Política

La crisis que en la Casa Rosada se minimiza

En 1958, en un barrio del conurbano bonaerense y con mucha ilusión, José puso su negocio de venta de autos usados. A lo largo de los últimos 60 años, José, y luego su hijo Carlos, que siguió la tradición, enfrentaron el desborde de precios del “Rodrigazo”, la “timba” financiera de José Alfredo Martínez de Hoz, las hiperinflaciones de fines de los ochenta y comienzos de los noventa y la profunda recesión de 2002, corralito incluido, entre otras calamidades. A pesar de todas estas vicisitudes, y con mucho esfuerzo, pudieron mantener su negocio. Sin embargo, Carlos, a sus 60 años, se vio obligado a bajar la cortina.

“No puedo seguir porque me están matando los costos fijos, los impuestos, las cargas laborales en un momento en que no se vende nada”, explica. “Me costó mucho tomar la decisión, tuve que echar a mis dos empleados y ahora, con los pocos ahorros que me quedan, me dedico a vender por Internet”, explica resguardándose en el anonimato por “las dudas, vio?”. Es que, admite, aún queda el temor a los escraches del anterior Gobierno.

El caso de Carlos no es aislado. Los registros arrojan que en noviembre pasado, último dato disponible, las ventas de automóviles usados cayeron 20% con relación a igual mes de 2017.

En este caso, como en muchos otros rubros del comercio, las actividades tradicionales se encuentran amenazadas no sólo por un contexto macroeconómico desfavorable, sino también por un cambio en las modalidades de compra. Concretamente, las ventas online tienden a ganar cada vez más espacio y a provocar reducciones en el empleo en estos sectores.

De todas formas, en el caso de Carlos, su negocio se achica. En este sentido, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señala que, tras registrar caídas casi todos los meses del año, las cantidades vendidas por los comercios minoristas bajaron 6,9% en 2018.

Claudia, la hermana de Carlos, supo tener un comercio de venta de ropa en el barrio de Caballito en la Capital. A veces mandaba a confeccionar prendas con marca propia y otras importaba. Vendió fiado, aceptó Patacones y así a lo largo de 25 años vistió a su clientela para casamientos, bautismos y otras fiestas.

“Tengo que cerrar, no me alcanza para el alquiler, hace tiempo que no tengo empleada y hoy no hay manera de hacer unos pesos para llevar a casa”. Claudia recuerda que “en el 2002 la caída de las ventas fue mayor, pero por lo menos, en ese momento podía vender sin factura, hoy la gente no tiene efectivo, paga con tarjeta y es cada vez más difícil evadir”. No es que Claudia vea bien la evasión es que si “vendés y comprás una parte en negro podes mantener los precios”, argumenta no sin lamentarse que en Argentina es muy difícil manejar un comercio.

Algo de razón no le falta, a la alta presión impositiva se le debe sumar gastos como alarmas, seguros contra robos y ahora las altas tasas de interés por giros en descubiertos.

Al respecto, las empresas pymes de la Argentina son las que más pagan impuestos y contribuciones del mundo, después de las Islas Comoras, según el último informe Doing Business del Banco Mundial. Aportan el equivalente del 106% de la ganancia anual. A modo ejemplo, una pyme que gane en la Argentina 200.000 dólares anuales brutos, se quedará con sólo 97.000 después de pagar tributos, contribuciones patronales y otras cargas. En el caso de Brasil, que no es de los países que menos impuestos cobran, la misma pyme se quedaría con 120.000 dólares y los impuestos y contribuciones se llevarían 80.000.

Esta familia, que en las dos oportunidades anteriores votó por Cambiemos, hoy se siente desilusionada y de hecho participaron del “ruidazo” de la semana pasada. “No por el reclamo tarifario en sí, sino para hacernos escuchar, es que nos cuesta ver la salida”, afirma Carlos. Reconocen que el actual Gobierno recibió una “pesada herencia” pero no comprenden los desaciertos de la actual gestión económica.

Por supuesto que en los ruidazos; las protestas contra los tarifazos de la Moyano y un sector sindical y el reclamo ante la Justicia de un grupo de intendentes se percibe el interés electoral. “Es que es fácil hacer campaña pegándole al gobierno”, reconoce un importante dirigente de la oposición.

Este votante decepcionado, que no encuentra una alternativa, según los análisis que se hacen en la Casa Rosada, terminará, pese a todo, votando nuevamente por Cambiemos.

Por esta razón, en algunos altos funcionarios tiende a existir cierta subestimación de los efectos que la crisis está provocando a vastos sectores de la clase media y clase media baja que, según analistas políticos, fueron en gran parte los que explicaron el resultado electoral positivo de Cambiemos tanto para las presidenciales como las legislativas.

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Esperanza y cambio

Es que los datos económicos, a pesar de ser un año electoral, tampoco serán buenos para una gran mayoría de los argentinos. Según las proyecciones contenidas en el Informe País del Fondo Monetario Internacional, tras una retracción en el 2018 de 3,2% en el consumo privado, en el año en curso la caída sería aún mayor: 6,3%.

En materia de remuneraciones, el año pasado fue desfavorable para los sectores de ingresos fijos. El salario registrado en el sector privado habría terminado el año con una caída del orden del 11%, retroceso que sería mayor tanto para los empleados públicos como para aquellos que trabajan en negro. Las jubilaciones, según el defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, habrían sufrido una pérdida de 13 puntos en su poder de compra. Para el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, la reducción es algo menor, pero de todas formas importante, del orden de 7%.

En el kirchnerismo, más allá de las encuestas, se manifiestan confiados en que pueden volver al poder en 2019. Muestran estadísticas, como por ejemplo que en el último año del gobierno de Cristina de Kirchner, el salario formal era más del 5% mayor que en la actualidad, según resulta – dicen – de las propias estadísticas oficiales.

También argumentan que el consumo crecía mientras que ahora se encuentra en franca caída. Y, finalmente, argumentan que “durante el período de Néstor y Cristina la economía creció y que la inflación fue más baja que durante la gestión de Macri”.

Por supuesto, omiten decir que la actual gestión tuvo que hacer frente a severos desequilibrios de precios relativos – tarifas y dólar retrasados -.

Lo cierto es que una gran parte de la sociedad intuía que algo no estaba tan bien en la anterior gestión y por eso votó por Cambiemos. Sin embargo, hoy siente que está pagando una fiesta y sin saber cuál es el futuro que le espera.

Este votante para la Casa Rosada, pese a su disconformidad, terminará mayoritariamente apoyando a Cambiemos ya que no votaría por Cristina.

Según trascendidos de áreas del Gobierno, se trata de “ciudadanos convencidos de la necesidad de un cambio, aunque la estén pasando mal”.

Esta visión no es compartida dentro de todo el equipo oficial, ya que algunos – particularmente en la provincia de Buenos Aires – ven con preocupación un creciente descontento consideran que se debe reforzar un mensaje “esperanzador”.

Se argumenta que a ese votante decepcionado es probable que no se incline por el kirchnerismo pero ven que tampoco se inclinaría por votar a Cambiemos.

Saben que tendrán que hacer una campaña electoral con pocos aciertos en lo económico, datos negativos que serán utilizados con entusiasmo por los diferente partidos opositores “tanto los kirchneristas como los ultra liberales nos pegan con la economía” se lamentan por lo bajo.

Temen que pueda surgir un candidato “tapado” como ocurrió con Bolsonaro en Brasil. Sostienen que es difícil encarar una campaña electoral con promesas de un tiempo mejor cuando ya se hizo y “lamentablemente no pudimos cumplir con gran parte de lo prometido”.

En este sentido, les preocupa que ante un eventual ballotage con algún candidato no kirchnerista, Macri perdería. Por esta razón, en la Rosada muchos cercanos al entorno del Presidente están convencidos de que Cambiemos “ganara en primera vuelta”.

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