Antes de la llegada de la electricidad, el descanso nocturno era muy diferente al actual. El historiador del sueño Roger Ekirch, tras analizar más de 2.000 referencias en textos antiguos, concluyó que durante siglos fue habitual dormir en dos etapas.
Por qué muchas personas se despiertan a las 3 de la mañana y cómo mejorar el descanso, según los especialistas
Despertarse en plena madrugada y no poder volver a conciliar el sueño suele interpretarse como un problema propio de la vida moderna. Sin embargo, investigaciones recientes y registros históricos indican que este fenómeno responde a mecanismos biológicos y hábitos que acompañan al ser humano desde hace siglos.
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Muchas personas se despiertan a las 3 de la mañana.
Las personas se acostaban poco después del anochecer, despertaban durante un tiempo en mitad de la noche y luego volvían a dormir hasta el amanecer. Ese período de vigilia se utilizaba para conversar, realizar tareas domésticas o incluso visitar vecinos.
Con la Revolución Industrial y la expansión de la luz artificial, ese patrón comenzó a desaparecer y se instaló la idea de que lo normal era dormir de manera continua durante toda la noche.
Qué ocurre en el cuerpo mientras dormimos
La ciencia explica que el sueño está dividido en ciclos de entre 90 y 110 minutos, que alternan fases de sueño ligero, sueño profundo y sueño REM.
Durante las primeras horas predomina el sueño profundo, mientras que hacia la madrugada aumentan las fases más livianas. Por ese motivo es mucho más fácil despertarse espontáneamente en las últimas horas de la noche.
A esto se suma el comportamiento del cortisol, la hormona que prepara al organismo para despertar. Un estudio publicado en 2025 demostró que sus niveles comienzan a elevarse antes del amanecer independientemente de que la persona permanezca dormida o despierta.
Por qué muchas personas se despiertan alrededor de las 3 de la mañana
Los especialistas señalan que no existe una única explicación. En muchos casos intervienen factores biológicos, como las variaciones hormonales, el ritmo circadiano o una disminución de los niveles de glucosa durante la noche, que puede estimular la liberación de cortisol y generar un estado de alerta.
Según Harvard Medical School, también pueden influir situaciones específicas como la transición hacia la menopausia, el consumo de alcohol o cafeína antes de dormir, así como realizar cenas demasiado livianas o muy tempranas.
Los hábitos cotidianos también desempeñan un papel importante. El consumo de alcohol antes de acostarse, las comidas abundantes a última hora del día, las siestas prolongadas y el exceso de cafeína alteran la continuidad del sueño y favorecen los despertares.
Algunos medicamentos también pueden modificar la arquitectura del descanso. Entre ellos se encuentran determinados antidepresivos, fármacos para la hipertensión, medicamentos para el resfrío y corticosteroides. En esos casos, los especialistas recomiendan consultar con el médico antes de realizar cualquier cambio en el tratamiento.
Existen además distintas enfermedades que pueden fragmentar el sueño, como la ansiedad, la depresión, la apnea del sueño, el dolor crónico o la necesidad frecuente de orinar durante la noche, especialmente en hombres con agrandamiento benigno de la próstata.
La edad también modifica el reloj biológico. Con el envejecimiento es habitual acostarse y despertarse más temprano, además de experimentar más despertares durante la madrugada.
Cómo afecta dormir de forma interrumpida
Cuando estos despertares son frecuentes y dificultan volver a dormir, pueden aparecer cansancio diurno, problemas de concentración y alteraciones del estado de ánimo.
Los especialistas advierten además que el insomnio sostenido puede aumentar el riesgo de desarrollar obesidad, hipertensión arterial y diabetes tipo 2.
A esto suele sumarse un componente psicológico: la preocupación por no poder dormir genera ansiedad, y esa ansiedad favorece nuevos episodios de insomnio.
Qué recomiendan los especialistas para dormir mejor
Los expertos de Harvard Medical School aconsejan mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, reducir el uso de pantallas antes de dormir y procurar que el dormitorio permanezca oscuro, silencioso y con una temperatura agradable. También recomiendan evitar la cafeína durante la tarde y las comidas pesadas cerca de la hora de dormir.
Si una persona permanece despierta durante unos veinte minutos sin poder volver a conciliar el sueño, lo más conveniente es levantarse, realizar una actividad tranquila y regresar a la cama cuando reaparezca el sueño.
Cuando estas medidas no resultan suficientes y el problema se vuelve persistente, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio aparece como una de las herramientas más eficaces para recuperar un descanso saludable.
La evidencia disponible indica que despertarse una o varias veces durante la noche puede formar parte del funcionamiento normal del organismo. La diferencia está en la frecuencia con que ocurre, el tiempo que demanda volver a dormir y el impacto que esos despertares tienen sobre la calidad de vida durante el día.





