13 de febrero 2026 - 17:56

Verano y menstruación: cómo cuidar el cuerpo y disfrutar sin tabúes

Muchas mujeres evitan actividades acuáticas y ejercicio durante la menstruación por mitos sin sustento. Menstruar es signo de salud, no un obstáculo médico.

Distintos relevamientos muestran que una gran mayoría de mujeres evita actividades acuáticas y modifica su rutina habitual durante la menstruación, especialmente en verano.

Distintos relevamientos muestran que una gran mayoría de mujeres evita actividades acuáticas y modifica su rutina habitual durante la menstruación, especialmente en verano.

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El verano suele asociarse con movimiento, disfrute y cuerpo en acción: caminatas largas, deportes al aire libre, días de playa, pileta, viajes y planes espontáneos. Sin embargo, para muchas mujeres, cuando aparece la menstruación, esa libertad se ve limitada. No por una razón médica real, sino por miedos, mandatos y mitos que siguen condicionando la experiencia del ciclo menstrual, incluso en pleno siglo XXI.

Desde el punto de vista ginecológico, menstruar es un signo de salud. Un ciclo menstrual regular suele reflejar un adecuado funcionamiento del sistema reproductivo y del eje hormonal que regula la ovulación y los niveles de estrógenos y progesterona. Lejos de ser un obstáculo, la menstruación forma parte de un proceso fisiológico normal. Aun así, durante el verano muchas mujeres sienten que su cuerpo “no acompaña” y adaptan (o directamente cancelan) actividades que disfrutan.

En el consultorio esto se repite con frecuencia: pacientes que evitan meterse al agua, que dejan de hacer ejercicio, que modifican planes o se aíslan durante esos días. No siempre por dolor o malestar físico, sino por vergüenza, miedo a mancharse o desconocimiento sobre qué métodos pueden usar. No es casual: distintos relevamientos muestran que una gran mayoría de mujeres evita actividades acuáticas y modifica su rutina habitual durante la menstruación, especialmente en verano.

Buena parte de estas decisiones no están vinculadas a la salud, sino a la desinformación. Persisten mitos profundamente arraigados: que la menstruación es algo “sucio”, que el dolor intenso es normal y hay que soportarlo, que no se puede hacer actividad física o que ciertos productos no son adecuados según la edad. Desde la ginecología es importante aclararlo: estas creencias no tienen sustento científico y no forman parte de las recomendaciones ginecológicas actuales.

En relación con el dolor, por ejemplo, es normal que puedan presentarse molestias leves o moderadas durante el período. Sin embargo, cuando el dolor es intenso, incapacitante o interfiere con la vida cotidiana (también en contextos como las vacaciones o los viajes), no debe naturalizarse y siempre se debe consultar a un médico. Puede ser un signo de condiciones que requieren evaluación, como la endometriosis, la adenomiosis o alteraciones hormonales. Normalizar el sufrimiento no es cuidado de la salud.

Algo similar ocurre con la actividad física. A lo largo de todo el año, y especialmente en verano, muchas mujeres dejan de moverse por completo cuando menstrúan, pensando que el ejercicio puede empeorar los síntomas. En realidad, en muchos casos sucede lo contrario. La actividad física favorece la liberación de endorfinas, que actúan como analgésicos naturales, y puede ayudar a reducir la acción de las prostaglandinas, sustancias involucradas en el dolor menstrual. Mantenerse activa suele mejorar el bienestar físico y emocional, incluso durante el período.

El vínculo entre menstruación y agua merece un apartado especial. Playa, mar y pileta son escenarios centrales del verano, pero también espacios donde aparecen más miedos. Desde lo médico, es importante aclarar que el sangrado menstrual no representa un riesgo para la salud propia ni para otras personas. El contacto con el agua no “corta” la menstruación, aunque la presión puede disminuir transitoriamente el sangrado visible. No existe evidencia de que nadar durante el período aumente el riesgo de infecciones si se utilizan métodos adecuados y se mantienen pautas básicas de higiene, como cambiar el producto luego de salir del agua, cambiarse la ropa mojada y mantener una correcta limpieza íntima.

A pesar de esto, distintos estudios muestran que muchas mujeres evitan usar métodos internos que podrían facilitar estas actividades. En la práctica ginecológica sabemos que los tampones, entre otros métodos, pueden utilizarse de forma segura en distintas edades, siempre que se respeten las indicaciones de uso y los tiempos de recambio. El síndrome de shock tóxico es extremadamente infrecuente y está asociado al uso prolongado sin recambio, no al método en sí. Elegir el método adecuado, probarlo con anticipación y recibir asesoramiento profesional puede marcar una diferencia enorme en la experiencia del verano.

Cuando la menstruación se vive desde el silencio, la vergüenza o el desconocimiento, el cuerpo aparece como un límite. En cambio, cuando hay información clara y confiable, se amplían las posibilidades. Conocer cómo funciona el ciclo, entender qué es esperable y qué no, y saber qué opciones existen permite tomar decisiones más libres, sin miedo ni culpa, y sostener una relación más amigable con el propio cuerpo.

Hablar de menstruación, especialmente en verano, también es una forma de cuidado y de prevención en salud. Porque disfrutar del movimiento, del agua y del descanso no debería estar condicionado por un proceso fisiológico natural que, lejos de limitar, es una expresión de bienestar y salud.

Ginecóloga

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