La inflación liquidó al mercado alcista de 2009-2022 de Wall Street. La Fed priorizó la lucha contra la suba de precios este año, lo difundió a los gritos y el último récord del S&P 500 se clavó el 4 de enero. De ahí en más todo fue apretarse el cinturón. El fin del taper de bonos, el estreno del aumento muy agresivo de las tasas (y de la reducción tímida de la cartera de títulos) y una comunicación que machaca la necesidad de ir por más.
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Los mercados, así, ajustaron desde mucho antes que la Fed decidiera, a mediados de marzo, levantar campamento de la zona cero. La economía real también participa. El PBI se contrajo en el primer trimestre y volvió a caer en el segundo. Es una recesión “técnica”, lo que técnicamente no es aún una recesión (como la constante creación de empleo se empeña en recalcar) pero se le parece. ¿Todo, para qué? “La inflación no ha bajado nada”, bramó Loretta Mester, de la Fed de Cleveland, dos semanas atrás. Y la gobernadora Michelle Bowman se quejó: “Yo veo muy pocos signos, si alguno, de que la inflación haya tocado un techo”.
Lo pedís, ¿lo tenés? Los números de mayo y junio fueron horribles, por cierto, pero julio trajo a partir del miércoles pasado no una desmentida sino varias. La inflación de precios al consumidor dio cero en el mes; la de precios mayoristas cayó 0,5%; la inflación importada mermó 1,4% y la que EE.UU. exporta, 3,3%. No fue magia, fue la energía (aunque hay más que eso). Sus precios al consumidor que treparon 3,9% en mayo y 7,5% en junio se deslizaron 4,6% en julio. Y en agosto se hundieron más todavía. ¿Aumentó la oferta de energía? ¿Se resolvió el shock de Putin? No. Bajó la demanda (presente y esperada). No fue magia, entonces. Fue la política monetaria. Que no la despliega la Fed de la mano de Jerome Powell en soledad sino una nutrida cofradía global que necesita abatir a un mismo enemigo. Y también, el dólar fuerte.
¿Cambia el juego?
Es el primer informe de inflación positivo, sentenció Charles Evans, de la Fed de Chicago (ya se olvidó de diciembre de 2021). ¿Cambia el juego? Todo lo contrario. Lo consolida. La inflación es inaceptablemente alta. La medición núcleo -que bajó de 0,7% mensual a 0,3%- o la mediana –de 0,7% a 0,5%- son registros que hay que aplanar. Alimentos lleva siete lecturas consecutivas de 0,9% o más, y trepó 1,1%.
Es el aguijón detrás de los aumentos nominales de salarios que tanto inquietan a la Fed. La inflación interanual –8,5%- recuerda que media un gran trecho todavía para lograr la meta oficial de 2%. Es temprano para cantar victoria como dice Mary Daly, de la Fed de San Francisco, pero se transita la senda correcta y el banco central insistirá con la receta de las subas (grandes) de tasa. ¿50 puntos base o 75 para la próxima reunión? Ese es el dilema que Daly reconoce. “Estoy abierta a la opción de 75, dijo, pero con la data disponible hoy, 50 sería lo apropiado”. ¿Y hasta dónde, o cuándo? Hay confianza en el progreso del trazo grueso, pero quién sabe qué complicado será el revoque fino que conduzca a la meta precisa de 2%. Con mercados exultantes, la Fed podría tener que ir más lejos y por más tiempo.
Las condiciones financieras según las mide Goldman Sachs, después del último retoque de 75 bps, se relajaron en vez de tensarse. ¿Cambia el juego para los mercados? Tampoco. Se dobla la apuesta. El rally se acentúa. Wall Street suma cuatro semanas al hilo en alza. La estabilidad de las tasas largas, que se mantiene a rajatabla, le dio el pie inicial. El mercado bear incorporó temprano un escenario de recesión que ya no lo asusta y si la data del empleo -y los balances- lo desmienten, tanto mejor. Pero no necesita que la economía crezca. La Bolsa sube aun cuando las utilidades de las compañías ex energía ya se tornaron negativas (3,7% interanual en el segundo trimestre).
Su motor es la tesis de la recesión suave. Entiéndase además que es juez y parte. Sin una crisis financiera, sin convulsiones en los mercados ni siquiera cuando la Fed desparrama aumentos de tasas, la recuperación de la economía real (después del bache actual) luce asequible sin que haya que digerir una catástrofe. ¿Exceso de optimismo? Digámoslo así: la ambición talla más que el miedo. Y ya puso manos a la obra. El Nasdaq, entre noviembre y junio, vivió un mercado bear como Dios manda, con una caída de 34,8%. Esta semana, sin embargo, cruzó la frontera de un flamante mercado bull. Se expandió 23,5% desde su piso de junio. Son hechos concretos, y no palabras.
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