16 de agosto 2021 - 00:00

Afganistán: el presidente prooccidental huyó y los talibanes entraron en Kabul

Los ultraislamistas aprovecharon la retirada estadounidense dispuesta por Biden. Prometen respetar a la población, pero ya comenzaron a tapar imágenes de mujeres en carteles de publicidad y se pasean armados. El país vuelve a punto cero tras la pérdida de vidas y la destrucción de la guerra que siguió a la invasión fundamentada en el 11-S.

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Kabul - Combatientes talibanes entraron ayer en varios distritos de la capital afgana, Kabul, y ocuparon el palacio presidencial, horas después de que el presidente apoyado por Estados Unidos y Occidente, Ashraf Ghani, huyera del país. Ante una inminente toma del poder por parte de los ultraislamistas, algo que la inteligencia norteamericana no esperaba que pasara por al menos tres meses, un vocero de esa milicia anunció que pronto declarará el nacimiento del Emirato Islámico de Afganistán.

Veinte años después de la invasión que puso fin a su reinado de terror por el apoyo que había brindado a Osama bin Laden, responsable a su vez de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, “unidades militares del Emirato Islámico de Afganistán entraron en la ciudad de Kabul para garantizar la seguridad”, tuiteó el portavoz de los insurgentes Zabihulá Mujahid.

Según datos de Amnistía Internacional, entre 2001 y 2014 murieron unos 150 mil civiles afganos y paquistaníes a causa de la guerra y 1,2 millones resultaron desplazados. Asimismo, perdieron la vida en el mismo lapso unos 40.000 talibanes y alrededor de 15.000 soldados del Ejército regular. También alrededor de 2.500 militares estadounidenses, lo mismo que unos 500 británicos y unos 140 canadienses.

Ante el derrumbe del experimento occidental de convertir a Afganistán en una democracia y del ejército armado y entrenado por EE.UU., el pánico se apoderaba de Kabul mientras helicópteros militares sobrevolaban el centro de la ciudad para evacuar apuradamente la embajada de Estados Unidos (ver nota aparte).

Otros países occidentales también empezaron a evacuar sus misiones diplomáticas o anunciaron planes para hacerlo.

Los talibanes iniciaron su avance militar luego de que el presidente estadounidense, Joe Biden, anunciara sus planes para retirar las fuerzas de su país para fines de este mes. En una semana, los rebeldes islamistas capturaron las capitales de 26 de las 34 provincias de Afganistán, cinco de ellas ayer.

Civiles temerosos de que los ultraislamistas reimpongan las duras reglas que caracterizaron su régimen, de 1996 a 2001, que dejó sin derechos a las mujeres y a toda minoría, hacían colas en cajeros electrónicos de Kabul para sacar todos sus ahorros.

Miles de empobrecidos afganos que habían abandonado sus localidades y se habían dirigido a Kabul porque la creían más segura ante la arrasadora ofensiva talibana permanecían acampados en plazas y otros lugares abiertos de la ciudad.

Las calles también se llenaron de vehículos cargados hasta el techo que intentaban salir de la ciudad o refugiarse en alguna zona considerada más segura. Un testigo citado por CNN describió escenas de caos en el aeropuerto de Kabul, con “grandes multitudes” tratando de entrar y circulando por las pistas de despegue en medio de disparos de armas de fuego.“El expresidente (Ghani) ha abandonado el país”, dijo el excanciller afgano Abdulá Abdulá, presidente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional, a cargo de las negociaciones con los talibanes. “Se fue de Afganistán en momentos difíciles. Que Dios lo haga responsable”, agregó. La emisora Al Jazeera dijo que Ghani se fue a Tashkent, Uzbekistán.

En un avance sorprendente sobre los talones de la retirada de las derrotadas fuerzas extranjeras de Afganistán tras 20 años de guerra, los talibanes tomaron casi todo el norte de Afganistán la semana pasada, pese a los miles de millones de dólares gastados por Estados Unidos y la OTAN para entrenar a las fuerzas afganas.

El vocero talibán Suhail Shaheen prometió desde Catar, donde tienen lugar negociaciones entre el Gobierno depuesto y los rebeldes, que, a diferencia de lo ocurrido en el pasado, no atacarían embajadas ni a diplomáticos ni trabajadores de oenegés extranjeras. También, que no tomarán represalias contra afganos y que permitirán a las mujeres estudiar y trabajar. Sin embargo, la islamización forzada ya comenzó y circularon en las redes sociales imágenes de talibanes pintando carteles publicitarios callejeros que mostraban rostros femeninos. Asimismo, los combatientes se paseaban armados entre la gente.

Shaheen añadió que el movimiento islamista quiere una “transferencia pacífica del poder en los próximos días”, pero rechazó cualquier tipo de negociación.

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