La comunidad científica logró identificar al responsable de una misteriosa enfermedad que, desde 2013, provocó la muerte de más de 6.000 millones de estrellas de mar a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte, en un brote que se extendió por más de una década y afectó a más de 20 especies. El hallazgo fue publicado en la revista Nature Ecology & Evolution y liderado por el Instituto Hakai de Canadá y la Universidad de Columbia Británica.
Una epidemia ya mató más 6.000 millones de estrellas de mar
La afección es causada por la bacteria Vibrio Pectenicida. La epidemia que afectó a millones de especímenes data de 2013.
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La llamada "enfermedad debilitante de las estrellas de mar" se hace manifiesta con lesiones externas. En el transcurso de dos semanas, la afección puede matar a los animales afectados al "disolver" su tejido y provocar la pérdida de sus brazos.
Científicos hallaron el motivo detrás de la muerte de 6 mil millones de estrellas de mar
El trabajo es resultado de una investigación internacional que se extendió durante cuatro años y representa un paso clave en los esfuerzos por salvar a estas especies y preservar los ecosistemas marinos que dependen de ellas. La enfermedad provoca que el cuerpo de las estrellas se descomponga rápidamente. “Es realmente espantoso”, describió la ecologista del Instituto Hakai, Alyssa Gehman, quien participó en el estudio.
Durante años, los investigadores barajaron múltiples hipótesis sobre el origen del brote. Se pensó inicialmente en un virus, pero estudios posteriores demostraron que el densovirus observado era un componente habitual del microbioma de las estrellas sanas. Una de las dificultades fue que muchas muestras provenían de ejemplares ya muertos, lo que impedía analizar con precisión los fluidos corporales.
El avance decisivo llegó al analizar el líquido celómico - el fluido que rodea los órganos internos de estos animales - donde se detectó la presencia de la bacteria Vibrio pectenicida, también conocida por afectar a los mariscos. “Los hallazgos resuelven una pregunta de larga data sobre una enfermedad muy grave en el océano”, señaló la microbióloga marina de la Universidad de California en Santa Bárbara, Rebecca Vega Thurber, quien no estuvo presente en el estudio.
Sobre la importancia del descubrimiento, una de las autoras principales del estudio, Melanie Prentice advirtió: “Cuando se pierden miles de millones de estrellas de mar, la dinámica ecológica se ve realmente alterada”. La científica remarcó que, sin estos depredadores, las poblaciones de erizos de mar se disparan, lo que lleva al colapso de los bosques de algas y pone en riesgo a otras especies marinas y a las comunidades humanas que dependen de ellas.
Con la causa de la enfermedad finalmente identificada, los investigadores evalúan posibles estrategias para frenar su avance y restaurar las poblaciones. Entre ellas, pruebas de inmunidad natural en ejemplares sobrevivientes, tratamientos con probióticos y programas de cría en cautiverio para reintroducción controlada.
“Por lo tanto, la pérdida de una estrella de mar va mucho más allá de la pérdida de esa única especie”, concluyó Prentice.
Cómo operan los científicos del CONICET que exploran el Mar Argentino a 3.900 metros de profundidad
En los últimos días, la profundidad del mar y su respectiva fauna invadieron las redes sociales a raíz de la misión científica que lleva a cabo el equipo del CONICET en el Mar Argentino. A bordo del buque Falkor y en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institute, la campaña, titulada “Cañón Submarino de Mar del Plata: Talud Continental IV”, comenzó el 23 de julio y se extendió hasta los primeros días de agosto, a unos 300 kilómetros de la costa bonaerense.
El objetivo principal de la misión fue estudiar cómo se distribuyen las especies marinas en relación con variables ambientales, topográficas y oceanográficas. Para ello, los científicos trabajaron en el corazón del Cañón Mar del Plata, un área clave donde confluyen la corriente cálida de Brasil y la corriente fría de Malvinas, lo que lo convierte en una frontera biogeográfica de alto interés. También se analizó el impacto de la actividad humana sobre este ecosistema vulnerable.
Uno de los ejes de la expedición es el uso del robot submarino ROV SuBastian, un vehículo operado a distancia que permite trabajar hasta 4.500 metros de profundidad, tomar muestras y registrar imágenes en alta definición sin alterar el entorno. La unidad está equipada con cámaras HD, luces especiales, brazos robóticos y redes de recolección precisa, lo que la convierte en una herramienta esencial para la investigación.
Gracias a este dispositivo, la misión se transmite en vivo a través del canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute. La iniciativa, que comenzó con apenas 300 espectadores, terminó generando un interés por fuera de la comunidad científica y superó los 300.000 usuarios diarios.






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