28 de febrero 2023 - 00:00

Lila Sucari: explorar las fronteras de la identidad

Diálogo con la autora de “Casi perra”, una novela cuya protagonista abandona, en busca de otros horizontes, todo lo que le había sido impuesto.

sucari. La novela sobre la ruptura de una pareja
sucari. La novela sobre la ruptura de una pareja

Una mujer elige dejar atrás la ciudad, el amor, y abrirse al descontrol del cuerpo y el deseo hasta perder de los límites. Leila Sucari explora en “Casi perra” (Tusquets) las fronteras de la identidad a partir de una crisis personal. Sucari ha publicado las novelas “Adentro tampoco hay luz”, “Fugaz”, “Te hablaría del viento”. Dialogamos con ella.

Periodista: La narradora de “Casi perra” por momentos parece salida de un retrato de Picasso o Bacon.

Leila Sucari: No se me había ocurrido. Creo que hay algo pictórico en el relato, un trabajo en las imágenes, en el lenguaje condensado, en la textura de lo que la narradora cuenta. Acaso en eso hay algo de mi formación en las artes visuales, que está bastante presente en este libro y en general en lo que escribo. Pero en esta novela creo que está aún más todavía en relación con los trazos, las texturas, las imágenes, colores y contrastes. Incluso en el modo de escribir, de pensar el lenguaje como una materia, como una escultura donde del bloque inicial voy sacando trozos, descubriendo otra forma de abordar la historia de la protagonista que es quien cuenta lo que le sucedió y lo que le está sucediendo.

P.: ¿La narradora se va al campo porque tiene mucho que enterrar?

L.S.: Es a la vez un deseo de búsqueda, de punto de fuga, de salir de una ciudad y una relación que la tiene atrapada, sofocada. Se aleja de su mundo conocido, de una relación amorosa de años, de la maternidad que no fue, de un cuerpo que envejece. Escapa buscando un horizonte más abierto.

P.: Va a enterrar las cenizas de su padre y se aleja de su madre. ¿Busca entrar en un desmadre?

L.S.: Vive una pérdida del control, de los límites, de las fronteras. Su identidad se comienza a desgranar. Cuando se instala en un camping toma una actitud escandalosa, provocativa. Se va deshaciendo de todo lo que construyó.

P.: ¿De dónde partió para que la narradora se fuera transformando en casi perra?

L.S.: Aun cuando parece ir mutando, entrando en un mundo salvaje, siempre guarda cierta cuota de humanidad. No termina transformándose totalmente, siempre vive la tensión entre lo humano y lo animal, pareciera medir hasta donde se entrega. “Casi perra” empezó de otra manera, desde la voz del hombre, desde el dejado. Hasta que me di cuenta que me interesaba más la voz de ella. Fue un proceso muy largo con muchas idas y vueltas. Deje la novela varias veces. Cambié de punto de vista. Descubrí que no me interesa él, el abandonado, que estaba en una especie de quietud, de duelo concentrado, sino lo que le estaba pasando a ella, a la que se iba. A partir de ahí fue mucha investigación: la forma de la voz, la manera de decir. Todo el tiempo tensando, extremando el personaje de ella, viendo hasta qué límites podía llevarla. Siento que fue un trabajo de ir corriendo los límites.

P.: Ella deja a su pareja, un psiquiatra que le recetaba su medicación, al que ella sedujo.

L.S.: Lo que me interesaba era el momento de la pérdida, del desamor, y el lanzarse hacia otra cosa. Tanto la pérdida como el encuentro con otro implican siempre una transformación, que en este caso es extrema. Nunca escribo pensando de antemano cuál va a ser la trama, lo que va a pasar, me va llevando el relato, el lenguaje, el ritmo. En un momento pensaba que estaba escribiendo sobre el amor, y en otro me di cuenta que era sobre la locura. Fui entendiendo de qué se trataba mientras avanzaba, y ni siquiera. Cuando terminé la primera versión de la novela empecé a encontrarle los sentidos. Mí proceso fue acompañar a la narradora en ese viaje de transformación. Creo que influyó en la tensión del relato escribir durante la pandemia, en el encierro, en pensar el cuerpo, en repensar la relación con los otros, con el medio urbano y con la naturaleza.

P.: Una etapa en que se amplió el empoderamiento de las mujeres.

L.S.: No es que pensara que iba a escribir una novela feminista, pero hay algo en el reivindicar el deseo de la mujer que está presente en su deseo de desmarcarse del deseo de la pareja, del matrimonio, de patriarcado, de la sexualidad. Cuestiones que en ella empiezan a volverse preguntas, que la llevan a variar experiencias, a perder terreno firme y también poder. Me interesaba dinamitar los lugares comunes y las certezas. Es una novela que se hace preguntas y que profundiza en la pregunta sobre qué es ser una persona, qué es amar a alguien, que es dejar el mundo de una ciudad y de comodidad y empezar a habitar de otra manera el propio cuerpo, establecer una nueva relación con la naturaleza, buscar tener los sentidos abiertos, y el peligro que eso implica porque se está todo el tiempo al borde de un abismo. Se está a punto de perder el yo en esta búsqueda.

P.: ¿Con qué autores relaciona su voz de la narradora?

L.S.: Cuando escribía “Casi perra” leía “Las metamorfosis” de Ovidio, que está presente en el relato, hay muchas riquezas corriéndose del hoy, volviendo a los clásicos, y mucha poesía, Marosa de Giorgio, Idea Vilariño, Cristina Peri Rossi, Silvina Ocampo. En el trabajo con los silencios, con lo no dicho, que es fundamental en la escritura. recordé como lo hace Marguerite Duras. Eso me llevó a podar el texto y dejar solo lo que era la sustancia. Busque descartar la narrativa convencional, dejar abierto el texto para que el lector o la lectora haga su propio trabajo. En el campo teórico “Elogio del riesgo” de Anne Dufourmantelle en los últimos años se convirtió en mi biblia.

P.: ¿Ahora en qué está?

L.S.: Corrigiendo un libro nuevo que se despliega en la voz de una adolescente Lo estuve escribiendo durante el año pasado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar