Hubo un tiempo en que la gente veía cohetes, satélites artificiales, ovnis y hasta marcianos al borde de la ruta, en cualquier lugar del campo argentino. “Salimo pa’juera y el cabo Alderete / me dijo ‘Sargento, ‘tamo frente a un cueeete’”, cantaba Juan Carlos Mareco, alentando una inmediata integración cultural: “Y si el tripulante un marciano es, / ¡que aprenda enseguida a bailar chamamé!” Tiempos en que Billy Cafaro, confiado en los hombres de ciencia, soñaba encontrar un amor interestelar en el antológico “Marcianita”. Y lo soñaba para el año ’70, tanta era la confianza y la credulidad de la época.
Los ovnis no solo caen en los Estados Unidos
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Aún ahora, hay quienes mantienen la expectativa de un encuentro local del Tercer Tipo. Como los conductores de un programa radial de cuarta que en “La luz mala” salen en busca de un ovni caído y se cruzan con toda clase de personajes raros, pero muy terrestres, hasta llegar a los miembros de la Asociación de Justicia Planetaria del Pasaje La Estrella, un dúo que se non é vero é ben trovato.
Según parece, alguna vez uno de los hijos del director correntino Carlos Kbal sostuvo en un almuerzo “Pero papá, si algo nos enseñó el cine es que los ovnis solo caen en EE.UU.”. Entonces el padre decidió hacer esta película, donde un plato se hace bolsa en Caa Catí. ¿Por qué no? Y ahí van los antedichos conductores, junto a una periodista un poco más lúcida que ellos. Todo es un enredo, y en el camino se pierde el hilo argumental, pero no importa. Se nota que técnicos, artistas y comedidos la pasaron bien, que la producción com pleta es made in Corrientes, Chaco y Misiones, que el humor es bien regional, y que ningún marciano fue maltratado durante el rodaje.
P. S.
“La luz mala” (Argentina, 2022). Dir.: C. Kbal; Int.: J. Román, H. Fernández, G. Motta.




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