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Por qué se habla de Justicia politizada
Las pericias psicológicas y psiquiátricas efectuadas a Santos indican dificultades serias de personalidad, tales como «inmadurez, inestabilidad, rigidez defensiva y elementos esquizoides», no obstante lo cual los expertos concluyen que «Rubén Santos es una persona con capacidad para comprender hechos y situaciones (...) sin alteraciones en su capacidad de atención, concentración y memoria ni en su juicio crítico (...), mantiene un suficiente ajuste a la realidad y no presenta indicadores de severa patología o desajuste».
¿Por qué entonces la jueza sostuvo públicamente un mes atrás que de acuerdo con estas pericias «Santos podría ser declarado inimputable»? Con inusual reiteración Servini pregunta al ex comisario durante los periódicos interrogatorios «¿quién dio la orden inicial de reprimir el 20 de diciembre?», a lo que Santos sistemáticamente omite responder (al comienzo de la investigación se mencionaba a Leonardo Aiello, secretario privado del ex presidente). ¿No resulta cuanto menos curioso que la misma jueza que por la tarde de aquel día ordenó «despejar la totalidad de la plaza» más allá del vallado formule maníacamente esta pregunta?
Ya al margen de los folios, no se entendería bien por qué Servini de Cubría vedó a Santos todo contacto con la prensa. De su primer lugar de detención, la Policía Montada de Avenida Figueroa Alcorta, fue removido por la jueza «por exceso de visitas», habida cuenta de la cantidad de diputados, senadores, periodistas, funcionarios de embajadas extranjeras, representantes locales de organismos de inteligencia foráneos, más amigos y familiares que lo iban a ver.
• Sin contactos
Instalado en Campo de Mayo cesó todo contacto con excepción de los allegados íntimos. En las oficinas de Gendarmería saben que los periodistas Eduardo Feinman y Bernardo Neustadt entre otros miembros de la prensa han intentado infructuosamente hablar con su huésped, quien ocupa la celda dejada por Emir Yoma.
Finalmente, el viernes 3 de mayo la jueza Servini decidió ante exigencias de la Cámara Federal que supervisa la causa ampliar el procesamiento y la prisión de Santos bajo acusación de homicidio, que en el peor de los escenarios sería culposo y con el tiempo excarcelable, y desafectar a todos los demás involucrados. ¿Por qué? Este giro insólito y estos vericuetos en apariencia insondables tendrían clara explicación política, de acuerdo con los conocedores que trasiegan los pasillos de Tribunales y del Congreso: la magistrada guardaría aspiraciones de ocupar una de las nueve curules de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y habría tejido un entendimiento con la principal diputada que motoriza el juicio político al alto organismo; los casos BGN Puchi Rohm y Santos serían las prendas de negociación requeridas a cambio de apoyo.
También se dice que en el desprocesamiento de los ex funcionarios gubernamentales y el agravamiento del de Santos puede apreciarse con total nitidez la inconfundible mano del líder radical de la actual Alianza de gobierno, quien favorece aunque no simpatice demasiado a sus correligionarios y mantendría antigua y rabiosa inquina con el uniformado. De allí el forzamiento de la causa.
Muchos otros casos judiciales seguramente están tanto o más politizados que éste, pero el popular refrán «para muestra basta un botón» nunca resultó más apropiado. Con sólo trasladarse diez metros, a la celda de su vecino de desgracias Domingo Cavallo, se está ante otro prisionero injustificable, y de mucha mayor repercusión internacional. Su caso es ampliamente conocido, estampó obligado la firma en decretos de venta de armas a países en guerra sin saber del asunto más que cuanto se leía allí, que era muy poco. Su juez lleva fama de parco y malhumorado. Con el hecho en sí y con el subrepticio destino de los fondos producto de la operación, el ex ministro no parece guardar relación alguna. Pero lo insostenible se patentiza en que todos los restantes implicados en la causa están libres. ¿Por qué entonces permanece Cavallo en prisión?, ¿existía peligro de fuga al extranjero? ¿Quién querrá ser funcionario público en un país donde con tanta frecuencia y por motivos tan rebuscados se termina en la cárcel? ¿Quién reprimirá esta anarquía insufrible si siempre los hombres de armas que restablecen el orden acaban en prisión? ¿Dónde están los funcionarios civiles responsables de los desmadres y que imparten las órdenes? Como la toallita femenina, siempre libres. De esta manera es como se enturbian la función pública y la Justicia en la Argentina, en paridad con su ya desprestigiadísima imagen en el exterior, a esta altura irreversible.


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