente. Son los dos primeros afroamericanos en llegar a la final de la NFL, un logro para ese grupo que hasta hace poco ni siquiera era tenido en cuenta para la posición de quarterback (el primer afroamericano en ganar un Super-Bowl desde esa posición fue Doug Williams, quien derrotó a los Denver Broncos hace exactamente 20 años. Smith, que nunca jugó profesionalmente al «football», llegó a la NFL de la mano de su amigo Dungee, que lo empleó como entrenador asistente hace 10 años. Por su parte, al «coach» de Indianapolis lo persigue la misma maldición que a su quarterback: nunca alcanzar un título, a pesar de estar cerca.

  • Finalmente, una nota de color que suele pasar inadvertida. Anoche, los ganadores exhibían las remeras y los gorros con el logo del Super Bowl 41o y la palabra «campeones». Como es de esperar, Reebok -subsidiaria de Adidas que viste a todos los equipos de la NFL- también tenía preparados unos trescientos juegos del mismo modelo, pero con el logo de los perdedores.   

  • ¿Qué pasa con esas prendas que nadie, jamás, querrá ponerse? Las remeras perdedoras se ponen en un container junto con medicinas y alimentos no perecederos, y se embarcan al otro día en el primer avión que va al país elegido para la caridad.
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