Stallings. Iba a venir en los 60 pero el golpe de Onganía la frustró.
“Este será mi primer viaje a la Argentina, y es algo muy importante para mí”, dice a este diario la gran cantante de jazz Mary Stallings. “Ya iba a venir una vez, cuando estaba con Dizzy Gillespie y su orquesta. Era la década del ’60 y estábamos de gira por Sudamérica, y cuando ya actuábamos en San Pablo todo el mundo en el grupo y el mismo Dizzy solo hablaban de lo fabuloso que era tocar en Buenos Aires y narraban anécdotas divertidísimas. Entonces, cuando estábamos listos para viajar, todo se canceló: había explotado una especie de revolución y nos aconsejaron que no era buen momento para ir a Buenos Aires. Y todos, en particular el mismo Dizzy,lamentamos mucho no poder viajar, y por lo menos a mí nunca se me volvió a dar la oportunidad, hasta ahora”.
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Stallings nos cuenta esto desde su San Francisco natal y no está muy segura del episodio que le frustró la visita, pero a juzgar por las fechas ha de haber sido el golpe de Onganía contra el gobierno de Illia en 1966. En todo caso, aquella veinteañera que acompañaba a Gillespie y que además fue parte de la orquesta de Count Basie esta vez sí hará brillar su voz en un escenario argentino durante cuatro shows en el Bebop Club, dos mañana a las 20 y 22 45 junto a la Big Orchestra liderada por el trompetista Mariano Loiácono, y otros dos al día siguiente, en los mismos horarios, pero esta vez acompañada por un combo bautizado para la ocasión como el Mary Stallings Sextet que también esta integrado por Loiácono junto a otros cinco colegas argentinos.
Stallings, que empezó a cantar gospel con su familia compuesta por 11 hermanos desde muy chica, inició su carrera profesional a los 10 años y, salvo un intervalo en los ’70 para criar a su hija, la cantante de R&B Adriana Evans, nunca dejó de hacer giras y de grabar excelentes discos como solista. Explicó a este diario que tiene la más completa confianza en los músicos argentinos que la acompañarán en estas cuatro presentaciones. “Ya pensamos el repertorio, que estará compuesto básicamente por standards de jazz a mi estilo, que son conocidos en todo el mundo, y que como a mí me gusta suelen enfocarse en el amor, que es el gran tema. Como hago siempre en todos lados, repasaremos el repertorio en un ensayo y nos conoceremos con la banda. Es que algo que aprendí todos estos años es que los músicos de jazz hablan el mismo idioma musical, y una vez que empiezan a tocar estás en casa”.
Pero antes del jazz y el blues fue el gospel, y en nuestro diálogo la cantante recuerda su infancia con alegría: “El gospel era algo del mundo en el que nací, una parte esencial de mi niñez cantar en la iglesia con toda mi familia. La iglesia y la religión estaban conectados con la música, pero también desde muy chiquita prender la radio era escuchar y disfrutar del blues y del jazz. Cuando ayudábamos a limpiar la casa era divertidísimo oír la radio y correr de un lado al otro a puro jazz. Mi tío Orlando era saxofonista y dirigía una banda de jazz en nuestra ciudad, y pronto salté del gospel a la era del hard bop y todo lo que se escuchaba en esa época; era una revolución, pero más allá de que cantaba profesionalmente no tuve permiso para participar en conciertos con otros músicos hasta cumplir los 18 años, y siempre muy cuidada y recomendada, algo que me siguió a través de los años, al punto de que los músicos de distintas orquestas me solían llamar “the little sister” (la hermanita) porque además de ser muy joven casi siempre era la única chica entre tantos hombres, y entonces todos me protegían”.
En 1961 a los 22 años, Mary fue elegida por el vibrafonista Cal Tjader para grabar su primer disco “CAL TJADER plays, MARY STALLINGS sings” para el entonces modesto sello indie Fantasy Records, que en pocos años mas se haría grande al contratar a un grupo de rock nuevo, Credence Clearwater Revival. La portada de aquel álbum mostraba a una Stallings que contagiaba juventud y alegría, y su voz deslumbraba en profundas versiones de temas de Duke Ellington,. La sociedad con Tjader duró poco pero le permitió hacerse conocida entre músicos de nombre, y la hermanita pronto acompañaba a los hermanos Montgomery (Wes, Monk y Buddy) y llamaba la atención de una leyenda viviente como Dizzy Gillespie, con el que realizó varias giras. “De todos los grandes músicos para los que canté, el más pintoresco y divertido era Dizzy” cuenta. “Era todo un personaje y nunca sabias qué se le iba a ocurrir hacer, y todos la pasábamos muy bien en su orquesta. Pero lo importante era lo que aprendías a su lado, y lo mismo se aplica a Count Basie, ambos se preocupaban por vos y te ayudaban en la carrera”.
Algo interesante de hablar con Mary Stallings es que ha conocido el mundo del jazz cuando el ambiente era muy distinto tanto en lo técnico como en lo que atañe a ser mujer en un mundo de hombres. “Sé que las cosas han cambiado mucho y eso está bien, pero lo cierto es que yo tuve mucha suerte y fui bendecida con una carrera donde todo lo que pedía era respetado. Por ejemplo, grabé álbumes para cinco discográficas distintas con contratos que fui aprobando yo y siempre obtuve los músicos y las condiciones que necesitaba, o no grababa, y jamás se me negó nada. En cuanto a la tecnología, es evidente que ha cambiado mucho, y yo tengo que confesar que cuando empecé a grabar discos solistas en un principio me dedicaba solo a cantar y no me fijaba para nada en los detalles del estudio”. En este punto hay que hace notar que desde los años 90 Stallings viene grabando una docena de álbumes de un nivel excelente, como su “Dream” de 2010 (en el que participa su hija) y algunos bastante recientes como “Songs Were Made To Sing” de 2019. “Cuando empecé a grabar, el ingeniero de sonido me ubicaba sola dentro de una cabina para cantar sobre una pista, y con los años eso no ha cambiado en absoluto, salvo por supuesto cuando grabé en vivo ‘Live at the Village Vanguard’. Lo que sí extraño bastante son los formatos físicos, no tanto el casete pero el CD, que nos servía mucho a los músicos de jazz porque nos venía bien llevar dos o tres cajas llenas de nuestros CD al club donde tocábamos y se vendían como pan caliente después del show”.
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