Mondo Salamone: del éxito en redes sociales a cumplir el sueño del libro propio

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Luego de años retratando la obra de Francisco Salamone, el realizador Martín Aurand acaba de lanzar un foto libro titulado "Vistas de la pampa salamónica". El lunes lo presenta en la Biblioteca Nacional.

Martín Aurand identifica su fascinación por Francisco Salamone en el 2007. Dirá, en julio del 2021 y ante este medio, que conocer el cementerio de Azul fue lo que lo acercó a Salamone. Esa revelación tuvo como deriva "Mondo Salamone", un distinguido proyecto de redes sociales en el que Aurand invita a conocer el legado del misterioso arquitecto italiano.

La iniciativa tomó una magnitud considerable: más de 11 mil seguidores en Instagram, casi 6.000 en Twitter y otros tantos en Facebook. Después de recorrer miles de kilómetros, visitar y revisitar pueblos y ciudades y compartir cientos de fotos, su fundador decidió ir un paso más allá y compilar su trabajo en un libro. Se llama "Vistas de la pampa salamónica", y es una selección exquisita de imágenes de las obras de Salamone y del entorno que las rodea.

"No quería que fuese el típico libro de arquitectura con fotos de los edificios de Salamone, con primeros planos y eso, sino que era muy importante que hubiese fotos de las localidades, del entorno natural. De todo lo que rodea las obras, que no es Salamone literalmente, pero que hace muchísimo a la obra. Que fuese un libro de viaje", cuenta Aurand a Ámbito, en vísperas de la presentación oficial, que será el lunes en la Biblioteca Nacional.

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Periodista: ¿Cómo fue el tránsito entre la idea de hacer el libro y su publicación?

Martín Aurand: En algún momento de la cuarentena, amigos y conocidos me empezaron a acercar a gente -diseñadores y gente que tenía que ver con el ámbito editorial- para que tuviera entrevistas. Ahí empecé a tener un poco más de idea de costos y diseño. Empecé a tomar más en serio la idea. Finalmente lo que sucedió fue que yo había hecho una serie de risografías en 2020 con un muchacho llamado Mateo Barbuzzi. Él es fotógrafo y edita sus libros, tiene una especie de editorial que se llama Club del Prado. Alguien me contactó con él, yo hice las risografías y le pregunté si se animaba a diseñar el libro, porque me gustaba la estética que manejaba, mucho más minimalista y no tan académica. Recién hablamos en abril del año pasado y cuando se lo propuse, él se estaba por ir a vivir a México. Le dije que sí igual. Para ese momento ya había tenido varias entrevistas y no me terminaba de convencer nadie. Con él veníamos laburando bien.

P.: ¿Pudieron trabajar a la distancia?

M.A.: Nos manejamos a través de videollamadas y mails. En mi cabeza tenía la idea de que el libro fuera de 100 páginas; 200 como mucho. A medida que me mandaba maquetas por mail, nos fuimos entusiasmando, hasta que tuvo el tamaño que tiene el libro. Se nos fue un poco de las manos, pero tampoco se nos ocurría que lo pudiéramos mutilar mucho. Fue pensado como una suerte de libro de viaje y nos cerraba así como estaba. Para mí era un desafío por el tema de los costos y porque no sabía cómo se podía imprimir. Estaba muy lindo en el PDF, pero ¿cómo lo materializamos? Realmente fue imposible sacarle muchas páginas o recortarle.

P.: Terminaron siendo más de 400 páginas.

M.A.: 472, si no me equivoco. Una de las últimas maquetas llegó a tener quinientas y algo, pero ahí sí le sacamos bastante. Quedó grandecito. Tomamos la decisión de no enumerar las páginas, porque que queríamos que no hubiera ninguna distracción en la página. Que estén las fotos y el textito, en el caso de las páginas que lo tienen, y listo. Que nada te distraiga de eso.

P.: ¿En qué te basaste para elegir las fotos?

M.A.: Eso fue bastante tedioso. En principio, dije 'voy a tomar como base las imágenes que compartí en todos estos años en las redes'. Eran como 3.000 más o menos. A partir de ahí, tuve que limpiar para quedarme con poco menos de 1.000. Todo lo que fue el diseño se lo entregué por completo a Mateo. Sí había un eje, en el que estábamos los dos de acuerdo, que era el tema de darle mucha importancia al entorno. Que no fuese el típico libro de arquitectura con fotos de los edificios de Salamone, con primeros planos y eso, sino que era muy importante que hubiese fotos de las localidades, del entorno natural. De todo lo que rodea las obras, que no es Salamone literalmente, pero que hace muchísimo a la obra. Esa fue la idea.

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P.: Para editar "Vistas de la pampa salamónica" usaste como referencia el libro del Archivo de la Memoria Trans. ¿En qué te sirvió?

M.A.: Esa referencia vino al final del proceso. El libro sufrió unas demoras de unos meses. Yo lo señé a principios de año en la imprenta y se demoró varios meses por la falta de ese papel en el país. Entre tanto tiempo muerto que hubo, en un momento, como no nos podíamos ver en persona con Mateo, nos tirábamos referencias de libros. En un momento surgió la referencia del libro del Archivo de la Memoria Trans por el papel que usaron. Es un libro que debe tener 350 páginas. Mateo me sugirió dejar el lomo descubierto y le dije que sí, porque si no iba a quedar un libro muy difícil de abrirlo del todo. Si bien no lo tuvimos en cuenta literalmente, era un libro al que volvíamos cada vez que queríamos inspirarnos en un libro que nos pareciera lindo. Un libro objeto bello. Nos terminó dando esa solución técnica que ayuda un montón a que uno pueda ver las fotos y expandir las páginas sin andar teniendo cuidado de que se pueda romper el libro.

P.: ¿Cuántos libros imprimiste en esta primera tirada?

M.A.: Fueron 200, pero la imprenta tenía un sobrante de 30, así que terminó siendo de 230. Ahora estoy viendo de reeditarlo, pero todo dependerá de lo obvio: el dinero, de la plata que me entre por la venta de los libros. Voy pidiendo presupuesto una vez por mes a la imprenta para ir teniendo en cuenta los precios y al precio que lo tendría que vender. Tengo ganas de hacer una reedición, pero no está en mis manos en este momento.

P.: ¿Qué repercusiones está teniendo la obra?

M.A.: Yo esperaba que fuera un proceso un poco más lento. Le tenía fe al libro, obviamente, pero tenía un poco de desconfianza para con el público, en el sentido de que, al no ser un libro con un costado académico, porque no tiene información sobre la vida de Salamone ni ensayos -la tapa tampoco es estrictamente salamónica-, pensaba que esos factores podían hacer que todo fuera un poco más lento. Como que en algún momento iba a explotar, pero que iba a llevar tiempo. La verdad, me sorprendió la repercusión que tuvo desde un principio. Desde la preventa. Los seguidores se engancharon un montón. Pensé que, al ser un libro grande, el tema del precio iba a ser un condicionante, pero no lo fue; o no lo fue tanto al menos. Es super gratificante. Pensaba que un libro a esta altura es un objeto medio obsoleto, pero la verdad que no. Tener un libro sigue siendo algo super valioso. Te abre otras puertas. Eso me pasó en la Biblioteca Nacional.

P.: ¿Cómo se gestó la posibilidad de presentarlo ahí?

M.A.: La anécdota es que fui a donarle un ejemplar a la Biblioteca. Primero que ni pensaba que pudieran estar interesados, pero me dijeron que sí, que fuera, que les parecía valioso. Cuando fui, la persona que me atendió me dijo que tenía que presentarlo en la Biblioteca. En el momento me hizo el contacto, me dijo que le escribiera un mail al director de Cultura y acá estamos. Tiene mucho de esta cosa autogestiva, como de banda indie, de ir vendiendo los disquitos. Las sorpresas más grandes vinieron de este lado. La cuestión personal, de lo presencial. De ir a los lugares, de los seguidores. En Villa María, un seguidor que tiene una librería me hizo el contacto para que fuera a presentarlo allá. Se genera esta cosa de culto que tiene Salamone. El empleado de la biblioteca sabía quién era Salamone, le interesaba. Te genera eso de quererlo hacer una causa personal.

P.: Una complicidad.

M.A.: De hecho nos quedamos charlando como quince minutos con el muchacho. Me preguntaba cómo hacía los recorridos. Pensaba que me bancaba el Conicet. Fue muy graciosa la charla. Terminó en esto: en una presentación que ahora me doy cuenta de lo que significa para la gente también el hecho de presentar el libro en la Biblioteca Nacional. Eso hace que la gente se entusiasme más. Me empezaron a contactar de muchos medios. Le hace bien al libro, siento que se valora mi trabajo y obviamente también la obra de Salamone.

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P.: En las últimas semanas estuviste viajando con el libro, ¿Dónde lo pudiste presentar ya?

M.A.: Estuve en Rauch, en el Festival Internacional de Cortos de la Cuenca del Salado. Eso fue muy lindo, es uno de mis festivales favoritos. El año pasado ya había estado ahí presentando un ciclo de ficciones con cortos filmados en locaciones donde hay obras de Salamone. Había quedado el contacto y este año el director del festival me invitó a presentar el libro. A los días, me invitaron a Villa María dentro del marco de un festival cultural con música, presentaciones de libros, muestras de ilustradores. Fue hermoso, era un evento super importante. Mi presentación fue en un auditorio que tenía para proyectar imágenes, butacas. Fue un lujo. Para el año que viene ya quedé de palabra con algunos municipios. Culturalmente, este año ya se termina, porque está el mundial en el medio. Mi idea de acá a fin de año es presentarlo en un par de lugares de Buenos Aires, que es más fácil de organizar, y alguna otra ciudad que surja: La Plata, Mar del Plata, Rosario. Por ese lado. Voy fecha tras fecha porque si no me mareo un poco.

P.: ¿Qué te interesa generar en las personas que reciben tu libro?

M.A.: Qué buena pregunta... Es muy heterogéneo el público que lo compra. Tengo feedbacks muy diferentes. Eso está buenísimo. Hay desde gente grande, que ya recorrió la obra y le gusta tener el libro para repasar, hasta otra que lo acaba de descubrir. Me pasó con un galerista de arte, que la noche anterior a salir a hacer la ruta salamónica se enteró del libro. También hay gente que lo compra y nunca fue a visitar ninguna obra, pero necesita ese impulso y el libro le parece la mejor excusa. Hay gente de otras provincias que no tienen obras de Salamone pero les interesa un montón. Te lo compran y te dicen 'bueno, el día que andes por acá, venite'. Se arma esa cuestión de la complicidad. Tener a Salamone en común genera esas cosas. En cuanto a las expectativas, ya no sé. Una expectativa que tenía antes de tener el libro sería poder presentarlo en la mayor cantidad de lugares posibles. Eso sí era algo que tenía presente al momento de pensar en hacer el libro. Pensar qué bueno sería poder ir a los pueblos salamónicos. Más allá de presentar el libro, poder armar alguna actividad con la gente de la comunidad. Que se pueda hacer algo más interactivo, que no sea solamente estar ahí mostrando el libro y hablando de mí. Encontrar la manera de hacer actividades interactivas con la comunidad. El libro ya tiene como vida propia, que es a lo que uno aspira.

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P.: ¿Te sorprende todo lo que está pasando?

M.A.: Me va sorprendiendo la repercusión. Son cosas que no me imaginaba. Las notas, aparecer en la radio, que el libro genere cosas por sí solo. Ahora también coincide esto de que desde Nación están restaurando varias obras. Eso también es un disparador que acompaña al libro y a que la gente se interese por Salamone. Este termina siendo un año bastante salamónico y, bueno, toda la espera y todos los años que me llevó hacerlo no estuvieron de más. Todo vino en su debido momento.

P.: Una gran coincidencia la salida del libro con la restauración de muchas de las obras de Salamone.

M.A.: La verdad que sí. Te soy honesto: yo esperaba que fuera un anuncio de tantos que hubo y que no pasara nada. Me pasó de ir a localidades y ver que es posta, que estaban laburando. Ahí dije 'posta, ahora es en serio'. Casi todas las semanas hay alguna nota en los diarios importantes al respecto de esas obras. La verdad que sí.

P.: Ya acuden a vos como un experto.

M.A.: Es gracioso, pero pasa. A mí todavía me da un poco de cosa. En Villa María, Córdoba, que todavía hay mucho por descubrir, sí me pasó de sentir que había todo un entusiasmo por saber más de Salamone, más allá de que están super informados. El público en general, las preguntas que hacía y por su feedback, se notaba que estaban super interesados. Creo que allá les está pasando lo que quizás pasó acá hace 10 o 15 años, de empezar a que les pique el bichito de Salamone e interesarse.

*Martín Aurand presentará "Vistas de la pampa salamónica" en la Biblioteca Nacional este lunes 7 de noviembre a las 19 horas.

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