Un caso muy estudiado por los científicos era la misteriosa formación de Jabal Arkanu, la cual está en lo más profundo del Sáhara libio y que tardó millones de años en poder formarse.
Gracias a unas imágenes satelitales se pudo descartar teorías y revelar su verdadero origen geológico.
Los anillos de Jabal Arkanu destacan por su forma en pleno desierto del Sáhara.
Un caso muy estudiado por los científicos era la misteriosa formación de Jabal Arkanu, la cual está en lo más profundo del Sáhara libio y que tardó millones de años en poder formarse.
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Eran anillos de piedra perfectos, que llamaban la atención por su gran tamaño y que gracias a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y a las nuevas investigaciones geológicas que se realizaron analizando unas nuevas imágenes satelitales, se pudo descubrir cuáles eran los procesos naturales que hicieron que se formen estos relieves rocosos.
La NASA fue un actor determinante para poder comprender esta formación. Mediante imágenes captadas desde la órbita terrestre, se pudo dimensionar con una mayor precisión la escala y simetría que tenían los anillos. Las fotografías tomadas desde el espacio muestran una estructura casi perfecta, con círculos concéntricos. Esta perspectiva permitió no solo confirmar la magnitud del hecho, sino que también identificar a los patrones geológicos que no son visibles a simple vista.
Los anillos se elevan sobre las llanuras desérticas con una simetría casi perfecta, lo que hizo sospechar a los científicos que era fruto del impacto de un meteorito. La lógica parecía muy lógica ya que las estructuras circulares de gran escala suelen asociarse a cráteres de impacto, especialmente cuando tieenen simetría y dimensiones tan gigantescas. Pero las investigaciones modernas demostraron todo lo contrario.
Las imágenes corresponden a registros obtenidos por misiones espaciales, que incluyen observaciones realizadas desde la Estación Espacial Internacional. Los astronautas capturaron vistas detalladas de distintas regiones del planeta.
El análisis de estas imágenes, combinado con datos geológicos, permitió descartar definitivamente la hipótesis del impacto de meteoríto. En su lugar, se formó la idea de un sistema complejo de anillos hecho por materiales ígneos, principalmente el basalto y el granito.
Los científicos, geólogos y astrólogos descubrieron que estos anillos gigantes habían sido moldeados completamente por las fuerzas internas de la Tierra, formados a través de repetidas erupciones de magma ascendente y esculpidos a lo largo de millones de años por los vientos del desierto.
Los procesos que dieron origen a Jabal Arkanu no ocurrieron de manera abrupta, sino que se fue formando a los largo de millones de años.
El fenómeno está compuesto por anillos de roca ígnea que se formaron a partir de magma, que ascendió desde el interior de la Tierra. Con el paso del tiempo, estas estructuras se fueron modificando por la erosión, especialmente por la acción del viento, un agente clave en el modelado del paisaje.
A todo esto se le suma una formación geológica en forma de “sombrero”, que apunta hacia el norte y está compuesta por capas de arenisca, caliza y cuarzo. Esta combinación de materiales aporta todavía una mayor complejidad al conjunto y la hace mucho más rara y única dentro del registro geológico regional.
En términos de escala, Jabal Arkanu también es impresionante. Sus crestas alcanzan casi los 1.400 metros sobre el nivel del mar y se elevan aproximadamente 800 metros por encima de las llanuras circundantes.
Durante muchos años, la falta de información y la dificultad de acceso a la región permitió que se formen muchas teorías, que iban desde eventos catastróficos hasta explicaciones más vinculadas a fenómenos externos, lo que contribuyó a que se vea como un misterio.
Pero gracias a el avance de la tecnología satelital y el trabajo conjunto entre distintos científicos de diferentes ramas, se puso reconstruir con mayor grado de detalle la evolución de este complejo acontecimiento geológico.
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