Por qué escuchamos a Lou Reed: Walter Lezcano se sumerge en la obra del "Rey de Nueva York"

Lifestyle

En su nuevo libro, el escritor indaga en las influencias literarias del icónico músico neoyorquino. "Lou Reed fue una de mis obsesiones desde chico", afirma.

¿Por qué escuchamos a Lou Reed? La pregunta admite tantas respuestas como facetas convivieron en el músico neoyorquino. Desde el adolescente al que sus padres sometieron a electroshock para "curar" sus desviaciones sexuales, hasta el graduado universitario que musicalizó la obra de Edgar Allan Poe, la narrativa de Lou da vida a un cóctel explosivo de historias bellas y oscuras por igual, que lo ubican como el tripulante de un viaje creativo inédito, con una ciudad peligrosa y marginal como trasfondo.

En "Por qué escuchamos a Lou Reed" (Gourmet Musical, 2020), el escritor, periodista y docente Walter Lezcano ensaya sobre las influencias literarias de "El Rey de Nueva York" -tal como lo definió David Bowie- y en cómo impactaron en su vasto legado musical. Las calles, Andy Warhol, el Pop, las drogas, la Generación Beat, Delmore Schwartz y el derrotero de un poeta fuera de serie, en diálogo con el autor del libro.

Periodista: ¿Qué te motivó a escribir sobre Lou Reed?

Walter Lezcano: Hay algo de lo obsesivo que uno tiene con los artistas. Lou Reed fue una de mis obsesiones desde muy chico. Te diría que desde mi ingreso al rock. Yo entré a Lou Reed con "Transformer, fue una buena semana porque me compré ese disco y "Horses", de Patti Smith. En el 2000 me compré "Atraviesa el fuego", todas sus letras. Ahí me pude meter muchísimo más en lo que significaba el trabajo con la palabra que él hacía y que yo traducía muy precariamente con diccionarios del colegio. Empecé a entender la operación estética de Lou. Eso se sumaba al aura en su proyección en cuanto a rockero. En él había dos elementos: era como una especie de callejero con biblioteca. Siempre es interesante la persona que sabe dónde comprar la buena droga y dónde comprar los buenos libros. Había algo que se juntaba ahí, en la figura de Lou.

P.: ¿Cómo conviven en Lou el artista de culto con la estrella de rock?

W.L.: La figura de culto es como la continuidad de The Velvet Underground. Gracias a Transformer puede atravesar un período con cierto éxito hasta fines de los 70's. Hasta el disco "New York", él no puede volver a conquistar esa especie de mirada de cierto público que se extendía de la gente que lo seguía. Esta cuestión de figura de culto le dio la posibilidad de ser mucho más libre. Con el almanaque de nuestro lado, podemos entender que discos raros como "Metal Machine Music" son discos de transición; esos discos donde los músicos buscan hasta que finalmente decanta en algo.

P.: Bueno, la Rolling Stone calificó al disco "Berlín" como el fin de la carrera de Lou.

W.L.: También está la famosa crítica de Grey Marcus diciendo "¿qué mierda es esto?" por un disco de Bob Dylan. Hay algo ahí que permite vislumbrar de qué forma la crítica siempre es el investigador o detective de un crimen que nunca termina de resolver, y recién es muchos años después cuando finalmente entiende el sentido de una obra. Gente como Lou Reed, Bob Dylan, Leonard Cohen o Bowie, muchas veces es malinterpretada por su presente y revalorizada mucho después. "Berlín" se presentó 30 años más tarde, porque en su momento generó mucho rechazo. Eso también es una demostración de por qué me obsesionaba Lou. Hay una resistencia impresionante que ya excedía el marco del género rock: la camperita, las drogas, tocar la guitarra, sino el rock como cultura para generar anticuerpos contra el horror de la sociedad y el mundo.

Por qué escuchamos a Lou Reed.

P.: En el libro empezás contando que Lou Reed se negó a participar en un homenaje a las víctimas del 11-S. ¿Por qué elegiste esta anécdota?

W.L.: Por un lado, mostraba la ética laboral de Lou Reed; frente a la tragedia, la única que queda es fugarse hacia adelante, hacia la belleza; hacia el tipo de belleza particular que siempre buscó Lou Reed. Por otro lado, porque el rockero, según Lou Reed, es el que se contrapone y lucha contra el poder dominante. En ese momento, el poder dominante era rendirse ante ese acontecimiento planetario que implicaba el fin del siglo XX y el comienzo de una era nueva de terrorismo. Él, con ese rechazo ante las lamentaciones que había, muestra cómo entendía la cultura rock: seguir adelante pase lo que pase. No hay ningún tipo de barrera que frene a un rockero. En ese sentido es una experiencia vital escucharlo a Lou Reed y entender estos acontecimientos.

P.: Reed se recibió en la universidad, pero también recibió terapia de electroshock. Era un académico con una historia marginal.

W.L.: Y sumo un elemento más: en los años 70, con los éxitos de "Transformer" y "Sally Can't Dance" a cuestas, iba a los tugurios más infectos de Nueva York, ese circuito que rodeaba el CBGB, a buscar prostitutas trans y "chulos". Con eso conseguía material para seguir escribiendo. Incluso tuvo a Silvia, su compañera trans. Una estrella de rock conviviendo con una chica trans era una anomalía absoluta. Son decisiones admirables. A fines de los 80, cuando ya estaba casado con Laurie Anderson, renegó un poco de ese pasado de explorador sexual. Eso también hace que sea un tipo jodido, complejo. Tiene muchas capas de sentido que se resisten a una etiqueta única.

P.: ¿Incluso en épocas donde emergía el glam y había bandas como los New York Dolls que se travestían?

W.L.: A mí siempre me interesó el verosímil de los movimientos que me conmovieron dentro del rock. Yo tuve la posibilidad de hablar con gente que vivió en la Nueva York de los 70 y me decía que en realidad el punk y el glam eran muy minoritarios. No ibas a la verdulería y el verdulero estaba con tachas y una peluca fucsia. El afán mitológico de los documentales de rock de generar esos mitos hace que perdamos de vista que gente como Lou Reed, por más que tuviera cierto éxito, era absolutamente rechazada por parte de la sociedad. Había que tener la piel muy dura para seguir adelante. Salvador Benesdra tiene una frase muy hermosa que dice "el secreto de la vida es llegar hasta el final"; creo es una de las búsquedas de Lou.

P.: En el libro le das un lugar importante a Delmore Schwartz, mentor literario de Lou Reed. ¿Cuánto le aportó a su obra?

W.L.: Hay algo de exploración de un mundo que para Lou era desconocido, que eran las grandes obras de la literatura. Gracias a Schwartz, pudo comprender mejor cuál era la verdadera complejidad y por qué eran grandes obras. Por qué eran importante Shakespeare, Allen Ginsberg; tener elementos teóricos de percepción y construir una intuición sobre qué significa un material literario elevado en contraposición a uno precario. Ahí vos podés entender cómo una canción que está hecha con un minimalismo muy exquisito como "Heroína" puede conquistar una trascendencia en el tiempo. Eso es gracias a las enseñanzas literarias de Delmore Schwartz. Siempre me llamó la atención que no se le prestara tanta atención a eso. El escritor de canciones que es Lou Reed llegó casi con todo su arsenal a la Velvet. Cuando le muestra las canciones Andy Warhol, Andy le dice "estas canciones cantalas tal cual están escritas", con las malas palabras y todo, algo que era medio revolucionario. Todo eso lo trajo con Delmore Schwartz, que también era un borracho, un tipo al que le dieron laburo casi de lástima, como para que no muera en la calle. Ahí también vas comprendiendo un poco el recorrido vital de Lou y el tipo de conjugación de elementos diversos que tenía. Ese tipo de campo de batalla amplio hace de Lou Reed una mente que funciona por afuera de lo habitual.

P.: No era un improvisado.

W.L.: Era un tipo jodidísimamente preparado. Sabía quién era Ornette Coleman y quién era Bob Dylan. También le gustaba el Doo-Wop, que en EEUU se consideraba como lo más grasa del pop de los 50. Ese era Lou Reed, un tipo romántico que nunca sonreía.

1.jpg
Walter Lezcano.

Walter Lezcano.

P.: ¿Qué te deja este libro?

W.L.: Hay algo que me enamoró del texto "Roberto Arlt, yo mismo", de Óscar Masotta, donde él cuenta que escribiendo sobre Arlt descubrió cosas de sí mismo. Piglia decía que la crítica literaria es una de las formas de la autobiografía. Escribir sobre Lou Reed también es tratar de entender por qué te gusta Lou Reed; cuáles son los elementos tuyos que están puestos ahí cuando una canción te hace descubrir parte de la experiencia humana que de otra forma no hubieses podido explorar. Hablo de cosas hermosas como "Satélite de amor" u horrorosas como coger a tus padres (hay una canción que se llama así). Hay algo ahí de la posibilidad de acercarte hacia partes de tu vida que un poco te incomodan de vos mismo; partes que no conocés. Hay una parte de querer escapar y encontrarte siempre con tus propios problemas.

P.: ¿Un ejercicio de autoconocimiento?

W.L.: Pero la palabra no es esa, porque eso lo acerca un poco a la autoayuda. Es un poco más perturbador que eso. El autoconocimiento parece confortable, lo que yo digo es "por qué me gusta alguien que iba a en contra de sus padres porque sus padres le metieron electroshock para que se le "pase" lo homosexual. Es como esa frase que dice vos creés que estás mirando el abismo, pero el abismo también te está mirando. Con ese tipo de universos, artistas que tienen el tamaño del universo, te metés en zonas de perturbación muy grandes, que tienen que ver con mirarte al espejo y no entender qué estás mirando.

Dejá tu comentario