24 de enero 2023 - 00:00

Luz Vítolo: escribir como si se recorriera el cuerpo

Diálogo con la autora de "La lógica del daño" sobre su nuevo libro, "Fruta de verano", un volumen de relatos premiado por la Fundación El Libro.

Luz Vítolo. “Parto siempre de una imagen para mis cuentos. La trama, lo que viene después, tengo que buscarla.”
Luz Vítolo. “Parto siempre de una imagen para mis cuentos. La trama, lo que viene después, tengo que buscarla.”

Siete cuentos de una notable y creciente intensidad, donde el cuerpo humano es la clave dramática de la existencia, reúne la narradora Luz Vítolo en “Fruta de verano” (Tusquets). Vítolo, docente, guionista, ilustradora y astróloga, es autora de “La lógica del daño”, y con este, su nuevo libro, obtuvo el segundo puesto en el Premio Literario Fundación El Libro. Dialogamos con ella.

Periodista: Los cuentos de “Fruta de verano” comienzan con uno de una muerte accidental para llegar en el último a un exterminio global.

Luz Vítolo: Es como si se tratara del recorrido del cuerpo, sobre todo en “Sol que es estrella”, el último cuento. Al final ya no queda nada, el cuerpo explota, nada puede contenerse. Es el apocalipsis, la distopía. Cuento a cuento voy cambiando el registro. Y tenía sentido terminar así. ¿Qué hay al final? Aún en los universos de la ciencia ficción el cuerpo está, lo necesitamos para pensar y hacer. Pero ahí, en el final, yo lo tenía que hacer explotar.

P.: Jeffrey Eugenides siente que sus cuentos son como una novela que se encogió.

L.V.: Mi proceso es al revés, cada vez los cuentos se me van quedando más largos. Pero no voy aún hacia la novela. La novela crea muchas expectativas en la gente, y en uno. No sé si es porque el mercado o la trayectoria te lo pide. Para mí, es el texto él que define el formato, lo que yo quiero decir y hacer, lo que a mí me gustaría publicar. Pero por lo pronto lo que escribo se extiende cada vez más.

P.: ¿Quiere que el lector trabaje?

L.V.: Creo que el arte lleva hasta un lugar y ahí suelta la mano, y que uno haga lo que pueda con eso que le ha dado. A mí me gusta pensar que puedo manipular al lector, después hay que ver si lo logro. Le pongo trampas, a veces quiero torturarlo. Por los temas que trabajo hay algo que, para que entre, tengo que trabajar con las defensas del lector, ir sorteándolas, y eso en algún punto es engañoso. Por ejemplo, eso se da claramente con los niños de “La hormiga argentina”, todo es un juego, todo es inocente, y no, no es un juego.

P.: ¿Por qué, si bien parece un recorrido, ningún cuento tiene que ver con el anterior?

L.V.: A la hora de ordenar los cuentos busco que haya un camino, después el lector, no es mi caso, agarra el libro por donde se le ocurre, elige su camino, su experiencia de lectura

P.: ¿De dónde parte para escribir sus cuentos?

L.V.: Salgo de imágenes. La trama, lo que viene después, tengo que buscarlo. “Fruta de verano”, que tiene que ver con mi biografía -que me llevó 15 años darlo por concluido- fue al revés. Tenía los personajes, el tema, pero: ¿dónde estaba la ficción? Y de ahí surge el ¿cómo puedo contar eso yendo por otro camino? ¿Qué hay detrás de esta imagen que me perturba? El cuento es la respuesta, es haber ordenado el rompecabezas para que aparezca la forma, darle un sentido.

P.: ¿”Fruta de verano” es una versión desafiante del MeToo?

L.V.: Sí, también. El MeToo está funcionando como background. A mí no me interesan los discursos totalizantes. Entiendo que los discursos armados sirven para la militancia social, para motivar el cambio. A veces hay cosas que necesitan que generalicemos, que nos pongamos bajo alguna bandera, bajo algún motivo. Hay algo del discurso que sirve para la vida social, pero no tanto para la vida personal. Además, por otra parte, nosotros somos opacos para nosotros mismos. Eso hace que nos enfrentemos a preguntas como ¿qué es ese deseo?, ¿es abuso?, ¿no es abuso? Y estamos ahí, en ese límite. Eso no solo se ve en “Fruta de verano” también está en el cuento “La hormiga argentina”. Eso ahí está en el borde de lo infantil. ¿Es un abuso cuando no sabés que eso es un abuso, cuando se está en ese mundo anómico, en ese fuera de la ley que es la infancia? Hasta dónde podés avanzar. ¿Podes ejercer tu maldad, tu angustia, lo que te está pasando, en otro cuerpo?

P.: ¿Qué temas la impulsan a escribir?

L.V.: Esta colección de relatos está muy centrada en el cuerpo. El cuerpo como límite último y como condición de posibilidad de la existencia. El misterio de tener un cuerpo es el misterio de la existencia. Un día abrimos los ojos y teníamos ese cuerpito deforme y existimos, y luego tenemos un desarrollo y eventualmente vamos a morir. ¿Por qué tengo un cuerpo? Eso nos plantea: por qué estoy vivo y qué significa vivir, qué significa la vida. Pero también se trata del cuerpo sometido a los elementos, a la violencia, al amor, al cariño, a las emociones, a las decisiones,a las cosas a los afectos. El cuerpo como medida de todo, del placer y del dolor. Además, entre otras cosas, ¿qué nos pasa con las representaciones del cuerpo? A eso le estaba dando vueltas.

P.: ¿Qué autores le gustan?

L.V.: Estoy leyendo a muchas escritoras argentinas. Creo que es un gran momento. Conozco mucho a Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Selva Almada. Me interesa la chilena Lina Meruane. Me gustó mucho “El nervio óptico” de María Gainza, me pareció algo distinto. En este momento estoy leyendo “Materiales para una pesadilla” de Juan Mattio.

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