21 de diciembre 2022 - 00:00

La paternidad, desde una visión poco explorada en la literatura

Diálogo con el narrador argentino residente en España Andrés Neuman, que visitó el país para presentar su última novela, "Umbilical".

Andrés Neuman. “Umbilical” es el título de su nueva novela.

Andrés Neuman. “Umbilical” es el título de su nueva novela.

Sentimientos, emociones, reflexiones se vuelven literatura en el acompañamiento que hace un escritor del nacimiento de su primogénito, en “Umbilical” (Alfaguara) de Andrés Neuman. El narrador argentino autor de “El viajero del siglo”, entre otros, reside desde hace décadas en Granada, España, y nos visitó para presentar su nueva obra. Dialogamos con él.

Periodista: En tiempos de transformación de las relaciones, en “Umbilical” se muestra lo que siente un padre tradicional.

Andrés Neuman: No me interesaba tratar el embarazo, cómo se fecunda o cómo evoluciona la gestación, poner la modernidad frente a la tradición, sino ver cuándo y cómo empieza la paternidad. El nacimiento es un territorio del que los padres han sido en parte excluidos y en parte autoexcluidos que me interesaba pensar. Si la tradición tiene allí un silencio es porque la literatura no se ha ocupado de la relación entre hombres y bebés. Se suponía que era un territorio eminentemente femenino. En ese sentido “Umbilical”, más que una recuperación del lugar del padre tradicional en la época del posfeminismo, es una exploración en un territorio que existe en la experiencia de algunos padres, pero no en el imaginario ni literario ni audiovisual. Hay libros con padres o sobre padres, pero no desde la experiencia de la paternidad.

P.: “Umbilical” poetiza esa relación.

A.N.: Un bebé tiene una identidad y una naturaleza muy enigmáticas o difíciles de descifrar desde la sentimentalidad del varón adulto, porque es prerracional, preverbal. Es todo cuerpo, y toda vulnerabilidad, y no tiene filtro emocional, es todo llanto o todo risa. Es todo goce, serenidad o malestar. Si bien siempre hubo algunos padres, no sabemos cuántos, que se ocuparon de cambiar los pañales, hacer dormir a su hijo, dar la mamadera, pasearlo en el cochecito, lo cierto es que no hay una conversación colectiva sobre esto ni en la vida ni en la ficción. Repensar la paternidad puede abrir un campo temático y sensible que amplíe los intereses de la literatura y nos permita, por ejemplo, ver los huecos y entrelíneas de nuestras grandes figuras literarias. Quizá en el caso de tres grandes de nuestra literatura, Borges, Cortázar, Piglia, esto tenga que ver con que no tuvieron la experiencia de tener hijos.

P.: ¿Cuál fue el origen de “Umbilical”?

A.N.: Un impulso narrativo surgió de la curiosidad. Por qué cuando hay más padres que andan por la calle con su bebé, se ocupan más de las tareas de crianza, eso se ha registrado poco en el arte y la literatura. En eso vemos que el imaginario es más inamovible que las costumbres, tarda más en evidenciar lo que está ocurriendo. Por lo tanto, para ampliar las posibilidades de la vida, más que esperar que las costumbres cambien para escribir acerca de ello, es necesario intervenir en el campo imaginario. Porque el imaginario no sólo describe, sino que también prescribe, condiciona. Ampliar el imaginario es una manera de oxigenar las posibilidades de cómo nos visualizamos.

P.: ¿Qué otro impulso lo llevó a mantener activa esa meditación?

A.N.: Uno mucho más cercano, más íntimo: quería hacer un regalo de bienvenida a mi hijo. Como no se tejer, y hasta que la ciencia no pruebe lo contrario no puedo gestar, me dije: yo le tejo un librito que cuente todo eso que sabemos que no va a recordar y que es una de las claves de la condición humana. Muchas de las cosas más importantes que nos han pasado no las podemos recordar. No tenemos memoria de haber ido mutando, de haber vivido unos nueve meses dentro de madre en una calma alucinante, un milagro incomprensible. ¿Cómo es que vivís tanto tiempo dentro de alguien y cero recuerdos? El nacimiento debe ser uno de los momentos más traumáticos de la vida. Uno está calentito, nadando plácidamente, escuchando ese metrónomo tranquilizador que es el corazón de tu madre, y de pronto dejas de escucharlo, lo que era calor es frío, la oscuridad pasa a ser una luminosidad espantosa. Es mucho el sufrimiento fetal, por eso nacemos llorando.

P.: Más que literatura del yo, hace literatura del él. Busca que sus memorias sean la memoria de su hijo.

A.N.: Estoy viviendo las memorias de mi hijo, y es un desafío literario interesante, más allá de la emoción que me produce el mero hecho de escribir para mi hijo. Empezamos a recordar a los cuatro años. Siempre me interesó trabajar no con el olvido sino con el recuerdo imposible. Todo lo que cuenta “Umbilical” lo sé, la madre lo sabe, pero él no lo sabe. Él no va a recordar absolutamente nada de todo lo que nosotros vivimos con emoción, cansancio, incertidumbre, amor incondicional. Todo eso quedará registrado en algún lugar de su inconsciente, de su estructura afectiva, pero no tendrá imágenes, más allá de las fotos y videos que nosotros hagamos. Esa zona de la memoria, ante su ausencia, todos la hemos repuesto con la narrativa colectiva, la narrativa familiar, y ahí entendemos que la base de nuestra memoria está hecha de recuerdos prestados, y la gran prestadora de recuerdos es la literatura y la narrativa audiovisual.

P.: La literatura y el audiovisual han impuesto cierto tipo de padres.

A.N.: Tres fundamentalmente. El padre bíblico, autoritario, castigador, que encarna la ley, la imparte. Es el de las “Cartas a mi padre” de Kafka. Es el padre terrible al que tarde o temprano hijo o hija le ajustan cuentas o matan simbólicamente. Después está el padre ausente, que hace daño por omisión, que genera una narrativa de un protagonista que sale a buscar ese padre que no conoce, tiene “Pedro Páramo” como emblema. El tercero es el padre heroico, omnipotente, que tanto le gusta a Hollywood, y que guarda el secreto de su vulnerabilidad. Fuera de esos arquetipos está el padre más cotidiano, el que está, el que se equivoca, el que trata de ayudar, el que teme, el que busca amar bien.

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