Era una prueba exigente para Wall Street. Y se reprobó. ¿Qué puñal oculto podría traer escondido la inflación de noviembre? ¿Qué consecuencias, la aceleración de los salarios descubierta en el último informe de empleo? Se sabía que un día después de conocer el misterio, la Fed descargaría una suba de tasas de medio punto, pero a la par le pondría fin a la racha de cuatro aumentos al hilo de tres cuartos de punto. ¿Cuál era el problema? La inflación, no la Fed. En Brookings, dos semanas atrás, Jay Powell abrió un paraguas defensivo: “no quiero apretar de más”. Sin embargo, una inflación recalcitrante no le dejaría otra opción que reforzar la artillería, con disparos menos intensos pero por más tiempo.
¿La hora, referí? Wall Street, de penar por la inflación alta a temer la recesión severa
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Jerome Powell
Incógnitas
Se sabe que la osadía de Wall Street en un mercado bear es data-dependiente. Frente a la duda, mejor dar marcha atrás hasta ver la información crítica primero, y definir el rumbo luego. Así fue. Antes de despejar las incógnitas, la Bolsa retrocedió. Y después de completar la ecuación de coyuntura se zambulló de cabeza. El S&P 500 cayó 2% en la semana. Acusa 5,6% en diciembre. La expedición alcista se desbanda. Todos los índices principales cotizan por debajo del 10 de noviembre, cuando la inflación de octubre inyectó un shock de confianza. ¿Qué pasó? ¿Se arruinó en noviembre? Al revés.
Los precios minoristas treparon 0,1%. En su versión núcleo, 0,2%. Son cifras como antes de la pandemia (y del estímulo mayúsculo). Si se repiten es la vía rápida al corral de 2%. La inflación no desató el drama sino la Fed. El banco central hizo lo que sugirió, y dijo lo que cabía esperar. Como la data fue muy positiva, Powell proveyó una mano de cal (y no usó los gestos amistosos de Brookings). El mapa de puntos corrigió todos los puntos en alza (las tasas de Fed funds). Estábamos avisados. Y el mapa es apenas una referencia tentativa, no un documento contractual. Pero el desánimo siguió al discurso duro de Powell, y la aridez de las proyecciones económicas, y la caída fuerte de las ventas minoristas. Conste que la bolilla negra se aprobó con creces. Noviembre mejoró el desempeño inflacionario de octubre.
La inflación de precios flexibles corre deprisa hacia la meta. Suma dos meses consecutivos de precios absolutos en baja. La variación de los últimos doce meses que supo ser de dos dígitos se encogió a 3,7%. La inflación de servicios, aunque elevada, se modera mes a mes.
Inquietud
El costo de transporte y de los servicios médicos cayó. Sin considerar los costos de los servicios de vivienda, la inflación minorista fue negativa. ¿Y qué pasa con ellos? En el margen se abaratan. En los registros, tardarán un tiempo más en aparecer. ¿Qué no gustó entonces? Nada. O quizás lo fundamental. Si la inflación se repliega así, ¿qué tan lejos puede andar una recesión severa? La Fed la niega en sus proyecciones, pero no vive de ellas y los mercados pagarán la factura real. Temían la inflación, y al ver que se resuelve, ahora se angustian por un aterrizaje brusco. ¡La hora, referí! Wall Street soportó estoica 425 puntos base de aumento de tasa, y de repente desespera porque la saga continúa. Le inquieta que el mapa de puntos eleve la tasa terminal. La recesión acecha, desde ya. Pero es el estómago, no la economía, lo que se bloquea por la amenaza de tres cuartos de punto extra. En todo caso, es el rally que muestra la hilacha de mercado bear.
EE.UU. se estancó desde que se lanzó el apretón monetario. La recesión es un hecho que el mercado de trabajo desmiente. Seamos claros, si la inflación se calma, su riesgo es menor y no mayor. Si la psicología se hace trizas, constante todo lo demás, Powell aflojará el cinto para mantener las condiciones financieras restrictivas que precisa. ¿La hora, referí? Todavía Santa Claus puede llegar y levantar la moral. Si no, lo hará Powell. En Brookings ya nos reveló su temor a la recesión (inmobiliaria) y la voluntad de no excederse. En 2018, exactamente cuatro años atrás, hizo de Papá Noel para que la normalización pos Lehman no zozobrara. ¿En qué piensa la banca central? Esta semana, la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco Nacional de Suiza, todos ellos, subieron sus tasas medio punto. Venían todos de ajustar tres cuartos en su movida anterior. Si esto no es tácita coordinación, qué es. Saben de los nubarrones en el horizonte y que hay que dosificar la presión, y atender al efecto colectivo de las subas. Se vio esta semana. Así como las carteras se rebalancean, y se reemplazan acciones por bonos, también se reacomodan las políticas.
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