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Hilferty dijo en conferencia de prensa que fuerzas especiales lanzaron el ataque del viernes contra un complejo utilizado por el Mulá Jalani para almacenar cientos de cohetes y explosivos, así como piezas de artillería.
"Realizamos una incursión nocturna en el complejo", dijo.
"Observamos que una ametralladora pesada disparaba desde un complejo donde pensábamos que no había combatientes. Disparamos contra el complejo desde al aire y cesó el fuego".
Hilferty describió a Jalani como un "terrorista oportunista" con vínculos con guerrilleros que pertenecían al régimen Talibán, a la red Al Qaeda y al renegado cabecilla Gulbuddin Hekmatyar.
Hilferty agregó que no habían hallado a Jalani, pero que nueve presuntos militantes habían muerto.
El portavoz manifestó que el reglamento de combate del ejército de Estados Unidos era estricto, lo que quedaría demostrado por el hecho de que no dispararon contra 10 personas que abandonaron el complejo porque no pudieron ser identificadas como combatientes.
PREOCUPACION CON REPRESALIAS
Pero el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores afgano, Omar Samad, dijo que las muertes mostraban la necesidad de reconsiderar cómo se estaban realizando las misiones.
"La primera noticia de esta semana fue suficientemente mala. La segunda es obviamente trágica. Muestra la necesidad de una mejor coordinación y que necesitamos revistar nuestro proceso de acopio de inteligencia", afirmó.
El portavoz de la ONU en Afganistán, Manoel de Almeida e Silva, expresó "pesar y preocupación" y pidió una investigación de cara al público.
"Además de contribuir a un sentimiento de temor e inseguridad, esta clase de incidentes permite ganar apoyo a quienes quieren estropear el proceso de paz", añadió.
Hilderty dijo el lunes que al ejército le preocupaba que el ataque del sábado pudiera provocar una ruptura con los afganos en el problemático sur del país, una inquietud compartida con las Naciones Unidas que ya ha suspendido sus labores humanitarias en la región debido a la violencia militantes.
La ONU dijo que se sentía "profundamente desalentada" por el incidente de Ghazni y pidió una investigación profunda del caso y que se dieran a conocer los resultados.
En ambos incidentes, el ejército no reveló el número de bajas civiles hasta que periodistas preguntaron.
En el pasado, el ejército ha sido criticado por no revelar de inmediato las bajas civiles.
El caso más notable ocurrió en julio del año pasado cuando un helicóptero disparó contra una fiesta nupcial en la provincia de Uruzgan.
El gobierno afgano dijo que 48 personas murieron y 117 resultaron heridas.
El ejército de Estados Unidos informó posteriormente que hubo 34 muertos y 50 heridos, en su mayoría mujeres y niños, pero agregó que el helicóptero fue atacado.
El mes pasado, seis civiles murieron durante un ataque aéreo en la provincia de Paktika.
Casi tres semanas antes, ocho personas murieron en otro ataque en Nuristán, según testigos y funcionarios.




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