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Lo que se dice en las mesas

- La liturgia financiera celebra el aniversario de la última recalibración. - ¿Quién ve una pronta reactivación? - El impuesto se suma al combo contra los bonos. - Mario avisa: el mundo se frena.

Un cierre a toda orquesta de reservó el Gobierno para la última sesión del año: reglamentó el impuesto a la renta financiera y lanzó el cronograma de algunos tarifazos para el 2019. No podía ser de otra manera, en el primer aniversario de la ya célebre “conferencia del 28-D” cuando se decidió recalibrar las metas (en esa época la tasa del BCRA estaba en el 28,75%, el dólar en $18,43 y la inflación en 25%). Huelgan los comentarios. En las mesas, desazón, incredulidad, agotamiento, marcaron el ánimo de analistas y operadores. Con gran parte de las cuentas cerradas, con un importante éxodo de inversores y operadores hacia sus destinos veraniegos, los pocos “walking dead” aún en la City ayer recibían llamados de sus clientes por el impuesto y para terminar de migrar posiciones antes del cierre de año. En ese sentido, hubo un importante flujo hacia activos externos, en particular, brasileños dada la ventaja impositiva brindaba por un convenio bilateral, que dicho sea de paso, ya se descuenta que se renegocie a partir de mediados de enero con el nuevo gobierno de Bolsonaro. Pero lo cierto es que no será un fin de año como el de las últimas temporadas. El clima en las compañías y bancos no es de lo mejor, sobre todo, en las empresas productivas y de servicios no financieros. Hasta el momento solo la tradicional fiesta de Ratazzi estaría agendada en Punta del Este. El resto, algunos ya clásicos, habrían entendido que no había nada para celebrar ni era momento. “¿Quién va a exponerse haciendo una fiesta con semejante recesión?”, desafió un alto ejecutivo de la UIA. En ese sentido será un fin de año austero en el este. Quizás puertas adentro, haya descontrol, pero para las cámaras no.

Mientras tanto en las mesas de operaciones de las empresas, los “malabaristas” intentan evitar quiebres en la cadena de pagos. Los que pueden ayudan a sus pymes proveedoras o clientes. Los que no, no pueden evitar ahogar, aún más, las finanzas de su cluster. A diferencia de lo que pregonan algunos funcionarios, muy pocos, o casi nadie, vislumbra una pronta recuperación del nivel de actividad. “¿A quién se le ocurre pregonar que bajarán las tasas y la reactivación está a la vuelta de la esquina? Hay mucho humo con el efecto cosecha”, eran los diálogos que se escuchaban en medio de las salutaciones del fin de año en las mesas. Por eso, “Hay que estar preparado” -como titula el IIF en su último informe del año-.

Un legendario economista y gestor decía ante el comité de inversiones de la firma que el impacto del impuesto a la renta formaba parte del combo pero era el que menos molestaba hoy (a los que más parece pegarle son a los que están bajo la par). El riesgo político sigue siendo determinante en el devenir de los bonos. Se hablan de escenarios de riesgo país de 1.000 puntos (hoy en 829). Y quizás el factor más importante es que los fondos emergentes están “overweight”, o sea, sobreposicionados en Argentina. Y como no hay compradores, con poco volumen de venta siguen pegándole fuerte a los precios. Hoy no se ven informes que recomienden comprar bonos argentinos.

En un banco extranjero analizaban ayer la alerta del BCE: “el crecimiento mundial perderá impulso a lo largo del 2019 como consecuencia de la maduración del ciclo económico y la retirada de apoyos por parte de los bancos centrales, así como por el impacto negativo de las tensiones comerciales”. Fue más allá: “de cara al futuro, se espera que la actividad económica mundial experimente una desaceleración en 2019 y se mantenga estable posteriormente”. El pronóstico del crecimiento mundial: 3,8% este año, 3,5% en 2019, y durante el período 2020-2021 se mantendrá estable. Otros riesgos a la baja para el crecimiento están relacionados con que un endurecimiento más rápido de lo esperado de las condiciones financieras a escala global genere mayores tensiones en las economías emergentes, con la incertidumbre sobre el proceso de reformas en China, y con las incertidumbres políticas y geopolíticas, incluidos los riesgos asociados al brexit. Si EE.UU. y China se reúnen en enero será todo un dato para el mercado.

¡Felíz Año Nuevo! Y ¡Ánimo!, ya vendrán los problemas, como dice el “profe” De Pablo.

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