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Caso del ajusticiado por la prensa más notorio del país
El padre Julio César Grassi deberá enfrentar un juicio oral y público producto del complot jurídico-periodístico montado desde Morón (Arriba). Humberto Meade, Adrián Flores, Mirian Lewin (Abajo).
En Morón, en cambio, mandarán a juicio oral a un sacerdote apoyado hasta por el cardenal primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio, defendido por el jurista reconocido mundialmente como fiscal en la Corte Internacional de La Haya, Dr. Luis Moreno Ocampo (por su presencia en el exterior hoy lo representan en la defensa del caso Grassi su socio local Dr. Hugo Wortman y la Dra. Alicia Isola, quienes nunca defienden sin convicción), además de jugar su prestigio en la defensa un abogado tan reconocido como el Dr. Jorge Sandro.
El caso Grassi con buena voluntad e imparcialidad es simple de resolver. Mariano Grondona, la familia Soldatti, Raúl Portal, Alfredo Coto, centenares de donantes de aquí y del exterior, padres de chicos atendidos en esa Fundación y de menores de villas de emergencia de William Morris y otras que también envían a sus hijos a educarse y alimentarse en el instituto. También el personal docente y no docente de la Fundación, las monjas, Hilda Chiche Duhalde, muchas más personas y el periodista que esto escribe aceptarían la culpabilidad del padre Julio Grassi en la única acusación de abuso sexual y aceptarían lo que le hayan hecho decir al menor «Ezequiel» sólo si se respondiera negativamente unas simples preguntas. Entonces sí admitiríamos el error de haberlo defendido. Porque no se cree en la Justicia, mucho menos en la de Morón por lo sucedido. Preguntas simples a los funcionarios de Morón porque este periodista le escuchó decir al famoso penalista Sebastián Soler «el derecho es lógico y si no lo es, no es derecho».
Por eso, más allá de los conocimientos procesales, propios de los profesionales del derecho, se tiene que responder a lo que es lógico para cualquier ciudadano. Obsérvese que en los países realmente serios existen los juicios por jurados que tan necesarios serían en la Argentina plagada de injusticias, de acciones corporativas en los estrados, de presiones políticas y de «operaciones de prensa».
• Interrogantes
Las preguntas que haría cualquier ciudadano común son simples:
1°) El periodista Rolando Graña declaró a la revista «Noticias» que no aceptó para su programa «Punto doc», el año pasado cuando aún estaba en la plenitud, «el caso Grassi» porque «había que pagar coimas». Graña -rodeado hoy en un noticiero por José Eliaschev y Alfredo Leuco- no puede considerarse un hombre proclive al, digamos, «liberalismo» ya que ha vivido denunciando sus males. ¿Mintió Graña? ¿Mintió «Noticias», algo raro desde que el periodista Antonio Díaz sustituyó a Héctor D'Amico? ¿Por qué se derrumba toda la acusación contra Grassi si hubo que «sobornar testigos», además, de surgir nuevos culpables que deberán ser juzgados por ello?
2°) ¿Dijo o no el periodista Jorge Lanata que el «caso Grassi» le había sido ofrecido y no lo aceptó? Porque si lo andaban «ofreciendo» a medios con el conocimiento de la Justicia de Morón es que las pruebas no existían o eran forzadas, y se necesitaba un «escándalo de prensa» para poder detener y llevar a juicio al sacerdote para satisfacer las disputas internas entre jueces de Morón.
3°) ¿Es cierto o no que la ex secretaria del juzgado de menores de Morón, Mirta Ravera Godoy, en marzo del año 2002 concurrió a la Fundación Felices los Niños y pidió empleo de asesora letrada (no se lo otorgaron) porque no quería asumir como jueza de menores de San Isidro?
Es muy importante aclarar esta pregunta que parece simple, porque obsérvese este detalle clave en el caso: Ravera Godoy era secretaria del juzgado de menores 3 de Morón cuando el juez interino era Humberto Meade que prejuzgó y fue separado del caso Grassi precisamente por prejuzgamiento.
Meade, amigo de Ravera Godoy, no pudo asegurarle la titularidad de ese juzgado que ganó la asesora de menores Dra. Cristina Landolfi. Consigue el puesto de jueza sin edificio pero en San Isidro. Ravera Godoy no le gusta. Quiere seguir en Morón, por eso va a ver al padre Grassi para pedirle trabajo y allí nacen los rencores que terminarán con la maniobra contra el sacerdote. Ravera Godoy en San Isidro (finalmente asumió allí enojada o no) hace entrar por fuera de la jurisdicción natural la acusación de «Gabriel» contra Grassi llevado por la productora de «Clarín» Mirian Lewin. Ravera Godoy desde San Isidro saltea al juez de turno acusándolo de «no estar y descuidar su turno», se invoca una pericia de alguien no judicial como es el insólito psicólogo Stola y le pasa el caso no a los jueces de Menores de Morón, sino al juez Humberto Meade, su amigo su ex superior. No es casualidad sino parte de la trama. ¿Se puede probar que esto no sucedió así?
4°) En esta otra pregunta entran no los causantes -que están entre los anteriormente nombrados- sino el principal gestor de todo el accionar judicial contra el sacerdote Julio Grassi, el fiscal general de Morón Federico Nieva Woodgate. Este es el que maneja a todos los fiscales de Morón, menos a dos. El que ordenó archivar el caso de la declaración adulterada del testigo por el fiscal Flores (desde La Plata ordenaron una investigación pero lejos de Morón, en Lomas de Zamora). La pregunta clave a Nieva Woodgate es si es cierto que declaró públicamente: a) que él se guía por el derecho de Estados Unidos y no por el de la Argentina y el bonaerense; b) si es cierto o no que dijo públicamente que con una sola acusación basta para llevar a un hombre a la Justicia y para la detención de veintiséis días que le impuso al sacerdote el juez de «garantías» Humberto Meade, separado del caso por prejuzgar.
Dejemos de lado que este mismo fiscal general Woodgate declaró que el sacerdote iba «hacia el cadalso»; lo importante es la total parcialidad de su actuación.
Las dos preguntas si tienen respuestas afirmativas descalifican cualquier juzgamiento de este sacerdote en jurisdicción de Morón y hay pruebas terminantes de que Nieva Woodgate dijo todo eso.
Pero hay una pregunta más importante que lo descalifica y descalifica el juicio oral: declaró este fiscal general -y también hay pruebas- que la Justicia de Morón actuó «a raíz de la denuncia periodística en el programa «Telenoche investiga». Eso es absolutamente falso. Dos años antes habían empezado las denuncias sin sustento contra el sacerdote. Antes de la emisión del programa, Grassi había denunciado la extorsión de «Gabriel». El prejuzgador juez Meade y amigo de la iniciadora del caso Ravera Godoy había pedido los expedientes de denuncias contra el sacerdote. Decenas de funcionarios judiciales de Morón conocían lo que se iba a proyectar por «Canal 13». No se actuó «a raíz de la denuncia», como dijo Woodgate, sino al revés. Se buscó el escándalo de prensa para poner en marcha la maniobra contra Grassi con tan pocas pruebas, endebles otras y sobornando a varios acusadores.
Más aún, algunos judiciales de Morón (fuero penal primario) fueron participantes, entregaron el material al periodismo.
5°) El creador de la Fundación Felices los Niños sería fácilmente absuelto en un país realmente serio y archivado su caso sin juicio alguno, si no pudieran ser rebatidas por falsas las realidades contenidas en esas preguntas. Y hay más: a) que efectivamente la Justicia probara que miente el remisero que confesó las numerosas veces que llevó al acusador «Gabriel» a «Canal 13» para adoctrinarlo en la acusación en la presentación televisiva; b) si es cierto o no que seis de los siete chicos presentados en TV como «abusados» por el sacerdote se rectificaron, declararon que fueron engañados por ex empleados de la Fundación resentidos con Grassi por despidos, productores televisivos y hasta cámaras ocultas en menores; c) si es cierto que el autor de un libro con infamias en el caso Grassi fue el que quedó privado de ingresos que -en nombre del sacerdote- obtenía para una revista; que inclusive cobraba avisos a donantes de la Fundación (hasta los percibió en Ambito Financiero) y el padre finalmente suprimió la publicación generando el rencor para acusaciones.
Si todo esto fuera falso, si todas estas preguntas resultaran negativas, sería el primero, y estoy seguro que me acompañarían todos los amigos de la Fundación, en repudiar al sacerdote que hoy sigue ejerciendo su obra administrativa, pero sin siquiera la satisfacción espiritual de poder ver a los chicos que tanto ayuda. Si lo expuesto fuera falso, le daría a ese repudio a Julio Grassi el mismo espacio que les he destinado a estas notas impuestas por la necesidad de aclarar los injustos ataques contra un religioso y un hombre de bien sometido al caso más degradante y plagado de falsedades que en años de periodismo haya observado en la Justicia argentina.


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