Una bomba al costado del camino causó el viernes la muerte de un gobernador distrital y de dos de sus colaboradores en la provincia de Nangarhar, en el este de Afganistán, en el último ataque contra un funcionario de un Gobierno local, informó el Ministerio del Interior.
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La violencia se encuentra en su peor nivel desde que los talibanes fueron derrocados en el 2001 por las fuerzas lideradas por Estados Unidos. Los insurgentes luego lanzaron una campaña para derribar al Gobierno del presidente Hamid Karzai y expulsar a los miles de soldados extranjeros desplegados en el país.
La bomba explotó cuando un auto en el que viajaban el jefe del distrito de Dor Baba y otras cuatro personas atravesaba un área remota que limita con el convulsionado cinturón tribal de Pakistán, informó el ministerio en un comunicado.
Dos policías resultaron heridos en el ataque, agregó.
Previamente este mes, una bomba en una mezquita provocó la muerte del gobernador de la provincia de Kunduz y una decena de personas que se encontraban rezando, en el asesinato de más alto perfil en más de un año.
Las bombas al costado del camino o Dispositivos Explosivos Improvisados (IEDs por su sigla en inglés) son sin dudas el arma más letal utilizada por los insurgentes y causan la mayoría de las víctimas entre civiles, funcionarios y soldados extranjeros.
Pese a la presencia de casi 150.000 efectivos internacionales bajo el mando de la OTAN y más de 200.000 policías y soldados afganos, la seguridad se ha deteriorado en muchas partes de Afganistán, sobre todo en áreas del sur y el este donde los talibanes son más fuertes.
Más de 2.000 soldados extranjeros, en su mayoría estadounidenses, han muerto desde que la coalición liderada por el país norteamericano y las fuerzas afganas derrocaron a los talibanes, poco después de los ataques del 11 de septiembre del 2001.
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