Amahazi Miyuki emprende un viaje como tributo a su esposo Katsuro, muerto ahogado en el río Kusagawa. Antes de partir, un sacerdote la bendice con una rama de pino y le asegura que podrá reanudar su vida si demuestra gratitud a los dioses, quienes le infundirán fuerza y valor. Esa es la premisa de La oficina de estanques y jardines, la novela de Didier Décoin publicada en 2017 y definida por Le Figaro Littéraire como "una historia de perfumes y de lodo, de cortesanos y plebeyos, de sensualidad y violencia". El libro inspiró en 2025 una importante muestra de Mónica Canzio en el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA, reseñada en esta columna bajo el título El equilibrio de la señora Miyuki.
Mónica Canzio y la poética de reconstruirse
Inspirada nuevamente en la novela La oficina de estanques y jardines, Canzio presenta una exposición profundamente autobiográfica, donde el fuego, el mar y los recuerdos familiares dialogan con la filosofía japonesa del cambio constante.
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La exposición reúne dibujos, pinturas, redes de pesca impresas sobre tela y papel, además de fotografías del mar tomadas durante momentos felices.
Canzio vuelve ahora a dialogar con ese universo literario, aunque desde una experiencia profundamente personal. Mientras preparaba su nueva exposición, Cada día, un incendio destruyó parte de su taller. Varias obras lograron salvarse y, sin la intervención de ningún sacerdote ni de una rama de pino, la artista decidió continuar trabajando con la misma fortaleza que la protagonista de Décoin. El texto curatorial, a cargo de Marina de Caro, enlaza ese episodio con la resiliencia y la capacidad de seguir adelante.
La muestra también se nutre de la memoria familiar. El padre de Mónica solía navegar y pescar junto a su familia; como escribe poéticamente Marina de Caro, lo hacía "para sentirse pez". El agua aparece entonces como un hilo conductor que une el recuerdo, el duelo, la reconstrucción y la creación artística.
Canzio reconoce que, tras el incendio, eligió no paralizarse. Prefirió celebrar la posibilidad de seguir compartiendo la vida con su familia y continuar produciendo. Por eso Cada día puede leerse como una muestra profundamente autorreferencial, donde confluyen la experiencia íntima, el taller y la propia obra.
La exposición reúne dibujos, pinturas, redes de pesca impresas sobre tela y papel, además de fotografías del mar tomadas durante momentos felices. Al pensar en el mar resulta inevitable recordar otro pasaje de Décoin, cuando intenta explicárselo a un niño que nunca lo había visto: "¿Por dónde empezar? ¿Por el sabor salado, el movimiento de las olas, el color indeciso, el ronquido inmenso, la profundidad o la inmensidad?".
El mar de Canzio no busca describirse: se experimenta. Es el agua que salpica, la alegría compartida y la memoria que permanece. Marina de Caro vincula ese espíritu con la filosofía japonesa Kaizen, basada en la idea de que los pequeños cambios constantes permiten avanzar. Kai significa cambio y zen, para mejor. Quizá esa sea también la clave de esta muestra. Después del incendio, alguien le dijo a la artista: "Un siniestro no es una tragedia". Ella hizo de esa frase una forma de seguir creando.
Cada día inaugura el 1° de julio a las 18.30 en Otto Galería (Paraná 1158).
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