En un esfuerzo por buscar “herramientas para dar respuestas a la epidemia del tabaquismo”, el Gobierno uruguayo habilitó la importación y venta de dispositivos electrónicos que calientan tabaco, y levantó así una prohibición que regía sobre estos productos desde 2009.
Uruguay basó esta actualización de su política en que existen “alternativas ofrecidas a partir del desarrollo de nuevas tecnologías en la industria” que permiten avanzar en este sentido. Entre sus considerandos, el decreto publicado por el Gobierno de Luis Lacalle Pou consideró que “existen dispositivos electrónicos para la administración de nicotina que emplean una tecnología mediante la cual se calienta tabaco seco, respecto de los que existen datos científicos que indican que los mismos resultan en una menor exposición de los usuarios a las sustancias tóxicas asociadas al consumo tradicional de tabaco”.
Mientras que los dispositivos que vaporizan soluciones líquidas, conocidos como cigarrillos electrónicos, seguirán prohibidos, en el caso de los que calientan tabaco seco las autoridades entienden que “cuentan con una validación científica suficiente para justificar su exclusión en la prohibición”.
Esta decisión de enmarcar las políticas de lucha contra el tabaquismo desde la visión de la reducción de daños está en línea con el abordaje de países como Estados Unidos, Japón y Gran Bretaña. En abril de 2019 la FDA estadounidense había autorizado a comercializar los productos de tabaco y en julio de 2020 fue un paso más allá y autorizó la comercialización de uno de estos productos, el sistema de tabaco calentado IQOS, como producto de tabaco de riesgo modificado.
Mitch Zeller, director del centro de productos de tabaco de la FDA, indicó en ese momento que “a través del proceso de solicitud de productos de tabaco de riesgo modificado, la FDA tiene como objetivo garantizar que la información dirigida a los consumidores sobre el riesgo reducido o la exposición reducida por el uso de un producto de tabaco esté respaldada por evidencia científica y comprensible”. Y agregó: “Los datos presentados por la compañía muestran que comercializar estos productos en particular con la información autorizada podría ayudar a los fumadores adultos adictos a dejar de fumar cigarrillos de combustión y reducir su exposición a productos químicos nocivos, pero sólo si cambian por completo”.
Otros casos en el mundo
Con la idea de reducir el daño provocado por el tabaco, varios países optaron por avanzar en la incorporación de productos alternativos a los cigarrillos dentro de sus planes de salud pública.
Estados Unidos es uno de los países en los que avanza esta visión de reducción de daño por tabaquismo. En 2017, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) lanzó un plan basado, por un lado, en incrementar la prevención del consumo de cigarrillos y, por otro, en asegurar que los fumadores adultos tengan acceso a productos alternativos y de menor riesgo. En 2019 el organismo autorizó la comercialización de uno de estos productos mientras que en 2020 considerando a ese mismo producto como “apropiado para la protección de la salud pública”.
Otro caso es el de Japón. La gran aceptación de estos productos en ese país hizo descender considerablemente la tasa de fumadores. Algo similar ocurre en el Reino Unido, que puso como objetivo el 2030 como la fecha para convertirse en un país libre de humo.
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