6 de febrero 2022 - 00:00

Copa Africana de Naciones: el torneo que reivindica el orgullo negro

A pesar de las presiones de la FIFA y las federaciones europeas el campeonato continental se definió este domingo en Camerún. La Ligue 1 de Francia cedió a 51 jugadores, la Premier League de Inglaterra a 38, la Serie A de Italia a 22 y la Liga Española a 11.

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El delantero, que hace algunos meses portaba un arma para combatir en la milicia rebelde de Sierra Leona, intentó desbordar por derecha. El lateral izquierdo – exsoldado del gobierno- lo miró fijo, le cruzó el cuerpo y se quedó con la pelota. El wing derecho cayó al suelo y el defensor dejó de pensar en el esférico para postrarse sobre su cuerpo ante el enojo de un extranjero que estaba en la tribuna.

En las banquetas, que hacían las veces de platea, estaba Chema Caballero que vivió 20 años en Sierra Leona y dirigió el Programa de Rehabilitación de Niños Soldados. Es un héroe nacional por su rol activo para evitar que menores de edad combatan en la Guerra Civil, por ser una protagonista clave en el proceso de paz luego del desarme de las tropas del gobierno y del RUF (Frente Revolucionario Unido) y, sobre todo, por testificar en La Haya en el juicio contra Charles Taylor, expresidente de Liberia y uno de los responsables de las decenas de miles de muertos en la guerra de Sierra Leona.

No entendía la escena, no era falta ni en Sierra Leona ni en su España natal. Quería que el juego continuase hasta que un local le dijo, como quien dice un chisme de barrio en una esquina asfaltada: “Se están pidiendo perdón por lo sucedido en la guerra”.

“Me quedé duro, ese era uno de los objetivos de los torneos de fútbol que organizábamos, pero nunca imaginé algo semejante”, nos cuenta Chema más de 15 años después desde Madrid, donde hace base cuando no está en algún país de África. Chema era cura, pero dejó los hábitos y hoy es escribidor, mote que prefiera antes de llamarse periodista. En una de sus últimas notas para Mundo Negro, la primera publicación periódica sobre África en España, habló de las presiones de Europa y la FIFA para boicotear la Copa Africana de Naciones.

Las razones, escribe Chema, son la cantidad de clubes que se ven obligados a dejar ir por un mes a los futbolistas llamados por sus selecciones. La Ligue 1 de Francia liberó a 51 jugadores, la Premier League de Inglaterra a 38, la Serie A de Italia a 22, la Liga Española a 11 y la Bundesliga de Alemania a 10. Aunque hay otra clave que esboza y tiene que ver con los réditos económicos para la FIFA: mientras que la Eurocopa generó por derechos de televisión, ingresos comerciales y venta de entradas 1.920 millones de euros, la última Copa de África alcanzó tan solo los 45.

El debate en el viejo continente fue in crescendo y la mirada meramente lucrativa de clubes y dirigentes buscó imponerse, dejando de lado una perspectiva más amplia e ignorando matices que hacen de este campeonato un evento muy especial. El primero tiene que ver con el talento: participan, por ejemplo, el máximo goleador de la inglesa – Mohamed Salah de Egipto- el arquero menos batido de la liga española – Yassine Bonou de Marruecos- y el segundo arquero menos vencido de la liga inglesa, Edouard Mendy de Senegal. El segundo son los contextos.

Sierra Leona fue suspendido de las competencias de la FIFA en 2018, porque el Gobierno de turno intercedió en la federación de fútbol y destituyó a la empresaria- y por entonces presidenta de la asociación- Isha Johansen. En 2019 se reinsertó en los torneos internacionales y en 2021 coronó su clasificación a la Copa África, logro que no conseguía desde 1996, cuando aún quedaban casi seis años para que finalice la Guerra Civil.

El país, que se encuentra entre los siete con el PBI per cápita más bajo según Statista, vivió momentos de algarabía cuando empató contra Argelia y Costa de Marfil. Justamente, de Costa de Marfil es Sébastien Haller - delantero del Ajax y goleador de la actual Champions League– que expuso lo relegado que está el torneo continental africano, no solo para la FIFA sino también para los medios:

“¿Si prefiero quedarme en el club en enero o jugar la Copa de África con mi país? Esa pregunta muestra toda la falta de respeto que tienes por África. ¿Le harías esta pregunta a un jugador europeo antes de una Eurocopa? Por supuesto que voy a ir a pelear por Costa de Marfil”, sentenció ante la insulsa pregunta de un periodista de los Países Bajos.

El otro equipo que integró el Grupo E fue la selección de Guinea Ecuatorial, uno de los dos países que tiene al español como lengua oficial en África. Los ecuatoguineanos truncaron el sueño sierraleonés de pasar a la siguiente fase, ganándoles 1-0. Luego superaron a Mali y en cuartos de final perdieron frente a Senegal. Los Leones de Teranga – la selección senegalesa de fútbol – cuenta no solo con uno de los planteles más talentosos del torneo sino con dos de los máximos exponentes del orgullo africano en el fútbol actual.

Su entrenador, Aliou Cissé, fue el único director técnico negro en la última Copa del Mundo y criticó la lógica de la mayoría de las seleccionas africanas de contratar entrenadores de otros continentes por altas sumas de dinero y pocos resultados deportivos. Más cerca en el tiempo su capitán, Sadio Mané, tuvo que hacer oídos sordos a los reproches de Jurgen Klopp, el DT alemán del Liverpool inglés, que se quejó ante la ida algunas piezas claves de su equipo y sugirió que el calendario de la CAN (Copa de Naciones Africana) no alienta a los clubes europeos a seguir incorporando a jugadores africanos.

A 1.416 kilómetros de distancia de Senegal se encuentra Burkina Faso. Uagadugú, su capital, fue la ciudad donde nació Ismahila Ouédraogo que anotó el penal definitorio para que su selección clasificara a los cuartos de final del torneo que se juega en Camerún. En Uagadugú, también y en paralelo, se concretó el segundo golpe de estado que el país sufre en siete años, y el séptimo de su historia.

Treinta y seis son las horas que tardarías si quisieras viajar en auto desde el vestuario del Estadio de Limbé, donde se concretó la hazaña, hasta el epicentro del conflicto bélico. Exactamente 2.062 kilómetros separan los festejos alocados de los jugadores del motín de los militares. Casi una semana después el equipo burkinés dio un paso más y clasificó a las semifinales del torneo. Los jugadores alzaron sus puños en forma de protesta y reclamaron por la paz en sus tierras.

El fútbol, sobre todo en África, contrabandea alegrías y sueños, y da herramientas - al menos por un momento –para salvar lo que parece insalvable. La Copa de las Naciones Africanas es un poco eso, aunque a Europa le cueste entenderlo.

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