No fue una mera casualidad que el Secretariado para la Familia de la Conferencia Episcopal emitiera su opinión la semana pasada calificando de «horrendo crimen» el aborto. Tampoco que la feligresía católica apostólica y romana se preguntara para esos mismos días sobre el silencio observado en los obispos acerca de la propuesta de la jurista Carmen Argibay para ocupar un sillón en la Corte Suprema de Justicia, cuando se conoció su opinión definiéndose como atea militante y en favor del aborto.
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Para entender la actitud observada entre los obispos no hay que olvidar la presencia en Buenos Aires de un nuevo representante de la Santa Sede. Y una de las primeras incursiones de monseñor Adriano Bernardini en el seno del Episcopado fue en favor de la unidad de los obispos a la hora de opinar. De allí que no fueran pocos los que este fin de semana hayan vuelto los ojos y su memoria al documento del Episcopado del 15 de noviembre pasado, donde el plenario de los obispos reunidos en San Miguel se pronunció manifestando su «preocupación por el avance de proyectos legislativos en favor de despenalizar el aborto».
•Derecho a la vida
Por otra parte, es conocida la postura del arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien a través de su vocero hizo saber que el o los reproches que pudieran caberle a Argibay debían ser canalizados a través de ONG o de laicos comprometidos. Aunque no haya existido en su caso una exhortación pública como la del obispo de San Luis, Jorge Lona, el vocero Guillermo Marcó señaló también que -aludiendo directamente a la jurista propuesta-«alguien que va a jurar por la Constitución nacional no puede ir en contra de la ley». Recordó que « el pacto de San José de Costa Rica, con rango constitucional, consagra el derecho a la vida desde el momento mismo de la concepción». Quizá por decir esto su programa en el estatal «Canal 7» haya sido pasado a las 3 de la madrugada.
De allí que resultara sorprendente, o no tanto para quienes lo conocen, que el obispo de San Luis exhortara a los fieles a que se presenten objetando la propuesta del gobierno en favor de Argibay, ante lo que considera un avance de quienes son proclives a despenalizar el aborto.
Un reclamo que, de acuerdo con lo normado, puede terminar en manos de abogados o del propio Ministerio Público, que decidan presentarse ante la Justicia para denunciar en Argibay el delito de «apología del delito», tal como lo establece la Carta Magna y que, en su momento, fuera aplicado al ex presidente y ex general Jorge Rafael Videla después de haber justificado acciones de la última gestión militar. Aunque en esta oportunidad no hubo quien saliera a denunciarla. El obispo Lona, de reciente designación en la diócesis de San Luis, al dar su opinión sobre los dichos de la potencial jueza de la Corte, destacó que «de ninguna manera se trata de una apreciación que se refiera a su persona, en cuanto no la conozco nada más que a través de una breve declaración en la cual el tema es el del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo como justificación legal de lo que sería la legalización plena del aborto en la Argentina».
Y enarboló sus razones advirtiendo que «la Iglesia no habla solamente en nombre de sí misma sino en nombre de una mayoría del pueblo argentino que sigue creyendo que el aborto es la muerte del ser humano más inocente que puede haber, tan indefenso, como dice Juan Pablo II, que ni siquiera puede llorar pidiendo por su vida; es la muerte de un inocente. Y no es un derecho de la mujer sobre su propio cuerpo porque ésta era una idea de siglos pasados, que el niño formaba parte del cuerpo de la mujer y que no era un ente personal independiente; ahora la ciencia genética ha avanzado en estos últimos 50 años de un modo decisivo y ya se sabe con toda claridad que desde el momento en que se unen el óvulo y el espermatozoide, queda formado el código genético, que define la identidad personal de un nuevo ser humano, otro ser humano. O sea, ahí no es el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo sino a decidir sobre el cuerpo del hijo, que es algo enteramente diferente».
Afirmó Lona que «nuestra Constitución nacional es muy clara al respecto, afirma el derecho del niño a la vida desde el momento de su concepción. Yo simplemente señalo una contradicción grave entre este pensamiento sobre el aborto y la Constitución, tal como ella en este momento nos rige, que afirma claramente ese derecho, y con lo que se podría llamar el sentido común natural, que hace que todavía la gran mayoría de los argentinos considere que matar a un niño es un crimen. Los obispos lo hemos dicho en la asamblea plenaria de hace dos meses, por eso, yo estoy hablando como obispo de San Luis, pero, al mismo tiempo, he recordado que se trata de un pronunciamiento de todo el Episcopado argentino, que el aborto es un crimen horrendo, o sea, es un crimen, un homicidio, no es una muerte accidental, es el procurarle la muerte deliberadamente al ser humano, como decía, más inocente -no tiene la culpa de nada-y más indefenso que puede haber».