En cuarentena: cómo superar el "no me entendés" de los adolescentes

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Si la adolescencia es habitualmente una etapa crítica de la vida, este período de pandemia multiplica los escenarios de conflicto, pero también ofrece oportunidades infrecuentes.

La cuarentena más larga del mundo está generando una convivencia intensiva entre padres, madres y adolescentes como no se veía ni se verá en muchos años. Adultos y jóvenes trabajando y estudiando en y desde casa puede haber puesto a muchas familias frente a exigentes límites relacionales.

Vos no me entendés; no se puede hablar con vos

Si la adolescencia es habitualmente una etapa crítica de la vida en la que se desafía la autoridad paterna y materna para buscar las propias convicciones e identidad; este período de pandemia multiplica los escenarios de conflicto, pero también ofrece oportunidades infrecuentes.

¿Cómo tratar con los adolescentes cuando plantean que no se sienten comprendidos y rechazan las soluciones que, como padres y madres, se les proponen para abordar sus problemas? ¿Es posible aprender habilidades que ayuden a superar las tensiones y crear ambientes más constructivos para dialogar? ¿Cómo se puede generar un clima emocional positivo?

Si con demasiada frecuencia escuchamos con tono de denuncia un “no me entendés”, la psicología puede abrir un camino para mejorar esa relación: se trata de la validación. Consiste en comunicar que las emociones, los pensamientos, las sensaciones físicas y las creencias del otro tienen sentido y serán tenidas en cuenta sin subestimar o trivializar la vivencia del o la adolescente.

Cuando validamos a una persona, juntamos crédito para luego poder proponerle soluciones a sus problemas o conductas concretas y aumentar las posibilidades de que sean recibidas con apertura e interés. Por esto, funcionan mejor las relaciones en las que se valida muchas veces y se sugieren pocas cosas.

Validar no es fácil. Por eso, compartimos seis claves para trabajar la predisposición de escucha activa, evitando emitir juicios o pasar a resolver problemas concretos, y terminar en el famoso “no me entendés”. Si, leyeron bien: no intenten resolver o calmar, al menos de entrada. Intenten más bien pasar por varias de las siguientes etapas:

  • Escuchar prestando atención.
  • Reflexionar: conviene repetir lo que dijo la otra persona para estar seguros de haber entendido correctamente lo que quiere transmitir, siempre evitando juzgar, ya sea mediante el lenguaje o el tono de voz.
  • Leer lo no dicho, implica prestar atención observando su lenguaje corporal y gestual.
  • Comprender, confirmando a través de preguntas breves o frases amables lo que siente la otra persona, lo que piensa y entendiendo que lo que hace tiene sentido de acuerdo a sus experiencias pasadas y a su situación actual.
  • Reconocer lo válido, considerando los pensamientos y los actos del o la adolescente como respuestas válidas ya que se ajustan a los hechos actuales y son una respuesta lógica desde su realidad.
  • Demostrar igualdad: si bien el vínculo entre padres y madres e hijos es asimétrico, el trato debe ser simétrico -tratarlos con respeto y amabilidad, tomando seriamente todo lo que dicen.

Todo esto no implica darles la razón necesariamente, validar significa esforzarse activamente por empatizar, por entender la postura del otro.

Quiero validar a mi hija, pero no me sale

La estrategia de validación es contraintuitiva. En nuestra cultura occidental estamos muy orientados hacia la resolución de problemas y poco hacia la escucha. Por esto, hace falta entrenar estas habilidades: padres y madres pueden recurrir a técnicas como el “role-playing” o “ensayo conductual”, es decir, practicar qué palabras usar, qué tono es conveniente, qué gestos ayudan más.

Menos AJÍ, más escucha y menos castigos

En este sentido, surge la pregunta sobre los “castigos” o las “penitencias”. Está comprobado que el castigo no mejora la conducta sustancialmente, a pesar de que hay toda una cultura con reglas como “la letra por sangre entra”. Es más efectivo anticipar al adolescente qué se espera de él o ella y cuáles serán las consecuencias de su conducta, tanto positivas como negativas.

Siempre es más efectivo manejarse con consecuencias positivas y brindar la oportunidad de reparar su conducta. El incentivo más efectivo para modificar la conducta de cualquier ser humano es brindar nuestro propio tiempo y atención. Si los adolescentes sienten que sus emociones y pensamientos son tenidos en cuenta, validados y valorados, su desempeño mejorará significativamente.

Un último consejo que suele darse a las familias a la hora de fortalecer el vínculo con sus hijos: se la llama la regla “AJI”, nombre informal, pero práctica muy efectiva: “No aconsejes, no juzgues, no interpretes”. Estas tres reglas ayudan a validar y desarrollar una relación abierta. En esta etapa es esencial escuchar mucho (dos oídos) y hablar poco (una boca), para que lo que se diga sea escuchado y valorado.

(*) Médico Psiquiatra (M.N. 136.783) y Director del Centro Integral de Salud Mental Argentino (CISMA). Este artículo contó con la colaboración de Guillermina Peroni, psicóloga clínica (M.N. 57.524) y encargada de Orientación Familiar en CISMA.

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